Medellín

‘Mi sueño es tratar de vivir del arte y para el arte’

Draison Murillo es un artista empírico y trabaja como cotero en la Plaza Minorista de Medellín.

Draison Murillo

En el primer piso de la Plaza Minorista, Draison Murillo trabaja con su madre y su hermano.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

14 de noviembre 2017 , 11:21 a.m.

El paso ligero de Draison Murillo denotaba la importancia de no perder ni un solo minuto en su labor como cotero en la Plaza Minorista José María Villa de Medellín.

Su sonrisa tímida y su contextura delgada se escondían entre el tumulto de comerciantes y habitantes que transitaban por el mercado público, el lugar en el que el artista que ocupó el segundo lugar en la exposición nacional del V Salón de Arte Popular BAT, consigue a diario el sustento de él y su familia.

“A él le gustaba mucho pintar. Le hacía los dibujos a los compañeros de la escuela”, fueron las palabras de Maria Efigenia, la madre de Draison, quien atiende un puesto de plátanos en el primer piso, sector 11, al lado de las pesqueras.

A él le gustaba mucho pintar. Le hacía los dibujos a los compañeros de la escuela

La mujer, oriunda del Chocó, sostenía con orgullo la obra de su hijo, quien además de cargar mercados, le ayuda ‘por los laditos’ a empacar y llevar los mejores racimos que escogen para su clientela.

Sus obras plasman ‘las verdes y las maduras’ que él ha presenciado, en especial el capítulo oscuro que lo llevó durante 15 años a la cárcel, evento que calificó como una “oportunidad de Dios” pues logró encarrilarlo de nuevo en el camino correcto de la vida.

A punta de lápiz, papel, borrador y sacapunta, herramientas que conseguía con dificultad en los diferentes centros carcelarios por los que tuvo que pasar, comenzó a dibujar, talento que desde niño explotaba y el que, en más de una ocasión, terminó en las papeleras de la penitenciaría luego de que los guardias le arrebataran y le dañaran sus trazos por “considerarlos material ilícito”.

Draison Murillo

Desde hace siete años, él camina por los diferentes sectores del mercado público, cargando los costales y las cajas de los productos que compran las personas.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

A pesar de ello, la suerte estuvo de su lado durante una época en la que un grupo de practicantes de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja, fueron a darle unas bases de dibujo, su pasatiempo favorito.

“Cuando apagaban las luces, seguía dibujando gracias a un rayito de luz de una lámpara que entraba en la celda”, detalló Draison, quien hizo los primeros pinos de su gran obra, compuesta por 12 cuadros, durante el tiempo que estuvo recluido.

“La cárcel no resocializa a nadie” argumentó con amargura al recordar las diferentes celdas de Bellavista, ubicada en la zona norte del valle de Aburrá y en la de Cómbita, el centro penitenciario de máxima seguridad del departamento de Boyacá, por las que tuvo que pasar alejado de su familia durante su juventud.

Cuando apagaban las luces, seguía dibujando gracias a un rayito de luz de una lámpara que entraba en la celda

Sin embargo no todo resultó sombrío para él mientras estuvo tras las rejas. Durante su reclusión en el penal conoció a María Cristina Tabares, la mujer que no lo desamparó durante día y noche en los últimos siete años de su condena y con quien convive hoy en el corregimiento de San Cristóbal, de Medellín.

“Él es una persona muy humilde y especial. Sabe tratar muy bien a la mujer, me supo ganar y me enamoré”, comentó la novia que aspira pronto a ser la esposa y quien labora como ama de casa. A ella le brillaban los ojos cada vez que desviaba su atención a su amado, armando un bulto de plátanos.

La historia de telenovela comenzó con las visitas que María Cristina realizaba por aquella época a su hermano en Bellavista, la persona que le habló y la presentó con el moreno de la sazón de la costa pacífica. Draison, encargado de preparar los alimentos del centro penitenciario, flechó el corazón de la mujer que recién pasaba por una relación tormentosa, el hombre que terminaría de criar a sus tres hijos.

A los 33 años logró la tan esperada libertad y comenzó a trabajar en la plaza minorista junto a su madre y su hermano. A las 5:30 de la mañana baja sagradamente desde San Cristóbal al centro de Medellín y comienza la actividad que le deja una ganancia en promedio de 20.000 mil y 50.000 pesos diarios, dinero con el que comen cinco en su casa.

Salón BAT

Su obra, ‘Pelea, Crimen y Castigo' está compuesta por 12 cuadros. Tres de ellos son exhibidos en la Cámara de Comercio de Medellín, sede Centro.

Foto:

Jaiver Nieto/EL TIEMPO

Casi 10 horas después regresa a su hogar, en el que toma un descanso antes de coger un lápiz, color o tiza, elementos con los que dibuja, según detalló su futura esposa.

El artista, a sus 40 años, ocupó el segundo lugar luego de haber sido seleccionado ante 1.667 propuestas nacionales que concursaron para ser exhibidas en la quinta edición del Salón de Arte Popular de la Fundación BAT, un espacio en el que las personas del común entran y observan los trabajos artísticos sin necesidad de un manual.

Ana María Delgado, gerente de la Fundación BAT, aseguró que Draison, “ a través del arte se ha liberado”. La entidad, que busca rescatar las manifestaciones culturales de los artistas plásticos empíricos y hacerlas visibles, ha permitido que más de un millón de colombianos reconozcan el talento de aquellos que no cuentan con una profesión.

Por la obra titulada ‘Pelea, Crimen y Castigo’, consiguió un conjunto de premios que constaron de un bastón tallado por artistas, un libro, la presentación itinerante de sus cuadros por diferentes ciudades del país y cuatro millones de pesos, dinero que invirtió en la compra de una máquina estampadora de camisetas y en el pago de algunas deudas que le aquejaban.

Con la plancha estampadora espera montar un pequeño negocio que le dé para subsistir y continuar con lo que más ama, el dibujo. “Mi sueño es tratar de vivir del arte y para el arte”, aseveró entre risas tímidas el hombre de manos toscas y trazos suaves.

Mi sueño es tratar de vivir del arte y para el arte

Para la nueva convocatoria que lanzará la fundación, en marzo del 2018, Draison planea participar con una obra que titulará ‘Habitantes de mi calle’ y en la que quiere plasmar la problemática que, según él, “es invisibilizada por la sociedad”.

La observación del entorno, el contacto con las personas y la comunicación que ha logra con ellas, le ha permitido fotografiarlos, en una primera instancia, y luego dibujarlos en la comodidad de su hogar.

Tres de los cuadros que se muestran hasta el 14 de noviembre en el Salón de Arte de la Cámara de Comercio de Medellín en su sede Centro, reflejan los episodios más dolorosos que observó mientras estaba en prisión. Los otros 9 dibujos restantes de toda la obra aún los conserva enrrollados como cartulinas, pues el dinero no sobra para poder enmarcarlos.

MARÍA CAMILA SALAZAR RUIZ
Para EL TIEMPO
camsal@eltiempo.com
MEDELLÍN

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