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Actualizado 09:27 a.m. - miércoles 23 de abril de 2014

Colombia 09:00 p.m.

Mujer que perdió movilidad de piernas dicta clases de patinaje

Mujer que perdió movilidad de piernas dicta clases de patinaje

Milena (izq.) y Aleyda (der.) son ejemplo de superación. Con su escuela Trueno, además de patinaje, enseñan sobre la vida.

Foto: Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

A pesar del accidente después de que una buseta la atropellara. Ahora, le enseña a 80 niños.

A leguas se le notan las ganas de vivir. Su amor por el movimiento, su amor por el deporte, su amor...

Esa tarde de lunes, con un sol de los venados que teñía de rojo al parque San Andrés, en Engativá, Aleyda Gil, como es usual en sus clases, volvió a animar con un concierto de aplausos a sus pupilos, que imitando a gacelas provistas de rodachines, le pasaban al lado. La saludaban.

Hace tiempo que su silla de ruedas dejó de ser un impedimento para que dicte clases de patinaje a más de 80 niños y jóvenes, que le confían sus sueños deportivos.

Es entonces esta la historia o la paradoja misma entre la quietud y el movimiento: ¿A quién se le ocurriría que una mujer que no puede mover las piernas ni un centímetro se le mida impartir clases de patinaje?

La respuesta es la propia Aleyda. La mujer a la que un conductor de buseta irresponsable la atropelló en una esquina del barrio Villas de Granada, en 1994, robándole, de paso, el derecho a caminar.

"Tuve que aprender a hacer todo de nuevo. A coger la cuchara, a escribir mi nombre...", cuenta Aleyda, como para exorcizar el dolor que le produjo aquel infortunio.

Cansada de sentirse inútil sin serlo, Aleyda imaginó que podía hacer realidad su sueño de fundar una escuela de patinaje. Pensó que, a pesar de no poder calzarse los patines, si podía enseñar: por algo había dictado clases en un colegio durante años.

Así, en el 2006, arrancó la carrera de la escuela de patinaje Trueno, una familia de deportistas que entrenan los lunes, miércoles y viernes por la tarde, sagradamente. Aleyda no estuvo sola en ese proceso, a su lado siempre ha estado su hija Milena, quien por esas cosas inexplicables del destino también perdió buena parte de la movilidad de sus piernas a causa del síndrome de Guillain-Barré, que la atacó hace 2 años.

"Nos hemos ganado un espacio. Al principio nos llamaban el 'club de las discapacitadas'", critica Milena, en compañía de su hija Meryanny Moya Gil, de 15 años, y quien hace parte del equipo de Trueno.

La escuela, además de enseñarle a sus afiliados sobre las técnicas y las generalidades de una de las disciplinas que más glorias le ha dado a Colombia, también les da la mano a aquellos niños bogotanos con talento, pero sin recursos.

Es el caso de Javier Patiño, de 15 años, quien se deslizaba por las calles del Quirigua en unos patines viejos hasta que fue vinculado a Trueno donde hoy en día es una promesa de ese deporte.

"Ella es una guerrera, le debo mucho", agradece el joven, al tanto que destaca la labor de su profesor Enrique Saldaña, considerado por los deportistas de la escuela como todo un 'padre'.

La noche cae en el parque San Andrés y Aleyda aclara que la gran recompensa que le deja su esfuerzo es cuando los niños más pequeños "me pican el ojo".
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