Cali

Cuando la desaparición toca a los que administran la justicia

Jueces rinden honor a funcionarios desaparecidos o asesinados. Sigue esperanza de encontrarlos. 

Manos unidad y solidaridad mutua en el duelo por familiares desaparecidos.

Manos unidad y solidaridad mutua en el duelo por familiares desaparecidos.

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Mario Baos. EL TIEMPO

26 de noviembre 2017 , 02:01 p.m.

“Mami, si algún día me pasa algo, quiero que se sienta muy orgullosa de mi, que fui un juez que nunca se torció ni por toda la plata del mundo y eso me hace sentir tranquilo”.

Esas fueron las últimas palabras del juez Jorge Iván Hurtado García a su madre Marleny García antes que desapareciera el 16 de mayo de 1997.

Con la foto de él aferrada a su pecho, doña Marleny espera, después de 20 años, el milagro de encontrarlo, aunque sabe que es difícil pues no solamente desapareció físicamente, sino que donde laboraba, aseguran que no hacía parte de la justicia.

“Fue una persona honesta, llena de ideales y siempre con la palabra verdad en su boca, un idealista honesto y por eso lo desaparecieron, aún así, me siento orgullosa”, dice Marleny.

Su nombre es uno de los 71 que aparecen grabados en una placa en su memoria presentada el pasado jueves en el Palacio de Justicia de Cali, en un acto que contó con la participación de representantes del Fondo de Solidaridad con los Jueces Colombianos (Fasol), constituido en 1992 con apoyo de jueces y miembros de la rama judicial de Alemania.

Se estima que en el Valle del Cauca hay 7.800 víctimas de desaparición forzada, muchos no tienen esa clase de apoyos.

Se estima que en el Valle del Cauca hay 7.800 víctimas de desaparición forzada, muchos no tienen esa clase de apoyos.

Fasol es una fundación creada en 1992 con el objetivo de apoyar la recuperación integral de las familias de los funcionarios y empleados de la Rama Judicial y Fiscalía, que han sido asesinados, secuestrados, desaparecidos o amenazados.
Se reunieron en la plazoleta del Palacio de Justicia donde recordaron a sus familiares.

En esa conmemoración participó la comisión de jueces alemanes que acompañan a los colombianos desde 1989.

Y en el Palacio de Justicia se hizo un paralelo entre la historia del pueblo alemán y el momento que vive Colombia.

“En Alemania sufrimos por ideales absurdos, los crímenes más atroces se cometieron allí tanto que marcaron a toda la población, luego vino el Muro de Berlín que nos llevó a una depresión conjunta; sólo hasta que esto cayó nos dimos cuenta de lo que podíamos hacer como sociedad y eso es lo que queremos que los colombianos hagan, salir adelante, a pesar de su guerra de 50 años”, expresó Joaquim Lublinghoff, presidente de la comisión de jueces alemanes.

Junto a él estaba su traductora Hanna Thiesing y los jueces Gabriele Rath, representante de la organización Misereor; Astrid Bode, perteneciente al juzgado alemán; Felix Lehmann y Astrid Bode, ambos de la organización Deutscher Richter Bun.

Expusieron que también vivieron una división real, física, por aspectos políticos, con familias separadas por un muro.

Con el interés en que las víctimas sepan la verdad y se de la reparación tras la firma de los Acuerdos de Paz en la Habana, los alemanes hicieron un llamado a sus colegas juristas en su nuevo papel en el posconflicto.

“Por sus manos pasarán familias completas queriendo justicia, hagan las cosas bien y recibirán satisfacción, mucho más ahora que viene la Justicia Especial para la Paz (Jep)”, dijo el juez Lublinghoff.

A su turno, Félix Lehmann, hizo un llamado a vencer la discriminación.

“Cuando decimos fuera del país que somos alemanes de inmediato nos dicen ‘Nazis’, mientras que a los colombianos les dicen narcos o guerrilleros; ese estigmatismo se tiene que vencer”, dice Lehmann.

Fasol atiende psicológica y económicamente a los hijos de las víctimas. A su vez se dictan talleres comunitarios que fortalecen el tejido social.

El ejemplo de juez

En el acto del Palacio en Cali estuvo Óscar Emilio Salas Caicedo, hijo de Álvaro Víctor Salas Rodríguez, juez Promiscuo Municipal de Cumbal (Nariño), asesinado el 18 de febrero de 1997. En ese entonces, él tenía apenas 3 años.

“Crecer sin la figura paterna no se puede explicar con palabras. Desde niño iba al colegio acompañado de mi mamá, de la mano del abuelo o de mis hermanos", dice Óscar Emilio.

Junto a los jueces alemanes, y demás víctimas, descubrieron una placa en el piso dos del Palacio de Justicia que contiene 71 nombres grabados en memoria de los funcionarios judiciales desaparecidos o asesinados en el suroccidente del país.

Cuenta que de acuerdo con lo que ha conocido, entre los casos que llevaba su papá estaba el de un guerrillero de las Farc al que había encarcelado como parte de un proceso por alimentos. Antes le habían hecho dos atentados. Por el crimen no hay ningún detenido.

Y recuerda el dicho popular que ‘la sangre llama’ pues siguió la profesión de su papá. Superando su discapacidad visual, en mayo pasado se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Antonio Nariño. Ejerce como auxiliar judicial en el Tribunal Administrativo de Nariño. Óscar y Marleny saben que su duelo seguirá hasta el día que la justicia brille en su caso.

La incertidumbre que une a dos madres

Esperando que alguien llegue con alguna información, a contar algo de su hijo Daniel Alejandro Escobar, María Cecilia Tutestar no quiere vender su casa en el barrio Desepaz, en el oriente de Cali, se resiste a dejar este sector.

No sabe nada de él desde el 27 de diciembre de 2103 cuando le avisó que iba a salir con un amigo y no demoraba. En ese entonces tenía 19 años y terminaba su bachillerato en el colegio Simón Rodríguez. Desde esa fecha no ha habido ni una llamada, pero sigue aferrada en su espera y no quiere dejar el barrio, en el fervor que algún conocido le de razón de su muchacho.

Ella hizo parte de los familiares de víctimas de desaparición que participaron del encuentro en el Palacio de Justicia en Cali y llegó acompañada de Sonia Edith calbio, quien siempre lleva en la mano la foto de su hijo Luis Alberto García.

El 30 de septiembre de 2011, a sus 27 años, regresaba desde la costa norte en vacaciones de su labor como infante de marina.

Llamó desde Corozal (Sucre) diciendo que lo habían atracado y no tenía como regresarse. Luego lo hizo desde la terminal de Montería, y no se supo más de él.
Madres, hermanas, esposas comparten una palabra: incertidumbre. Dicen que refleja todo el dolor de la desaparición.

Es lo que desde el 5 de agosto de 2011 vive Martha Pérez, madre de Yoider Betancourt Pérez. Ese día, a sus 26 años, él salió del barrio Morichal de Comfandi, en el oriente de Cali, a conocer una oferta de trabajo. Nunca más se supo de él.

Un hogar que desapareció en Pueblo Pance

En tragedia y dolor que no termina se trocó la celebración de los 25 años que cumplía José Didier Duque. Fue el 7 de octubre de 2007 cuando salió con su esposa Mary

Johana López hacia Pueblo Pance, donde pasarían un fin de semana. Y
desaparecieron.

Judith Casallas, madre de Mary Johana, de 19 años, cuenta que su hija estaba en el tercer mes de embarazo. Así son tres vidas de las que se perdió todo rastro. Cuenta que ese día en Pance rondaban las Farc y el Ejército.

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