Medellín

El país replicará programa de Medellín para donar productos del campo

En la ciudad se capacitan 17 bancos de alimentos de Colombia para recuperar cosechas que se pierden.

bancos de alimentos

En los bancos de alimentos reciben las donaciones, las seleccionan, las empacan y las distribuyen a las personas beneficiadas.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

25 de febrero 2018 , 09:05 a.m.

Una zanahoria con dos patas, una papa con pequeñas cabezas o una naranja con la piel descolorida. Esas son algunas causas por las cuales los productos que salen del campo no logran venderse y aunque están en perfectas condiciones para el consumo humano, son rechazados por los consumidores porque no lucen perfectos en forma y color.

Estos alimentos hacen parte de las pérdidas que se presentan en el sector agropecuario, pero sobre las cuales no existe una cifra exacta en Antioquia, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La problemática de pérdidas y desperdicio de alimentos es contundente no solo en el departamento, sino en todo el país. Se agrava porque en la otra cara de la moneda están las personas que pasan hambre o que no tienen cómo costearse las tres comidas al día.

De acuerdo con el Departamento Nacional de Planeación (DNP), en Colombia se desperdician 9,7 millones de toneladas de víveres, de los cuales el 40 por ciento proviene de la agricultura. Con esa fruta y verdura, 39 millones de personas podrían consumir cada día, durante un año, la porción recomendada para tener una vida saludable.

En la solución a este problema contribuyen desde hace años los 17 bancos de alimentos del país, que en conjunto lograr recuperar 21.000 toneladas de productos para donarlos a las comunidades de menos recursos económicos.

banco de alimentos

El papel de los bancos, ya sea con productos de la ciudad o el campo, va desde la recepción de donaciones, la selección, el empacado y la distribución a las comunidades beneficiadas.

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Esneyder Gutiérrez

En el ámbito local, funcionan la fundación Saciar y el banco arquidiocesano, dos entidades que abren sus puertas a diario para la entrada de alimentos, producto de las donaciones de diferentes personas y empresas, y para la salida de los mismos hacia los barrios más necesitados.

Fue en 2011, cuando Saciar empezó a desarrollar el Programa de Recuperación de Excedentes Agrícolas (Reagro), con el fin de vincular a los campesinos en la donación de aquellos productos que muchas veces no pueden vender o les pagan tan mal que ni siquiera salen del campo.

Hoy, la gran apuesta es replicar la idea en todo el país. Por ello, desde el pasado 9 de febrero, se lanzó en Medellín la ‘Escuela Reagro’, una iniciativa que busca capacitar a los bancos de alimentos de Colombia para que aprendan a establecer alianzas con los campesinos, con el fin de avanzar en la recuperación de alimentos.

Armando Upegui, director de Saciar, explicó que Reagro es la respuesta a la necesidad de aumentar la variedad de productos para las familias beneficiadas.

Las donaciones de la zona urbana empezaron a disminuir, mientras que empezaron a crecer productos de Reagro, hoy es más del 50 por ciento de lo que llega al banco

Una de las estrategias es retribuir la solidaridad del campesino con otros productos como abarrotes, panadería e, incluso, implementos de aseo y juguetes. “Las donaciones de la zona urbana empezaron a disminuir, y empezaron a crecer productos de Reagro, hoy es más del 50 por ciento de lo que llega al banco”, explicó.
Luisa Fernanda Arias Sánchez, coordinadora logística del banco arquidiocesano, contó que el próximo fin de semana se realizará uno de los encuentros de formación. Los representantes de todos los bancos se dividirán en grupos para ir a los territorios y conocer la experiencia.

Asimismo, añadió, una de las actividades está enfocada en aprender a dialogar con los cosechadores para sensibilizarlos sobre la importancia de donar frutas y verduras que no logran comercializar.

“Convencerlos no es una dificultad porque es concientizarlos y decirles que hay mucha gente que no tiene tres comidas al día, ellos han vivido eso en algún momento, la dificultad es la parte económica, patrocinadores que nos entreguen recursos económicos para la obra, para el transporte y el traslado de los alimentos”, dijo la coordinadora.

El papel de los bancos, ya sea con productos de la ciudad o el campo, va desde la recepción de donaciones, la selección, el empacado y la distribución a las comunidades beneficiadas.

El banco Saciar recuperó, en 2017, 3.220 toneladas de alimentos. En promedio, atiende a unas 62.000 personas en general, de las cuales 40.000 reciben productos de Reagro.
Por su lado, el banco arquidiocesano entrega alrededor de 40.083 raciones al mes y recibe en promedio 104 toneladas de alimentos mensualmente.

Otras pequeñas iniciativas para recuperar alimentos

De acuerdo con Juan Fernando Zuluaga, coordinador en Antioquia de la FAO, existe una diferencia entre la pérdida y el desperdicio de alimentos, en ambas hay incidencias altas que influyen en la problemática. Las pérdidas se dan en la producción por los alimentos que no se alcanzan a comercializar, ya sea por defectos en forma y color o porque no son pagados justamente a los campesinos.

Entre tanto, el desperdicio se da en otros eslabones de la cadena, incluido el consumidor cuando bota alimentos o cuando en un proceso de transformación solo se usa el 50 o 60 por ciento de los mismos. En este punto, también se incluyen elementos como cáscaras y semillas que no se emplean para otros procesos.

En este sentido, añadió Zuluaga, los bancos de alimentos no solo recuperan, sino que también enlazan ciertos esquemas que parecen aislados, es decir, generan otros esquemas de transacción por fuera del netamente monetario, como la retribución que hacen a los cosechadores que donan.

banco de alimentos huertas

Una de las apuestas de la mesa ambiental de Guayabal es contribuir con la seguridad alimentaria y el cuidado del medioambiente

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Sin embargo, en la ciudad hay otras formas de garantizar la seguridad alimentaria, como huertas urbanas. Varias de ellas están en la comuna Guayabal, lideradas por la mesa ambiental.

Según Gloria Patricia Rúa, integrante del proyecto ‘Aldea Verde’, ubicado en un conjunto residencial en Guayabal. Allí, unas 1.300 personas se integraron para sacar adelante una huerta ubicada en las zonas comunes.

En este momento producen cilantro, rábanos, pepinos, plantas aromáticas, tomates, entre otros productos, que luego son vendidos entre los residentes a precios mucho más bajos que los del mercado, con lo cual se vuelven autosostenibles.

“Nosotros nos dimos cuenta de que no era tener una huerta por tenerla, sino volverla un proyecto participativo y ciudadano”, dijo la líder, quien añadió que la idea también es contribuir con el cuidado del medioambiente, por lo cual las personas aprendieron a separar y depositar los residuos orgánicos en un lugar especial para hacer abono que usan en la misma huerta. Con ello también dejan de enviar dos toneladas de residuos al mes al relleno sanitario.

Zuluaga resaltó el papel que juegan estas iniciativas ciudadanas en la recuperación de alimentos, que aunque no son tan grandes, pueden ser replicadas en más lugares y convertirse en apoyo importante para la seguridad alimentaria, la reutilización de desechos y el cuidado del medioambiente.

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