Medellín

Jorge Robledo, decidido a tener estudiantes felices

El colegio busca que los jóvenes desarrollen todo su potencial y sus capacidades.

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El instituto Jorge Robledo cuenta con un espacio de aproximadamente 40.000 metros cuadrados, en los que casi 1.000 estudiantes pueden realizar diversas actividades académicas y recreativas.

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Fotos: Guillermo Ossa/EL TIEMPO

09 de agosto 2016 , 12:03 p.m.

En pasillos, zonas verdes, canchas y aulas de clase, decenas de estudiantes caminaban, charlaban, conversaban, patinaban y jugaban fútbol. Unos más estaban en la biblioteca leyendo y hubo quienes prefirieron ver una película.

Ese era el ambiente que se vivía la semana pasada en el Instituto Jorge Robledo en la conmemoración de las fiestas de este colegio ubicado en el Centro de la ciudad.

La diversidad de actividades de esa semana y la libertad de los estudiantes para decidir cómo disfrutarlas es el reflejo de la filosofía de la institución educativa, fundada en 1949.

Hoy, el Jorge Robledo quiere ser único por lograr que sus estudiantes sean felices, durante un proceso que los lleva a sacar el máximo provecho de sus capacidades y a respetar las características de los demás.

Para conseguirlo, estos principios empiezan a inculcarse desde edades muy tempranas, los niños ingresan desde los 3 años y medio y permanecen casi hasta los 18.

Hace 20 años, relató Federico García, el rector del instituto, se convirtieron en el primer colegio de Antioquia que basó su proyecto educativo en la idea de la escuela activa, por medio de la cual los estudiantes aprenden haciendo y tienen la oportunidad de ampliar los conocimientos o temas que más les interesan, ya sea con acompañamiento de los docentes o por sus propios medios.

Por eso, desde que los niños ingresan al prekínder empiezan una etapa en la cual no son divididos por grupos sino que comparten con todos los compañeros de sus rangos de edad, en un espacio amplio que no tiene barreras para relacionarse, de modo que haya “mayores posibilidades de aprendizaje e interacciones más ricas al ver su propia imagen reflejada en los otros niños”, indicó.

Al respecto, la vicerrectora Beatriz Elena Palacio, agregó que mediante espacios denominados ‘Asambleas de clase’, los pequeños eligen entre todos, con su docente, cuáles temas y actividades quieren trabajar y aprender.

En este sentido no se fuerza a los niños de estos grados a aprender a leer o escribir sino que realizan actividades que les ayudan a desarrollar el ‘yo’, pues cada estudiante es concebido en el Jorge Robledo como un conjunto nutrido de características, cualidades, formas de ser e inteligencia.

Cuando pasan a la primaria, se desarrollan proyectos que quedaron iniciados en el kínder, los cuales se contextualizan en las distintas asignaturas establecidas por el Estado.

“Los niños ya vienen con el gusto de aprender y se van dando cuenta de que pueden ampliar sus conocimientos y empiezan a entender que manejarse bien no es por miedo ni represión sino por gusto de estar en clases amenas, las cuales deben ser muy bien preparadas por los docentes”, indicó palacio.

Para Simón Herrera, estudiante del grado décimo, esta metodología logra que la asistencia al colegio no se haga por obligación, sino por el interés de cada niño y joven de aprender sobre los temas que prefieren. “El colegio se convierte en un apoyo para uno poder avanzar en los campos que desea profundizar”, sostuvo.

Con el fin de tener buenos resultados, buscan que los niños crezcan en el colegio, por lo cual no los reciben en los últimos grados de escolaridad, cuando ya se les dificulta más interiorizar la cultura del colegio.

Entre tanto, el rector puntualizó que al conseguir que los estudiantes sean seres humanos felices, podrán hacer mucho por mejorar sus vidas, la de sus familias y la del país.

Los estudiantes no llevan uniforme

Sin uniformes. Todos con la ropa que prefieren llevar puesta. Esa es una de las premisas del instituto Jorge Robledo. Por eso, los estudiantes forman un conjunto colorido y diverso, que representa una de las grandes apuestas que tiene el colegio desde que nació.

Ese principio hace parte del culto a la diferencia que ponen en práctica cada día. Desde los primeros grados, los niños van con las prendas con las que sus padres los envían y, en la medida en que van creciendo, ellos mismos eligen qué ponerse y así cada uno va dejando en claro su identidad.

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Desde muy pequeños, los estudiantes van vestidos con las prendas que los identifican.

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 Entonces, llevar uniformes iría en contra de la filosofía del Jorge Robledo. “Cuando se le pone uniforme a alguien se le está quitando la capacidad de expresarse, aquí quien quiere un arete o el cabello de un color determinado lo puede hacer”, expresó el rector Federico García, y agregó que pese a que son permitidas estas ‘pintas’ no son muy comunes.

Santiago Pineda, estudiante de grado décimo, no concibe la idea de ir con uniforme al colegio, pues ha pasado casi 11 años sin hacerlo. “Comparto el hecho de no usar uniforme porque este hace que uno no pueda desarrollar libremente la personalidad, estar todo el día vestidos igual es aburridor”, dijo.

Pero más allá de la libertad con la que se sienten los estudiantes para expresar los matices de sus personalidades, el no portar uniforme los lleva a tener una actitud de respeto hacia los gustos de los demás. Cuando llegan a los grados superiores el afán por competir por prendas ya ha desaparecido.

Asimismo, aprenden desde pequeños a relacionarse con compañeros del sexo opuesto, una situación que fue criticada por la Iglesia, contó García, que en 1949 se preguntaba cómo un colegio mixto podría ser decente.

Hoy, siguen manteniendo la concepción de posibilitar sanas relaciones entre seres humanos, sin importar el género, pues la vida cotidiana es de por sí un espacio ‘mixto’.

Para lograr el libre desarrollo de la personalidad y un mejor aprendizaje, el Jorge Robledo también mantiene espacios amplios. Son alrededor de 40.000 metros cuadrados para casi 1.000 estudiantes y no pretenden aumentar la cantidad.

“Queremos que el instituto sea cómodo, amplio, bello, generoso, la estructura hace parte del modelo pedagógico del colegio. Esto no es una fábrica de bachilleres”, manifestó el rector. Por eso, los cupos hasta 2018 ya están llenos.

Debido a estos principios particulares, las familias reciben toda la información posible sobre el colegio antes de tomar la decisión de ingresar a sus hijos allí. Quienes así lo determinan participan activamente en el proceso de formación de los estudiantes, por medio del trabajo en equipo con docentes y directivas.

Tras finalizar este proceso educativo, se espera que los jóvenes egresados, que ya suman 4.000, sean capaces de elegir la universidad que quieran y puedan pagar y que tengan el criterio para estudiar las carreras que deseen o de tomar la decisión de empezar de nuevo, si consideran que se equivocaron.

Está prohibido prohibir en el colegio

Ni en las paredes, ni en las puertas, ni en el manual de convivencia se ve la palabra prohibir, pues la idea de buen comportamiento es concebida en el Jorge Robledo como una decisión que van interiorizando poco a poco los estudiantes hasta que la convierten en hábito.

La represión no existe y así lo constató Simón Herrera, quien sostuvo que aunque en la mayoría de los colegios las normas son las correctas, no en todos se cumplen. “Acá sí las cumplimos, porque hay conciencia para cumplirlas”, anotó.

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Los 70 docentes que hacen parte del Instituto deben acompañar constantemente a los estudiantes en todos los espacios.

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En este sentido, la vicerrectora Beatriz Elena Palacio explicó que los índices de conflictos graves y bullying son muy bajos, debido a que constantemente se realizan acciones para prevenirlos. Cada vez que se presenta una situación entre estudiantes es asumida como una ‘lección robledista’ y se trata de encontrar soluciones antes de recurrir a las sanciones.

“Pese a que se presentan algunas situaciones, las solucionamos de inmediato con un proyecto de convivencia para evitar el conflicto y trabajar por una mejor convivencia”, sostuvo.

Entre tanto, también se busca que los estudiantes no tengan disculpas que determinen su desempeño académico y comportamental. Para comprenderlo mejor, el rector puso el ejemplo de la lectura: “Si un niño no lee porque no tiene tiempo, le damos el tiempo. Si no lee porque no entiende algo, disponemos de un docente que le ayude a comprender.

Si no lee porque no tiene un libro, tenemos para él distintos textos que puede consultar”, anotó. Hay alrededor de 60 títulos distintos con 30 ejemplares cada uno.

Asimismo, agregó que no se consideran un colegio perfecto ni tienen la pretensión de serlo, pero buscan tener buenos resultados académicos, de la mano de una formación que permita desarrollar el máximo de capacidades de cada estudiante.

Los docentes son clave

En el Instituto Jorge Robledo hay 70 docentes, de los cuales 40 son bilingües. Asimismo, el rector afirmó que se les brindan oportunidades para que mejoren el aprendizaje de otro idioma, por lo cual les ayudan con cursos y con viajes de inmersión a otros países.

La idea por la que trabajan es que haya docentes felices y tranquilos que cumplan su labor con agrado, lo que permite un mejor aprendizaje.

“En las pruebas de Estado tenemos unos muy buenos resultados, a los estudiantes les va bien, es un colegio que se sitúa en promedio en el dos por ciento de nivel superior en el país”, expresó el rector, y aclaró que aunque es muy importante, los resultados en estos exámenes no es lo único que los mueve cada día.

Por su lado, el estudiante Santiago Pineda indicó que una de las cosas que más le gustan de su colegio es el trato que puede tener con los docentes, quienes no son personas distantes, sino guías con los que se puede conversar y que están dispuestos a ayudar y resolver las dudas.

“Uno puede acercarse a ellos, preguntarles con tranquilidad, tener una conversación sobre algún tema”, dijo.
Y es que se busca que las relaciones no sean autoritarias, sino cordiales y de respeto mutuo, lo que lleva a los estudiantes a tener más confianza en sus clases.

MEDELLÍN

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