Medellín

La historia tras la carta que el Papa le envió a soldado ciego

Francisco conserva la gorra que Edwin Restrepo le regaló durante su visita a Colombia.

Edwin Restrepo y monseñor Suescún

Edwin (izq.) escuchó a monseñor Suescún leer la carta del Papa.

Foto:

Esneyder Gutiérrez / EL TIEMPO

12 de noviembre 2017 , 02:56 a.m.

En un altar privado del Vaticano, donde el papa Francisco guarda las imágenes religiosas que más ama, conserva la gorra camuflada que le regaló el infante de Marina Edwin Restrepo Restrepo, durante su visita a Colombia.

Ese objeto, que tiene la forma de barco, está acompañada de una fotografía, publicada por el periódico ‘L’Osservatore Romano’, del Papa junto a Edwin, el día que visitó a los militares heridos en combate, en el aeropuerto de Catam, en Bogotá, el 8 de septiembre de 2017.

Dos días antes de conocer al sumo pontífice, Edwin viajó solo en un avión comercial desde el aeropuerto José María Córdova, de Rionegro, hasta el aeropuerto El Dorado, en Bogotá. Lo hizo por sus propios medios, aunque le falte su visión, su brazo derecho y su pierna izquierda, tras caer en un campo minado hace 13 años.

Ese 8 de septiembre, estaba en primera fila, sentado en una silla de ruedas. Cuando el Papa pasó por su lado, se detuvo a conversar con él unos minutos y le dio la bendición.

En ese momento, Edwin sintió una corriente por todo su cuerpo y una paz interior. “El encuentro fue muy espiritual, a mí se me olvidó que había gente a los lados. Le dije que hacer la guerra no era fácil, pero hacer la paz era más difícil, y en el país estábamos en ese proceso”, recordó.

Su santidad le regaló un rosario y Edwin le obsequió su gorra, con la que se protegió del sol, del frío y se secó el sudor en el campo de batalla. “Ese detalle fue espontáneo, pensé que iba a ser un regalo del montón, pero él me dijo que la iba a guardar y cumplió su promesa. Esto es igual de especial a cuando nació mi primera hija”, dijo.

El infante contó que ese día no se iba a poner la gorra, pero sus compañeros le insistieron, para que la usara. “No pensé que ese objeto sería tan simbólico para el Papa. El ‘lanza’ que estaba a mi lado me dijo que la guardó en su ropa y eso para mí fue muy importante”, agregó.

Después de 73 días de ese momento, monseñor Fabio Suescún (el obispo que organizó la visita del Papa a Colombia) tocó la puerta de la casa de Edwin, en Envigado, Antioquia, y le comentó que viajó desde Roma para entregarle una carta que el sumo pontífice le envió, escrita de su puño y letra.

“Vine a cumplir una misión que me entregó el Papa, a quien le impresionaron dos cosas durante su visita a Colombia: los papás alzando a sus hijos para presentar la esperanza y el futuro del país y el encuentro que sostuvo con usted”, le contó el obispo al infante.

Edwin llevaba puesto el uniforme de la Marina que el pontífice le bendijo el día que lo conoció y tenía en sus manos el Santo Rosario que él le regaló.
Junto a su familia, integrada por su madre, su esposa y sus dos niñas, de 5 y 6 años, escuchó a monseñor Suescún leer parte de la carta.

No conozco su nombre, pero no olvidé el gesto espontáneo en el aeropuerto de Catam, antes de mi partida hacia Villavicencio. Ese gesto me tocó el corazón

“No conozco su nombre, pero no olvidé el gesto espontáneo en el aeropuerto de Catam, antes de mi partida hacia Villavicencio. Ese gesto me tocó el corazón, y no entregué su gorra de soldado a mi asistente (como suelo hacerlo con las cosas que me dan), sino que quise llevarla conmigo, como recuerdo y símbolo de entrega y amor a la Patria”, decía la misiva.

Al escuchar esas palabras, el uniformado lloró con su familia. Después, leyó una copia con sistema braille que le envió el jefe del Vaticano, quien se acordó de que Edwin era ciego y quiso que la leyera él mismo.

“Fue un gesto muy bonito e incluyente”, reconoció el uniformado.

Cuando tenía 18 años, Edwin cayó en un campo minado, mientras estaba en una operación de registro y control en Zambrano, Bolívar, en la misma zona donde las Farc tenían secuestrando al exministro Fernando Araújo.

Llevaba un año en la Marina. Era el puntero de su patrulla (el uniformado que va de primero) y tenía la misión de combatir a los frentes 35 y 37 de ese grupo.

Tras caminar toda la noche, registraron todo menos una pequeña zona y cuando Edwin lo pisó, explotó la mina. “Me ardían el cuerpo, los ojos y la piel, pero el temor era que el enemigo nos atrapara”, relató.

Su madre, Luz Dari Restrepo, aseveró que su vida se destrozó cuando vio que su hijo había perdido la vista, su pierna y su brazo, pero que fue él quien le dio ánimos para que juntos siguieran adelante.

Y sí que lo han logrado: el infante terminó su bachillerato, se casó, es padre de dos hijas y en 15 días se graduará como abogado.

“El Papa no olvida a Edwin, lo tiene presente en sus oraciones”, señaló monseñor Suescún.

DEICY JOHANA PAREJA M.
Corresponsal de EL TIEMPO
Medellín@Johapareja

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