Medellín

La ropa local también deja huella en el medioambiente

La capital antioqueña suma en los daños al planeta por causa de los procesos productivos textiles.

Empresa textil Medellín

La producción de prendas de algodón está en un 20 por ciento por encima de la del poliéster, uno de los materiales más nocivos para el planeta.

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Esneyder Gutiérrez / Para EL TIEMPO

29 de junio 2018 , 09:53 a.m.

Solo en la ciudad existen 10.160 empresas relacionadas a la industria textil y confección, según información de 2017 de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia. En el departamento, este sector representa el 28 por ciento del empleo industrial total. El valle de Aburrá siempre ha sido considerado un eje textil histórico, por lo mismo los peligros ambientales son considerables.

Para cada kilogramo de tela que se produce son necesarios 20 litros de agua, 10 en el mejor de los casos. En los procesos de hiladuría, tejeduría y tintorería hay impactos considerables por los químicos que se desechan, las emisiones de las máquinas que se utilizan y los residuos sólidos que quedan de la cadena productiva. Pero además, en la confección de la ropa se producen toneladas de tela desaprovechada por los cortes.

Y el daño al planeta no termina ahí. Con el lavado de ciertas prendas también se contamina y con el desecho de las mismas, una vez termina su vida útil, igual. Esto sin considerar, por ejemplo, la cantidad de riego necesaria en un monocultivo de algodón.

Un reporte de Inexmoda, publicado este año, indica que el consumo de vestuario en Medellín, en un mes como marzo, ronda los 133.000 millones de pesos, superando a otras ciudades como Cali (67.000) o Bucaramanga (24.000).

Lina María Vanegas, ingeniera textil y docente de la Institución Universitaria Pascual Bravo, señaló que la rotación de productos en la industria de la moda en Medellín está entre dos y tres meses. La segunda industria más contaminante del planeta, según expertos, tiene especial relevancia en la capital antioqueña.

La industria textil tiene filosofías antiguas. Sigue habiendo procesos iguales a los que se realizaban hace muchos años

Una de las prendas más cuestionadas es el jean. Aunque su materia prima es el algodón, una fibra vegetal, un pantalón de denim pasa por muchos procesos químicos hasta que se logra el producto final. En la fase de tintorería se utilizan varios litros de agua, pues el colorante es insoluble y son necesarios químicos para que se disuelva.

Pero además, el permanganato de potasio, con el que se blanquea el color índigo de estas prendas para darle un acabado distinto, es quizás el compuesto químico más nocivo para el ambiente, así lo explicó María Camila Amaya, investigadora de Ingeniería Textil de la Universidad Pontificia Bolivariana.

“La industria textil tiene filosofías antiguas. Sigue habiendo procesos iguales a los que se realizaban hace muchos años. Cuesta entender que hay que modernizarse y adaptarse, aunque se ha avanzado mucho”, indicó la profesora del Pascual Bravo.

Y es que, según ella, todavía se tiene la visión a corto plazo de que cualquier fase que se agregue en la cadena productiva de la ropa, para intentar mitigar los daños ambientales o sociales, genera que la prenda final tenga un valor mucho más alto y por ende no pueda comercializarse.

La competencia más directa a la que se enfrenta el sector textil local es la industria china, que siempre confronta a las marcas nacionales con precios mucho más bajos y más llamativos para el consumidor.

La autoridad ambiental juega un rol decisivo en esa realidad, pues desde la industria medellinense sí reconocen que existen exigencias con lo que se desecha por los vertederos y los gases que la maquinaria emite a la atmósfera. Sin embargo, sobre aspectos como el uso de químicos o el uso del agua no existen límites claros.

Para Angélica Salazar, coordinadora de ‘Fashion Revolution Colombia’, movimiento creado en 2013 para generar consciencia sobre el costo ambiental y social de la moda en el mundo, el problema radica en la poca información que las empresas están dispuestas a mostrar sobre sus cadenas productivas. Y también la poca exigencia que existe sobre la transparencia que debería tener cada organización.

De un informe global que presentó este año Fashion Revolution, solo el 55 por ciento de las 150 empresas consultadas publicaron objetivos cuantificables con respecto al medio ambiente.
Para Salazar ese panorama podría replicarse, incluso con más fuerza, en una ciudad como Medellín. “En Colombia, en general, no se aplican las certificaciones necesarias, falta comprobar más allá de decir”, explicó.

Sin embargo, la responsabilidad no recae solo sobre la industria o la autoridad ambiental. “Estamos comprando ropa cada vez con más frecuencia, de menor calidad y a menor precio”, explicó Mariana Matija, autora del blog sobre sostenibilidad ‘Cualquier cosita es cariño’. Todas las variables crean mayor dependencia. El bajo costo incentiva a comprar con frecuencia, lo mismo que la mala calidad. Al final se crea un círculo vicioso.

“La tela más ambientalmente amigable es la que no se usa”, agregó Matija, quien resaltó la importancia de la toma de mejores decisiones a la hora de adquirir un producto, pues una pieza de algodón en un relleno sanitario se degrada mucho más temprano que una de poliéster. “El reciclaje es un concepto muy problemático, porque la mayor parte del impacto ambiental o social que haya tenido el producto que se recicla, ya pasó”, puntualizó.


Valentina Vogt
Para EL TIEMPO
valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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