Medellín

Exlibris tiene un ‘no sé qué’ que enamora

La librería del barrio Carlos E. Restrepo fue la primera en Medellín en fusionar café y libros.

Exlibris

Daniela Zapata es la historiadora y librera que acompaña a los clientes al momento de escoger los libros que comprarán.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

13 de octubre 2017 , 09:30 a.m.

El olor a café fino sobresale de un local de luces amarillas y sillas coloridas en el mall comercial del barrio Carlos E. Restrepo, zona centroccidental de la ciudad.

Su nombre, Exlibris, una expresión latina de usanza desde el siglo XV, pertenece a la librería que se destaca entre la variada oferta gastronómica del sector.

Esta idea, atrevida y única, abrió sus puertas un 19 de marzo del 2013 de la mano de Patricia Melo González, una sicóloga de profesión y amante de las letras.

La propuesta de este espacio, reproducida en diferentes lugares de Medellín, es sencilla: fusionar el ritual de la bebida predilecta por personas de todo el mundo: el café, con las obras que plasman historias, investigaciones y conocimientos milenarios, los libros.

“Exlibris fue un deseo por juntar dos pasiones, los libros y la cocina”, detalló Patricia.

Ella, quien trabajó en una librería en ese mismo local, pero que por cuestiones del destino les tocó cerrar, recuerda con susto los primeros días cuando tuvo que pedir un crédito de casi 70 millones de pesos para poder cumplir su sueño.

“Empezar un negocio no era fácil. No tenía ni idea de cómo manejar un café o tener un restaurante”, recordó. Al primer cliente, un gringo quien llegó pidiendo un café espresso, no quisieron cobrarle. La falta de experiencia sobre el tema de barismo la llevó a buscar capacitaciones para ella y su personal.

Exlibris fue un deseo por juntar dos pasiones, los libros y la cocina

Por esos días, el local, al que actualmente no le sobra una mesa por ocupar, eran pocos quienes se acercaban a ‘lolear’, pues la apariencia limitaba al público al momento de entrar. “El sitio quedó muy bonito y daba la impresión de ser costoso”, comentó.

La librería que creyó en la osada mezcla de café y libros, por el riesgo que corren estos ante un eventual derramamiento de la bebida, se ha convertido en el espacio ideal para trabajar, estudiar o cumplir una cita. Su ambiente, con música suave, aroma a especias y pastelería dulce, atrae a turistas, vecinos, profesores y estudiantes.

“Hay que hacer sentir como en casa al cliente, que si se tomó un tinto en todo el día, no importa”, recalcó la propietaria quien ha logrado promover el hábito de la lectura en más de un visitante que llega por la oferta gastronómica, orgánica y saludable que se vende en el local.

Exlibris

Al principio solo se vendía café y productos de repostería. Hoy es una opción saludable a la hora del almuerzo.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

“Esto aquí es un poquito desordenado y lleno de ‘chécheres’, lo que hace que la gente se sienta más tranquila y se acerque a los libros”, aseveró.

En Exlibris sobresalen las novelas gráficas, los cómics y los libros ilustrados. Una apuesta de valor debido al poco material que existía en la ciudad hasta hace un par de años.

Sin embargo, hay gusto para todos: desde literatura infantil, libros de música, arquitectura, arte, novelas y ciencias sociales hacen parte del inventario al que no le cabe un libro más.

Para ella, las editoriales independientes son un tema clave e importante que se debe apoyar. El Peregrino, Luna Libros, Laguna, Tragaluz, Sílaba, Zorro Rojo, entre otros, tienen su espacio en las revolcadas estanterías que lo invitarán a leer mientras conversa o degusta un café: “A la gente se le fue enseñando el cuidado de los libros con la comida”, explicó.

Esto aquí es un poquito desordenado y lleno de ‘chécheres’, lo que hace que la gente se sienta más tranquila y se acerque a los libros

Una amenaza

Para Patricia y sus 12 trabajadores se vienen días difíciles.

La llegada de la editorial mexicana, Fondo de Cultura Económica a las instalaciones de la Biblioteca Pública Piloto, tiene preocupados a los pequeños libreros de la ciudad.

Según cuenta, el hecho de que un espacio público apruebe el negocio de una editorial extranjera y privada en Colombia, amenaza las ventas de sus libros. “Ellos podrán dejar sus textos a precios irrisorios. Una competencia difícil para nosotros”, argumentó.

Para el próximo año, ella espera abrir al público, el apartamento que le sirve de bodega.

En él se planean dictar talleres sobre la historia del cómic y un club de lectura, programas que en el reducido espacio de Exlibris no se podrían dar.


MARÍA CAMILA SALAZAR RUIZ
Para EL TIEMPO
camsal@eltiempo.com
MEDELLÍN

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