Medellín

‘Ciro y Yo’: perdón por el dolor

Columna de cine

Ciro y yo

La película está actualmente en cartelera, en las principales salas de cine del país.

Foto:

Ciro y yo

01 de febrero 2018 , 03:31 p.m.

El mayor sentimiento que se experimenta después de ver Ciro y yo es la vergüenza. Pues se confirma la idea de que sólo personas como Ciro y su familia, que han vivido la guerra en carne propia, serían los únicos con autoridad moral para hablar de paz y de perdón.

“A través de un personaje, el documental muestra cómo los mayores afectados por la violencia de nuestro país han sido, justamente, quienes no han tomado parte en las armas”, afirma el director bogotano Miguel Salazar, quien también co-dirigió La Toma y Carta a una sombra.

Infortunadamente, en amplios sectores, sólo se escucha la voz de quienes han visto la guerra a control remoto, por televisión. En el documental se ve un gran contraste entre la belleza de Caño Cristales, en La Macarena - hogar del protagonista- y el horror de la guerra; entre las palabras y los verdaderos hechos; entre el relato pausado de Ciro y la gravedad de lo narrado.

“La guerra en Colombia ha destruido el relato de muchas de las víctimas, las ha convertido en invisibles. (…). A través de la historia de Ciro se entiende la historia de toda Colombia, de la barbarie”. Y la idea de Salazar es también confrontar al espectador: “¿Yo qué hice en Colombia mientras pasaba esto? ¿Yo qué puedo hacer hoy?”, explica.

Ciro y Yo logra involucrar al público, sacarlo de la indiferencia
y darle voz a una de las miles de víctimas: Ciro Galindo, el protagonista, un campesino de 65 años, nacido en Coyaima, Tolima.

A través de la historia de Ciro se entiende la historia de toda Colombia

Es un hombre bueno y tranquilo que sólo sabe vivir en el campo. Sin embargo: “A donde quiera que ha ido Ciro la guerra lo ha encontrado”, como se cuenta al inicio del filme.

Ha soportado todas las violencias del país: siendo un niño, la de los años 50 entre liberales y conservadores y el abandono en un orfanato. Después, la violencia ejercida por la guerrilla, los paramilitares, el ejército y la policía. Además de la utilización de sus hijos- por todos estos grupos- para la guerra. No se entiende cómo este hombre siga en pie y cómo, a pesar de todo, se conserve amable, sincero y honesto. Palabras como dignidad, valor, fuerza y humanidad encuentran su verdadero significado en este hombre: “Un ser común y corriente, que hizo cosas extraordinarias para sobrevivir”, afirma Salazar.

El documental está muy bien narrado y apoyado en valioso material de archivo familiar y de la historia reciente del país. Vale destacar la música siempre acertada de Camilo Sanabria (Amazona, Siete Cabezas).

Ciro y Yo mueve al espectador a decir (al protagonista y a todas las víctimas): perdón por el dolor, por el daño y por la indiferencia.


MARTHA LIGIA PARRA
Crítica y columnista de cine

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