Cali

El vallecaucano que deambula, tras perder a sus hijas en Holanda

Litigios por hijos en el exterior tocan a los hombres. Marco Torres se afectó emocionalmente.

Marco Torres (izquierda) con su mamá y su hermano.

Marco Torres (izquierda) con su mamá y su hermano.

Foto:

Archivo particular

27 de junio 2018 , 01:54 p.m.

El suelo se le abrió a Marco Antonio Torres Ramírez, cuando supo que su esposa, una filipina con la que vivió la felicidad de la adolescencia, se había marchado con sus tres hijas.

Entonces, en una cárcel de Holanda, renunció a la nacionalidad de ese país y lo deportaron a Colombia, donde va y viene sin paradero fijo.
María Edith Ramírez, la mamá, no ha dejado de sufrir por la desaparición de ese hijo amado, que entró en una depresión interminable.

La historia empieza hace más de dos décadas, cuando ella, una tulueña, viajó a buscar oportunidades en Holanda. En ese 1996, iba con sus hijos Marco Antonio y Jáder, de 12 y 7 años.

A los 15 años, Marco Antonio conoció a Mery Yen, filipina, de su misma edad. Fue la corriente de amor entre dos adolescentes, inmigrantes de países en extremos del mundo. Se enamoraron y tuvieron sus tres hijas, en escasos cuatro años. “Ellos eran muy trabajadores y se querían”, dice María Edith.

Marco Antonio trabajaba como comerciante de mercancías. Les iba bien, a decir de la mamá, porque compraron un apartamento en Filipinas, donde irían algún día a vivir.

Marco Antonio trabajaba como comerciante de mercancías. Les iba bien, a decir de la mamá, porque compraron un apartamento en Filipinas, donde irían algún día a vivir​

Pero a fines de 2010, la pareja regresaba en vehículo de una reunión. En el trayecto a casa, el carro arrolló a un joven. En medio de su azar, el colombiano siguió su marcha, según el relato de María Edith.

Dos días después, las autoridades lo localizaron en su casa. Marco Antonio se responsabilizó de todo y lo procesaron, en particular, por evadirse. La justicia le dictó 18 meses de prisión.

La mamá cuenta: “Mi hijo llevaba tres meses en prisión, cuando Mery Yen fue a decirle que se iba de viaje y que no volvería. Ella entregó la casa que tenían alquilada y se fue con las niñas. Mi hijo tuvo semanas después una salida de la cárcel y vio en redes que se anunciaba el matrimonio de ella en Noruega con un ciudadano de ese país”.

En Holanda no le habrían puesto ningún tropiezo para viajar porque era la madre y las niñas llevarían el apellido del acompañante. En Colombia no hay viaje sin registro ni permisos autenticados en notaría.


Marco y Mery nunca se casaron. Como lo señala el Mapa Mundial de la Familia del 2017, de Child Trends, The Social Trends Institute, y otras instituciones, “el matrimonio se está volviendo menos común”.

Marco Antonio le cerró la puerta al mundo. A su mamá le dijo que no volviera, que él no quería hablar con nadie.

Ella insistía en visitarlo y le informaban que no la iba a recibir. Le escribió cartas sin respuesta desde esa prisión. Ella le dejaba tarjetas para llamadas, pero él no volvió a sonar al otro lado de la línea. A sus 28 años de edad, él se refugiaba en el silencio. “Mi hijo renunció a la nacionalidad holandesa y les dijo a los de la prisión que no me informaran. -

Luego estuvo en distintos oficios en Tuluá, cerca del abuelo materno. Muchos lo vieron apesadumbrado, llorando. Rodaba, como un tarro en esas calles. Unos conocidos dicen que algo de droga lo tocó.


Desde Holanda, María Edith buscaba que volviera, pero él no veía esperanzas. Si cuando estaba en Holanda era un enredo jurídico volver a ver o recuperar a sus hijas, como deportado el caso aparece cerrado.

El 19 de agosto de 2015, el rastro de Marco Antonio se perdió meses después.
María Edith ha venido a Colombia dos veces a buscarlo. El pasado 24 de diciembre se encendió una luz, cuando le dijeron que Marco había llegado a la casa de sus abuelos en Tuluá. Pero solo fue un rato. Le tomaron una foto y le dieron unos pesos porque dijo que viajaría a Bogotá. “No me llamaron a tiempo. Fui a buscarlo y no lo encontré. Lo único fue esa foto que al verla, se me parte el corazón”.

El hombre, a sus 34 años, va y viene. En abril lo vieron, barbado y sucio, hablando de ir a Europa ‘y jugar en una Selección’.

La mamá, con el dolor de la desaparición de su hijo Marco, siente que no puede ver a sus nietas. En las redes quedó bloqueada para verlas o hablarles y ha perdido el rastro de su hijo Jáder, quien viajó a España.

Ella sigue firme en que algún día podrá unir a esos hijos y a esas primeras tres nietas.
“No me rindo porque sé que Marco Antonio debe estar en alguna parte sobreviviendo, a eso de deambular por las calles. Las oraciones me dicen que algún día podré encontrarlo y que volverá a vivir al ver a sus niñas”.

CALI

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA