Cali

Con poesías, 110 presos del Valle expresaron sus sueños y esperanzas

En concurso de poesía inédita participaron los reclusos de dos prisiones del departamento.

Diana Paola Morales y José Róbinson Mosquera fueron segundo y primer puesto en concurso de poesía, modalidad privados de la libertad.

Diana Paola Morales y José Róbinson Mosquera obtuvieron el segundo y el primer puesto, respectivamente, en el concurso de poesía, modalidad privados de la libertad.

Foto:

Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

25 de septiembre 2017 , 07:46 a.m.

Madre e hija se veían como dos amigas inseparables en esa primera fila del teatro Jorge Isaacs.

El tercero y el cuarto asiento, en medio de la oscuridad y confundiéndose entre el público, eran más que suficientes para ambas en esos 60 minutos de libertad, más allá de la reducida celda que Diana Paola Morales comparte con otras tres internas de la cárcel de Jamundí.

Esos 60 minutos los estaba disfrutando esta bogotana, de 37 años, con la mayor de sus dos hijos pequeños, luego de haber llegado al teatro en esa noche, escoltada por funcionarios y guardas del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec). Sus tres poemas, uno dedicado a su hijo de 6 años; otro, a su hija de 15; y el tercero, a Dios, le permitieron a Diana Paola ‘escapar’ de su tristeza de no tener a sus seres queridos desde que está presa. 

"Le escribí uno a mi hijo porque me dicen que él no se acuerda mí, entonces, yo le escribí: 'Sé que no te acuerdas de mí, tal vez, no te acuerdas del último cuento que te leí, de las canciones que te canté, pero sí me acuerdo de los sueños que tuvimos juntos'". 

Diana Paola Morales (derecha) respiró un poco de la libertad que anhela durante la ceremonia de premiación en el concurso.

Diana Paola Morales (derecha) respiró un poco de la libertad que anhela, durante la ceremonia de premiación en el concurso.

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Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

Diana obtuvo el segundo lugar entre 110 presos, una sociedad de poetas que se dedica a la escritura como una manera de desahogo de sus penas en las cárceles Villahermosa y de Jamundí. Participaron en la modalidad de privados de la libertad dentro del concurso de poesía inédita en  el Festival Internacional de Poesía de Cali, que culminó este sábado, de manera exitosa.

No salía a la calle desde hace casi un año y ese encierro le recordó los otros cinco que pagó en la cárcel El Buen Pastor, en Bogotá, por el mismo delito: el de estafa. Diana dice que fue una mala decisión la que tomó y que la llevó a estar detrás de las rejas.
Después de esos cinco años detenida en la capital del país, ella viajó a Cali y pensó que el proceso judicial ya había culminado hasta que, de nuevo, la detuvieron y la llevaron al Complejo Carcelario y Penitenciario de Jamundí (Cojam).
Allí, la condenaron a 26 meses, pero como ha tenido buen comportamiento y se ha dedicado a enseñar a leer y a escribir a otras compañeras de la cárcel en la biblioteca del reclusorio, le rebajaron esa pena.

La condenaron a 26 meses, pero como ha tenido buen comportamiento y se ha dedicado a enseñar a leer y a escribir a otras compañeras de la cárcel, a Diana le rebajaron esa pena

De los 26 meses, la reducción quedó en 17 y solo le restan 6, tras los barrotes en el penal de máxima seguridad en Jamundí, entre el hacinamiento y donde después de las 3 de la tarde, las mujeres quedan confinadas a las estrechas paredes de la celda. En esos momentos, sus tres compañeras se dedican a charlar, mientras tejen hasta que el sueño de la noche las vence. A las 5 de la mañana del día siguiente se levantan y así aprovechan esa hora del suministro de agua que les permiten, apresurándose a bañarse.

En esos 60 minutos de libertad, de conversación entre madre a hija  en el Jorge Isaacs, Diana le contó a su pequeña que uno de los poemas era dedicado a ella. “No te abandoné”, le susurraba la madre a su pequeña, mientras en el teatro seguían premiando a otros ganadores del concurso. Pero Diana y su hija solo tenían esos minutos para hablar en voz baja porque la niña no ha podido visitarla en la cárcel. Así que entre susurro y susurro, vieron fotos que la adolescente tenía en su teléfono celular. La menor también leyó un texto de una hoja de cuaderno un poco arrugada que le pasó su mamá. Después, Diana habló con alguien por el teléfono de su hija. En medio de esa penumbra entre el público, madre e hija lloraron y rieron. Se secaban las lágrimas y otra vez sonreían. Diana no quería que terminara ese ratico de libertad.

Pasado un momento, ambas aplaudieron y felicitaron a José Róbinson Mosquera, un palmirano, de 41 años, que está detenido en Villahermosa por violencia intrafamiliar. No habla mucho. Solo dice que es injusta su estancia en esta cárcel a reventar con casi 6.000 presos.  José Róbinson se quedó con el primer puesto entre los privados de la libertad por una serie de poemas, uno que tituló Fe en el que se preguntaba quién era él, sin recibir respuestas. “Dios es lo que me mantiene fuerte”, dijo, mientras señalaba otro poema con el nombre Amistad.

El primer lugar en esta categoría del concurso obtuvo un millón de pesos; el segundo, 750.000; y el tercero, 250.000. En la segunda fila, detrás de Diana, su hija y de Róbinson estuvo Marta Salazar, la madre de Álex Yeison Tamayo, de 30 años. Ese caleño pasó hace tres meses de Villahermosa a la cárcel de Caicedonia por porte ilegal de armas. El proceso judicial empezó para él hace unos siete años y ahora está recluido en el norte del Valle.

Álex recibió mención de honor en el concurso de poesía. Su madre dijo que se sorprendió porque no sabía que él había recibido talleres este año para volverse un poeta y concursante en esta jornada promovida por gestores culturales de Cali y por la secretaria de Cultura de la ciudad, Luz Adriana Betancourt. Pero Álex no pudo estar en el Jorge Isaacs por la dificultad del desplazamiento. Por esta razón, la señora Salazar recibió los aplausos  y un diploma en el que se leía esa mención de honor para su hijo.

“Este segundo puesto lo dedico a mis hijos”,  repitió Diana, tratando de estirar el tiempo, pues la ceremonia de premiación y la gala de inauguración del Festival de Poesía de Cali se estaban terminando en el Jorge Isaacs. Ese ratico de libertad se le estaba agotando a Diana, junto a su hija en esa primera fila del teatro.


Otra vez rodaron algunas lágrimas. Hubo un apretado abrazo entre ambas hasta que Diana bajó los más de 30 escalones que la separaban de la salida del teatro, a unos metros del Parque Los Poetas, y de la emblemática y céntrica iglesia La Ermita. “Se sintió bien”, dijo, mirando a su alrededor, a los peatones que pasaban a su lado hasta que ese rato de libertad finalizó cuando le juntaron las manos y escuchó ese clic de las esposas al subir al carro que la llevó de regreso a la cárcel de Jamundí. Pero Diana lloraba y sonreía porque había visto a su niña.

Diana se sintió bien. Miró a su alrededor, a los peatones que pasaban a su lado hasta que ese rato de libertad finalizó cuando le juntaron las manos y escuchó ese clic de las esposas

Ahora, esta bogotana tiene más esperanza porque anhela que los seis meses que le quedan en la cárcel de Jamundí transcurran rápidamente. Vuelve y dice que aprovechará esta oportunidad para tomar decisiones acertadas y gozar de manera definitiva la libertad al lado de lo que más ama: sus dos hijos, de los cuales, sintió a la mayor en esos 60 minutos de libertad que le regalaron sus poemas.

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