Cali

Desaparecidos, un drama con impacto en la salud mental

En 2 años hubo 1.178 desapariciones en el Valle. Médicos sin Fronteras da asesorías psicológicas.

El drama de los desaparecidosMiles de familias nunca volvieron a recibir noticias de sus familiares desaparecidos durante años, otros guardan la esperanza pese a los años.
Alba Zully Londoño (izq.) con la foto de su hijo David; María Cecilia Tutestar (centro) con la de su hijo Daniel; y Rosa Medina y sus 2 hijos.

Alba Zully Londoño (izq.) con la foto de su hijo David; María Cecilia Tutestar (centro) con la de su hijo Daniel; y Rosa Medina y sus 2 hijos. Video de Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

28 de enero 2018 , 10:57 a.m.

El Instituto de Medicina Legal da cuenta, de que entre el 2016 y el 2017 se registraron 1.404 desaparecidos en Valle, Cauca y Nariño. Del Valle son 1.178 de los casos. En el 2016 se reportaron 578 desaparecidos. En el 2017 hubo 600 en la región, 22 más que en los del 2016. De esos 600, 344 son hombres y 256 son mujeres. Del total, 421 correspondieron a Cali.  
Del 27 de diciembre de 2017 al 23 de enero de este año hubo 18 desapariciones en Cali, de las cuales, 10 personas aparecieron vivas. Otras dos fueron encontradas sin vida. No obstante, en la Gobernación habían indicado que los 18 casos son en el Valle y 14, en la capital del Valle del Cauca.

Así que sigue la búsqueda de las seis restantes, según la Fiscalía, entre ellas, el comerciante Edwar Patiño Ospina, de 26 años y desaparecido desde el 18 de enero de este 2018. 

Es por eso que la Gobernación del Valle y la Policía anunciaron un grupo especial de investigaciones para el suroccidente del país, ante el clamor de algunas familias desesperadas.


Así mismo, el impacto en la salud mental en las familias de los desaparecidos es uno de los dramas más complejos que requieren atención psicológica a tiempo. Por ello, la organización internacional Médicos sin Fronteras decidió impulsar un proyecto desde el año pasado con 50 personas, familiares de desaparecidos en el Valle y en otros municipios del suroccidente del país, que está viviendo en la capital vallecaucana. 

Médicos sin Fronteras explica cómo las desapariciones van ocasionando graves daños mentales con una larga zozobra por el sufrimiento de no saber qué ha pasado con las personas que nunca regresaron a sus hogares. Esto explica la organización: 

La desaparición de un ser querido es referida por los familiares como un dolor incesante, una intensa angustia generada por el desconocimiento de su paradero, es así como se convierte en la tortura de las preguntas sin respuesta: ¿Dónde está?, ¿Qué le pasó?, ¿Por qué le pasó?, ¿Por qué a él, o a ella?, ¿Por qué a mí?, ¿Por qué no lo pude evitar?, ¿ Estará vivo o le habrá pasado algo?, ¿REGRESARÁ?

Estas son algunas de las preguntas que resuenan de manera cotidiana, las cuales intentan responder a través de instituciones, comunidades, líderes, organizaciones de familiares e incluso sus propios sueño y pesadillas. Todo ello para intentar descifrar las incógnitas que ha dejado la desaparición. Este camino que implica la búsqueda tiene impactos en la salud mental a diferentes niveles: Individual, familiar y comunitario.

Después de analizar el tremendo impacto que la desaparición ha dejado en las familias colombianas, MSF, presente en el país desde 1985, comenzó en julio a brindarles apoyo, con un programa de atención en salud mental y psicosocial.

A nivel individual, varias personas refieren luchar con la sensación de estar “al borde de la locura”. Una madre que no tiene noticias de su hijo de 19 años indica: “¿Será que me estoy volviendo loca, será que yo me imaginé todo, qué estuve en embarazo, qué tuve a mi hijo?”. 

La acción intencionada por parte de los grupos armados de desaparecer todo rastro del ser humano, intensifica preguntas de este tipo y la sensación de sentirse incompletos. Una de nuestras pacientes dijo: “La desaparición de mi hijo me dejó un vació enorme, fue como si me arrancarán un pedazo del alma”. Este doloroso sentimiento, suele ir acompañado por un estado de ánimo deprimido, ansiedad, cambios en el comportamiento y afectaciones psicosomáticas como dolores de cabeza y otros dolores corporales, problemas digestivos, cambios en el apetito y en el sueño, entre otros.

A nivel familiar, las relaciones cambian y con ellas los roles de sus miembros. Una madre de 60 años que sufrió la desaparición se cuestiona si se sigue teniendo familia: “¿Si ya no tengo hijo mayor, hijo del medio, no tengo esposo, seguimos siendo familia?”. Otra madre de 56 años dice: “Ya no tengo hija, no tengo esposo, no tengo una familia, cada uno cogió por su lado”. Sin embargo, aún en medio de la adversidad sigue la lucha y el anhelo por preservar el vínculo familiar o ser una familia de nuevo, aunque diferente. Está la posibilidad de ser una nueva familia donde el vacío desencadenado por la desaparición se llene con recuerdos, con la memoria viva de su familia y sus aprendizajes.

Como ven, cada persona lo manifiesta en su cuerpo y sus emociones de una manera particular. Lo cierto es que la representación de su dolor no es locura. Que es normal que su cuerpo y su mente reaccionen con malestar frente a la vivencia de un trauma tan fuerte como la desaparición. Cuando esto se siente de manera intensa, afectando su día a día, es necesario y posible buscar ayuda de tipo profesional.

Finalmente, a nivel comunitario, uno de los mayores impactos que tiene el conflicto armado y la violencia es la destrucción del tejido social, de la confianza, del respeto mutuo; lo hace encarnando estigmas hacia las víctimas como: “Por algo le pasó”, “Qué andaría haciendo” “En qué estaría metido (a)”. Estos permean las instituciones, las organizaciones y la sociedad civil. Los familiares día a día le dan la cara a estos estigmas luchando por rescatar la memoria de sus seres queridos y la honra de su familia.

Esta lucha se ha fortalecido gracias a la consolidación de organizaciones de familiares de personas desaparecidas, que nacen de la sociedad civil trabajando en favor del respeto a la vida y los derechos humanos. Los familiares plantean que hacer parte de dichas organizaciones les ha permitido sentirse acompañados, conocer sus derechos, compartir estrategias y experiencias de afrontamiento y construir acciones de memoria, que les permite decir: “Aquí estamos, no los olvidamos, los quisieron desaparecer pero su memoria está más fuerte que nunca”.


Médicos sin Fronteras,  en Cali, y Puerto Asís se une para complementar las acciones que las organizaciones de familiares y otros actores han venido realizando por décadas y que han logrado hacer incidencia y fortalecer a las familias. Nosotros realizamos atención a familiares de personas desaparecidas, abordando a profundidad el impacto de la desaparición en sus vidas, su cotidianidad y sus relaciones, buscando aliviar el sufrimiento y encontrar la forma de afrontarlo de una manera que no les haga daño a ellos, ni a quienes les rodea.

Algunos de los familiares atendidos por MSF, han logrado sentir mejoría en algunas afectaciones y encontrar nuevas formas de afrontar el malestar emocional, y avanzar en la construcción de nuevos significados que ayuden a aliviar el dolor. “Desde que estoy con ustedes –dice una paciente– he podido volver a dormir”. “Cuando mi hijo se desapareció –dice otro paciente– yo cambié, me volví muy agresivo, pero realmente me han servido las terapias, lo puede decir mi esposa, ya no reacciono así”. “Me veo y me sorprendo, ahora puedo escuchar a las demás personas”, continua otra persona. “El vacío -dicen- es el lugar que él tiene en mi corazón, ese lugar está lleno de recuerdos, historias, anécdotas”

Las atenciones psicológicas y acompañamientos psicosociales se realizan a nivel individual, familiar y grupal de manera confidencial gratuita y de acuerdo a la necesidad de las personas, sin trámites, papeleos u otros prerrequisitos que puede representar una barrera de acceso.

En Cali, los familiares que quieran recibir atención pueden contactarse en el número (+572) 3872484, (+57)3224033255 ó en el correo msfe-cali-trabajosocial@barcelona.msf.org.

Médicos sin Fronteras (MSF) es una organización médica-humanitaria de carácter internacional, sin ánimo de lucro. En Colombia tiene proyectos permanentes en Puerto Asís, Cali, Buenaventura, Tumaco, y un equipo de emergencia que responde en diferentes lugares del país a situaciones de afectación humanitaria como conflicto armado, catástrofes naturales o epidemias. Trabaja para garantizar acceso a la salud, con particular respeto a la atención en salud mental, atención integral a sobrevivientes de violencia sexual e interrupción voluntaria de embarazo.

Los testimonios son de los beneficiarios de Médicos sin Fronteras. Se cuenta con la previa autorización de los mismos.

Siete meses a la espera de David Mondragón
David J. Mondragón es el menor de su casa. Su madre autorizó publicar su foto.

David Julián Mondragón es el menor de su casa. Su madre autorizó publicar su foto.

Foto:

De familiares

Desde que Alba Zully Londoño vio alejarse a su hijo, David Julián Mondragón, en la buseta, su corazón de madre le latió con más fuerza y con temor. Fue en la tarde del 10 de junio del 2017, cuando el menor de sus dos hijos, de 17 años, desapareció. Vestía camiseta Adidas gris, yin y zapatillas Adidas. Mide 1,83 metros. Él le dijo a su madre que iba a una reunión en una iglesia cristiana por Las Vallas, en el norte. El menor había tomado una buseta en Calimío Desepaz, donde su familia estaba viviendo.

“Me dijo que iba a verse con una amiga. Como mamá tuve un presentimiento”, dice la señora, con asesorías psicológicas en Médicos sin Fronteras. Dice que a las 5 p. m., ella lo llamó al celular, él le contestó que no podía hablar y que llegaba tarde. Sin embargo, las horas pasaron y el celular ya estaba apagado.


“En la iglesia dijeron que no lo habían visto y alguien nos pasó un audio con su voz. Como que alguien lo invitó a una fiesta en Poblado Campestre, por Juanchito”. Desde entonces, esta madre, su esposo y su hija no han tenido sosiego. Su dolor ha pasado a lo físico, pues ha estado hospitalizada por causa de una bronquitis. “Hemos dejado volantes en Candelaria, Yumbo, en Corinto y en Miranda, en Cauca”.
Quienes lo hayan visto pueden comunicarse al 315 4412407 y al 315 5734448. 

Quienes hayan visto a David Julián Mondragón pueden comunicarse al 315 4412407 y al 315 5734448

Cuatro años de zozobra por no saber de Daniel
Daniel Alejandro Escobar cumplió 20 años en octubre pasado.

Daniel Alejandro Escobar cumplió 20 años en octubre pasado.

Foto:

De familiares

“Toda la familia sufre. Hay mucha tristeza, mucho dolor. Y lo peor, indiferencia. Cuando fui a la Policía me dijeron: ‘¿Cuántos años tiene su hijo. Seguro su hijo está por ahí en alguna fiesta o con la novia. Luego me dijeron que debía esperar 72 horas, cuando las primeras eran vitales para poder encontrarlo”.

María Cecilia Tutestar habla con la voz quebrada y tratando de contener el llanto al contar la desaparición de su hijo mayor, Daniel Alejandro Escobar, quien el 21 de octubre del año pasado cumplió 20 años. Ella está agradecida con Médicos sin Fronteras por la ayuda psicológica, debido a que su estado físico y mental se han deteriorado. “La gente es tan indolente. Uno quisiera que entendieran todo lo que se padece sin tener noticias de Daniel. Sin saber cómo está, qué ha pasado, si está bien”.

Daniel desapareció el 27 de diciembre del 2013 en el barrio Ciudadela del Río, en la comuna 21. Ese día, según la madre, eran las 11 de la noche y lo vio llegando a la casa con un menor de unos 16 años. María Cecilia se sorprendió porque pensó que su hijo estaba en casa de su abuelo y una tía. Al entrar a la casa en Desepaz, Daniel hizo una llamada por el celular del papá y después le dijo: “Mamá no vaya a pasarle el seguro a la puerta que yo vuelvo en una hora”. Anotó que iba a acompañar a su amigo para que tomara un transporte y él regresaría a la casa. Pero han transcurrido cuatro años sin noticias y preguntando aquí y allá. Nadie da razón de él. Espera que las autoridades retomen la investigación.Quienes lo hayan visto o tengan información, la familia clama por el pronto aviso en el número 620 44 00, extensión 1287, en la Fiscalía de Derechos Humanos, en Cali. 

Quienes tengan información sobre Daniel Alejandro Escobar, la familia clama por el pronto aviso en el número 620 44 00, extensión 1287, en la Fiscalía de Derechos Humanos, en Cali

Angustia porque grupo armado de Nariño se llevó a sus 2 hijos
Segundo Leonel Quiñónez Medina fue secuestrado y desaparecido en el 2011.

Segundo Leonel Quiñónez Medina fue secuestrado y desaparecido en el 2011.

Foto:

De familiares

Dos años después de que un grupo armado se llevó a Segundo Leonel Quiñónez Medina, en zona rural de Barbacoas, en Nariño, Rosa Pastora Medina, su madre, sintió, de nuevo, un gran dolor. Al parecer, el mismo grupo que secuestró y desapareció a Segundo Leonel, el 20 de septiembre de 2011, se llevó a José Alexánder Cortés Medina. Fue el 17 de mayo de 2013.

José Alexánder Cortés Medina desapareció el 17 de mayo de 2013.

José Alexánder Cortés Medina desapareció el 17 de mayo de 2013.

Foto:

De familiares



De Segundo, un desconocido le dijo tiempo después: “A su hijo lo mataron”. Y Rosa no ha podido confirmar esto por temor de que le hicieran algo a sus demás 8 hijos, a su esposo o a ella. Es por ello que no denunció ambos casos de desaparición forzosa en su Nariño natal. Ella cuenta que a José Alexánder se lo llevaron río arriba en la selva. “Decían que lo tenían amarrado y que lo iban a matar”.

Con miedo, Rosa y su familia llegaron a Cali en ese 2013.

Las personas que tengan informes sobre Segundo Leonel Quiñónez Medina y José Alexánder Cortés Medina deben comunicarse al número 311 7819334

REDACCIÓN CALI Y MÉDICOS SIN FRONTERAS

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