Medellín

Impunidad, la reina en casos de abuso sexual

Las mujeres son las principales víctimas. El hogar es el lugar con más casos registrados. 

Abuso sexual de mujeres

Las movilizaciones de las mujeres para exigir sus derechos también son de gran importancia para prevenir la violencia.

Foto:

Jaime Moreno / Archivo EL TIEMPO

06 de octubre 2017 , 07:30 a.m.

“Cuando llegamos a ese lugar, me dijeron que me quitara toda la ropa. Me hicieron desnudar toda, y a él lo amarraron a un árbol y lo pusieron atrás, creyendo que iba a escuchar todo lo que iba a pasar conmigo. Y ya, totalmente desnuda, empezaron a violarme. Todos me violaron, me hicieron todo lo que quisieron (…) Duró como dos horas la situación”.

Este es uno de los relatos de algunas de las entrevistas realizadas por las investigadoras de la Corporación Vamos Mujer y la Corporación para la Vida Mujeres que Crean. Testimonios que usaron para construir el XV informe sobre la situación de violación de los derechos de las mujeres 2016.

En él dan cuenta de que las agresiones sexuales son una de las mayores problemáticas que afectan la integridad y la dignidad del género femenino. El informe recoge las cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y el Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (Sisc) de la Secretaría de Seguridad de Medellín.

Los datos son reveladores: de 1.537 casos de violencia sexual registrados en el 2016, 1.362 fueron contra mujeres, es decir, el 88,6 por ciento, frente a 11,3 por ciento correspondiente a hombres.

Según las cifras recopiladas por las investigadoras, entre el 2015 y el 2016, Antioquia se constituyó en el segundo lugar del país donde más exámenes por presunto abuso sexual realizó Medicina Legal, con un total de 2.710 y 2.163, respectivamente.

Entre tanto, se presentó el año pasado un aumento de este delito en cuatro de los cinco corregimientos, lo que puede estar asociado al incremento de las denuncias. San Cristóbal pasó de 20 a 26 casos, entre 2015 y 2016; San Antonio de Prado, de 15 a 20; Altavista, de 8 a 11; Santa Elena, de 2 a 6. Respecto a las comunas, Villa Hermosa tuvo el mayor índice, con 82 reportes.

La situación se agrava si se tiene en cuenta que las menores de edad son las más vulnerables. De los 1.362 hechos del año pasado, la mayor vulnerabilidad se registró en mujeres de los 6 a los 17 años, con 843 casos, es decir, el 54,8 por ciento. Asimismo, el 10 por ciento de los casos fue a víctimas con edades entre los 0 y los 5 años.

Me hicieron desnudar toda, y a él lo amarraron a un árbol y lo pusieron atrás, creyendo que iba a escuchar todo lo que iba a pasar conmigo

Esto va ligado a una dramática realidad que preocupa a ambas corporaciones: en la mayoría de los hechos se mantiene el desconocimiento por el presunto agresor.
En un 68,6 por ciento de los casos del 2016 (1.058 mujeres) no se da cuenta de manera directa sobre quién o quiénes recae la responsabilidad de los actos de violencia sexual.

De acuerdo con Verónica Martínez, una de las investigadoras, esto se debe a factores como el temor que sienten las mujeres al juicio social, la dependencia económica o emocional y el miedo a represalias por parte del presunto agresor.

Como resultado de sus indagaciones, la expertas concluyeron que la violencia sexual es un delito que la mayoría de las veces es cometido por integrantes del grupo familiar en primer, segundo y tercer grado de consanguinidad y afinidad.

Obstáculos para justicia

“No denuncié por desconocimiento y por temor, porque cuando fui violada, ellos me dijeron que si yo algún día hablaba y contaba lo que me había pasado, ellos me podían matar”. Así continúa el relato de una de las mujeres entrevistadas
.
Esta situación es común en muchas víctimas, indicó Claudia Marín, otra investigadora, quien añadió que el abuso sexual es el tipo de violencia con mayor impunidad, porque está trazada en muchas ocasiones por el vínculo afectivo entre el agresor y la víctima.

Patricia Luli, directora de la Corporación Vamos Mujer, dijo que hay emociones subjetivas que obstaculizan que las mujeres activen la ruta de atención ante una agresión sexual, lo que impide que denuncien y lleven del ámbito privado al público estas violencias.

Al respecto, las mujeres encuestadas para el informe demostraron que son además víctimas de factores que les impiden contar lo que les pasó: miedo, vergüenza y culpa.

Sin embargo, aclaró Martínez, también hay circunstancias objetivas que obstaculizan el acceso a la justicia. Muchas veces, los funcionarios no reciben estas denuncias en condiciones de dignidad y respeto a los derechos de las mujeres, lo que puede desembocar en la revictimización y la negligencia.

Factores que obstaculizan la atención

Para construir el informe, las investigadoras también entrevistaron a funcionarios de distintas dependencias. Entre las conclusiones sobre las barreras para el acceso a la atención, desde la institucionalidad, encontraron: diversidad de interpretaciones sobre la aplicación de la ruta, falta de recursos y de personal idóneo para la gran cantidad de casos que deben resolverse, poca divulgación de la ley que protege a las mujeres, lentitud en los trámites de denuncia: recolección de pruebas, medidas de protección y judicialización, lo que aumenta el riesgo de las víctimas. También se clasificó como obstáculo la inoperancia en las remisiones a centros de salud para la atención de casos graves.

Preocupa a ambas corporaciones que en algunas ocasiones se evidencia falta de compromiso por parte de los funcionarios ante las denuncias de las mujeres, lo que lleva a que se atrasen los procesos y no se dé atención oportuna. En este sentido, las investigadoras también hallaron que algunas veces se culpa a la víctima por lo sucedido y se muestra desconfianza respecto a su testimonio.

A esto se suma la estigmatización social sobre los comportamientos de las mujeres, que permite que en muchas ocasiones las agresiones se justifiquen, ya sea por la forma de vestir de la víctima o por el lugar y la hora en los que sucedieron las violaciones.

Para Silvia García, directora de la corporación Mujeres que Crean, aunque en Colombia existe una legislación abundante y muy importante para prevenir, erradicar y sancionar las violencias contra las mujeres, hay ideas y representaciones sociales y culturales que no lo permiten.

“Cambiar ese imaginario es muy importante, para que cada vez los hombres y las mujeres comprendan más que las violencias contra las mujeres son una vergüenza”, puntualizó.

HEIDI TAMAYO ORTIZ
Redactora de EL TIEMPO
@HeidiTamayo
MEDELLÍN

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