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Puente Nayero de Buenaventura, firme en no dar ingreso a los violentos

Zona humanitaria busca resistir. El sector está cercado por bacrim que cobran ‘vacunas’.

Esta es la calle principal y la del acceso a Puente Nayero, en el barrio La Playita. La pobreza es evidente.

Esta es la calle principal y la del acceso a Puente Nayero, en el barrio La Playita. La pobreza es evidente.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

30 de abril 2018 , 12:12 p.m.

Los gritos de Marisol desde esa casa de tablas polvorientas de madera aún retumban en los corazones y las mentes de quienes siguen luchando por evitar que los violentos de Buenaventura vuelvan a entrar a esa zona, donde la calle principal es una trocha rellenada con piedra y pura basura.

Esa vivienda en el Puente Nayero, del barrio La Playita y uno de los convulsionados por asesinatos, fue donde Marisol murió torturada hace cuatro años y la cual, se diferenciaba de las demás construcciones palafíticas porque era una de las ‘casas de pique’ a donde las víctimas como ella, de las temidas bandas armadas que sembraron la ola de terror en esa época, eran llevadas para mutilar todo rastro hasta que al final se perdiera en el mar.

Esa fue la trágica suerte de Marisol, la de su pareja y quién sabe de cuántas personas más porque en ese entonces, el miedo hizo que hasta los registros de los homicidios de las autoridades no reflejaran la verdadera realidad de esta parte de Buenaventura.

Los moradores de Puente Nayero decidieron hace cuatro años que protegerían a sus niños que caminan descalzos por la calle de trocha y a las mujeres que pueden reír alrededor de una mesa de plástico, afuera de sus casas, mientras juegan cartas o dominó, porque a pocos metros hay soldados y policías custodiándolos.

En Puente Nayero decidieron proteger a sus niños y a las mujeres que pueden reír afuera de sus casas, mientras juegan cartas o dominó, porque a hay soldados y policías custodiándolos

Es así que esa casa de tortura fue derribada por la comunidad en el 2014. Mantener el área humanitaria no es sencilla porque en los alrededores se mantienen bandas criminales o reductos del paramilitares, ‘Los rastrojos’, conocidos luego como ‘La Empresa’, una sombra que los tienen cercados para seguir cobrando ‘vacunas’ o extorsiones.

Además de ‘La Empresa’, a Puente Nayero llegaron ‘Los Urabeños’, el ‘Clan del golfo’ y en los últimos años, ‘Los gaitanistas’ hasta que fueron desterrados por la población.

Ahora, según lo que se comenta en la ciudad, esas bandas ya no se enfrentan en su guerra sin cuartel. Son una sola fuerza que genera zozobra. Lo hacen por tierra, a pocos metros de la entrada a la calle de trocha de Puente Nayero donde la pobreza se levanta a lado y lado, o por la parte trasera de viviendas y las aledañas, sobre las aguas de color castaño oscuro del Pacífico por cuenta de la contaminación y las basuras debajo de las casas.

Los residentes en Puente Nayero se impusieron como un espacio humanitario para expulsar a los hombres armados ilegales, tras medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que el Estado garantizara la presencia permanente de la Fuerza Pública y la protección a las 302 familias de este cordón de miseria de Buenaventura, a donde el agua llega cada dos días con un alcantarillado deficiente.

El líder Orlando Castillo tiene 37 amenazas en su contra. Con otro líder, también amenazado, se turnan los dos escoltas y un chaleco antibalas asignados para su seguridad.

El líder Orlando Castillo tiene 37 amenazas en su contra. Con otro líder, también amenazado, se turnan los dos escoltas y un chaleco antibalas asignados para su seguridad.

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Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

No obstante, de acuerdo con pobladores y organizaciones no gubernamentales como la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, que mantienen un acompañamiento al proceso humanitario, estas bandas no han cesado en sus acciones. Siguen las desapariciones, solo que ya no se identifican fácilmente las ‘casas de pique’ y eso es peor por no saber en dónde terminan los cuerpos. El año pasado, Medicina Legal reportó 21 desaparecidos en Buenaventura entre los 600 del Valle. Hasta marzo de este año iban cinco casos.

Claro está que Medicina Legal informó que en el último año hubo 57 asesinatos y la Alcaldía, pese a los cuestionamientos que mantienen al alcalde Eliécer Arboleda, tras las rejas y a otros 10 funcionarios por presunta corrupción en el manejo de dineros del único hospital público, indicó que la criminalidad está cediendo. Hace cuatro años hubo 147 homicidios, es decir, reducción del 39 por ciento.

El obispo de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo, considera que la desprotección más clara del Estado es la falta de cobertura de las necesidades básicas de los cerca de 400.000 bonaverenses.

Los líderes no olvidan que el 26 de enero pasado, sicarios asesinaron al defensor de derechos humanos, Temístocles Machado, en la Isla de la paz.

“La Policía se mantiene todo el día con soldados de la Armada, en Puente Nayero”, dicen las autoridades. Sin embargo, el 9 de abril, cuando todo el país conmemoró el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, un grupo de desconocidos entró por uno de los callejones en tabla y sobre palafitos de Puente Nayero e hizo un disparo.

Ejército y Policía custodian este sector con más de 300 familias, luego de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos expidió medidas cautelares.

Ejército y Policía custodian este sector con más de 300 familias, luego de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos expidió medidas cautelares.

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Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

Muchos allí lo tomaron como una afrenta y alertaron líderes y fundadores del sector como Orlando Castillo.

Nacido en El Trueno, zona rural del norte del Cauca, bañada por el río Naya, Castillo llegó a La Playita y a Puente Nayero como muchas de las familias allí asentadas. Sus padres, hermanos, tíos, su abuela y él arribaron a Buenaventura, luego de la masacre del Naya hace 17 años por cuenta de los paramilitares que, con motosierras y otras armas, tiñeron de sangre esa región montañosa del suroccidente del país, en el 2001.

Pero Castillo, de 40 años, ya traía a Buenaventura el liderazgo de su propia abuela paterna, doña Isabel Castillo que lo crió,
y de tíos que lo motivaron desde niño a defender a los suyos y a vecinos de la expropiación de tierras en el Naya.

Pero no se considera un desplazado o desarraigado, pues su familia y él han ido y regresado a su tierra de origen para no olvidar sus raíces, solo que últimamente, Castillo ya pasa gran parte de su vida en el Puente Nayero, pero con dos escoltas y un chaleco antibalas, que turna con el también líder William Mina.

“Tengo 37 amenazas y probablemente puedo ser uno de los líderes más número del país”,
dijo al señalar que su pareja fue asesinada en este sector hace más cuatro años.
El líder se mantiene en Puente Nayero, en un confinamiento cuando Mina sale de la ciudad con los mismos dos escoltas y el chaleco. “Hemos pedido tres escoltas, uno para mí cuando William está por fuera”, dijo Castillo, que sonrió, mientras veía a esos niños jugar descalzos en la calle.

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