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Actualizado 10:04 p.m. - sábado 19 de abril de 2014

Colombia 03:18 p.m.

Calibre 38, el arma culpable del 66% de los homicidios en Colombia

Calibre 38, el arma culpable del 66% de los homicidios en Colombia

Revista DONJUAN le cuenta cómo actúa este revólver en las noches colombianas.

PRIMER BALAZO

Ciudad Bolívar es una ciudad dentro de Bogotá. Una localidad inmensa construida sobre los cerros surorientales en la que viven cerca de 700.000 personas y conocida por ser la más violenta de la ciudad. El Hospital Vista Hermosa queda en Ciudad Bolívar y muy poca gente sabe su nombre. Lo llaman simplemente el Hospital Ciudad Bolívar. El sábado por la noche, en el CAMI Manuela Beltrán, uno de los Centros de Atención Médica Inmediata del Hospital Vista Hermosa, Claudia Quintero, médica general de la Universidad de La Sabana, tuvo que recibir, una vez más, a un herido de bala.

Carlos Quiroga*, un joven de diecisiete años, estaba en una fiesta. Bebió aguardiente, fumó marihuana y observó a las chicas que bailaban reggaetón en el centro de la sala. El asesino de Carlos estaba obsesionado con cuidar a su novia hasta de las miradas de los demás hombres y no soportó que Carlos pusiera los ojos en su novia.

-Yo se la canté muy clarito -le dijo el asesino a Quiroga, antes de dispararle a quemarropa tres tiros con su revólver .38 especial.

Quiroga* fue llevado por sus amigos al CAMI Manuela Beltrán, mientras sangraba por el hombro, la pierna y junto al ombligo, en un lugar que la doctora Quintero describió como el flanco derecho. La médica le tomó el pulso, lo llamó por su nombre, le oprimió con su puño el esternón y el muchacho no reaccionó.

Entonces, la doctora Quintero observó que las encías de Carlos se encontraban secas, y su piel estaba extremadamente pálida. El paciente presentaba un shock hipovolémico: Carlos se desangraba y había que estabilizarlo cuanto antes.

La doctora Quintero tomó los brazos de Carlos y a la altura de  la vena humeral, los canalizó con dos agujas. Inyectó suero buscando estabilizar el volumen de sangre que se había perdido. Tenía que trasladarlo a un nivel de atención mayor. Quiroga fue llevado al Hospital de Meissen  y mientras la ambulancia atravesaba las calles del sur de Bogotá, ella acompañaba al paciente con una dedicación a prueba de balas.

Carlos Quiroga ingresó al hospital y fue llevado a cirugía inmediatamente, pero murió en plena operación. Una de las balas del revólver había destruido su arteria femoral y no hubo mucho que hacer.

SEGUNDO BALAZO

El cuerpo de Carlos Quiroga fue abaleado tres veces a quemarropa. Los disparos del hombro y la pierna no lo mataron, el que le propinaron junto al ombligo, sí. La bala perforó la piel y el impacto del proyectil comprometió la arteria iliaca y la femoral.

En su viaje por el abdomen, la bala, a causa de la velocidad y el calor, quemó algunos tejidos y afectó la arteria iliaca, para luego romper directamente la femoral. La ropa y la piel de Quiroga contenían residuos del disparo. A consecuencia del fogonazo y del ahumamiento producido por él, los granos de pólvora quemada se acumularon en la periferia del orificio de entrada.

Un médico patólogo como Héctor Gómez Montero*, del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, reconoce de un vistazo esta marca indeleble y sabe en el acto que la víctima fue asesinada a quemarropa.

TERCER BALAZO

A pesar de que el conflicto armado ha producido millares de muertos en la historia de Colombia, pese a que la guerrilla y el ejército colombiano estén armados hasta los dientes y cientos de kilómetros de zonas rurales estén sembradas de minas antipersona, lo que produce más muertos en nuestro país no tiene que ver con guerrilla ni con paramilitares. Basta mirar las cifras.

Según el Grupo Centro de Referencia Nacional sobre Violencia del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, las minas antipersona cobraron en Colombia en el año 2009, 320 víctimas. Ese año las víctimas por homicidio fueron 17.717, lo que equivale a decir que las minas antipersona, a pesar de su terrible fama, sólo produjeron 1.85% del total de las muertes violentas en el país. El año pasado las cifras fueron similares: del total de 15.912 muertes por homicidio, sólo 388 de ellas son atribuidas a las minas antipersona y otra clase de explosivos.

Según Forensis, publicación anual del Instituto Nacional de Medicina Legal, no es el fusil Galil del Ejército Nacional, originario de Israel y patentado recientemente por Colombia, ni el fusil AK-47 de las Farc, originario de Rusia y patentado recientemente por Venezuela, las armas que más matan en territorio colombiano. La delincuencia común, las guerras entre bandas, el hurto, la extorsión, el fleteo y toda clase de delitos urbanos, son los hechos delictivos que ocasionan el mayor número de homicidios en Colombia.

CUARTO BALAZO

Jorge Pachón* es técnico forense y director de Balística de Medicina Legal Bogotá. Viste una bata blanca, lleva el corte a ras del cráneo y una mirada tranquila que no aparta en ningún momento de su interlocutor. Pachón* ha trabajado 22 años en Medicina Legal, es un hombre curtido en análisis balístico y las dos décadas en su oficio lo llevan a afirmar que el asunto de las armas es también algo generacional.

En la década de 1980 era común que los sicarios del Cartel de Medellín ejecutaran sus trabajos con la subametralladora mini uzi. La mini uzi de calibre 9 mm y de origen israelí fue patentada por Estados Unidos en aquella época. Pablo Escobar Gaviria compró un arsenal de mini uzis y armó a su ejército personal con ellas. Por aquellos años, los sicarios ponían la subametralladora en modo ráfaga y llenaban de balas a sus víctimas, dibujando una cruz mientras disparaban.

Cuando el Cartel de Cali hizo tratos con la mafia mexicana, el tráfico interno de armas aumentó considerablemente. Los hermanos Rodríguez Orejuela necesitaban ampliar sus cordones de seguridad y pactaron transacciones multimillonarias con los capos mexicanos. Intercambiaron cocaína colombiana por armas producidas en Estados Unidos y compradas por los mexicanos.

Con el paso de los años, los grandes carteles en Colombia se disolvieron y las pequeñas franquicias que quedaron, se armaron con pistolas 9 mm y revólveres .38 especial. La sobreoferta de armas ilegales disparó las muertes por armas de fuego en nuestro país y poco a poco el revólver .38 especial se posicionó como el arma con la que más se mata en Colombia.

En el año 2010 fueron reportadas 15.912 muertes por homicidio, de las cuales 12.309 fueron perpetradas con armas de fuego, es decir, 77% del total de los homicidios. Según el Grupo Centro de Referencia Nacional sobre Violencia del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, sólo en Bogotá en el año 2010 se practicaron 3.296 necropsias médico legales por hechos violentos o accidentales.

De los homicidios en Bogotá (1.749), en aproximadamente 62% de ellos (1.077) se empleó el proyectil por arma de fuego. Luego de consultar el Sistema de Información Integrado de la Práctica Forense -SIIPF- en relación con los casos estudiados por el Laboratorio de Balística de la Regional Bogotá, se identificó que de 1.814 muertes causadas por proyectiles de arma de fuego, 1.205 correspondieron a proyectiles de calibre .38, es decir, 66% fueron homicidios llevados a cabo con el revólver .38 especial.

QUINTO BALAZO

Al apretar el gatillo del revólver .38 especial, la aguja percutora golpea el fulminante del cartucho y se produce una explosión de la pólvora negra contenida en la vainilla. La bala de plomo sale disparada a través del cañón del revólver. El túnel de ese cañón, llamado ánima, tiene sobre sus paredes unas líneas en forma de espiral que ayudan a impulsar el proyectil. Esas líneas son llamadas estrías y macizos. Las estrías están marcadas en bajo relieve y los macizos en alto.

Las estrías y los macizos constituyen la huella digital de cualquier arma y su impresión indeleble viaja con la bala a 400 metros por segundo, en un movimiento giroscópico que al impactar en la víctima genera una energía de choque capaz de dañar el hígado o el corazón. Si la bala destruye tejidos, pero no impacta ningún órgano vital, la energía cinética que desprende de su vuelo giratorio reventará algún vaso importante y producirá una hemorragia fulminante, con una lógica similar de destrucción a la que tienen las ondas explosivas de un carro bomba.

Para la delincuencia común y los sicarios profesionales el revólver .38 especial posee dos ventajas. La primera, su bala está hecha de plomo. Este material tiene más poder de destrucción que el proyectil de cobre, que es con el que están hechas las balas de las pistolas 9 mm. Al ejecutar un trabajo, el sicario profesional prefiere el revólver .38 porque sabe que con uno o dos disparos en la cabeza su labor queda bien hecha.

Además, las pistolas tienden a encasquillarse y esto no es bueno para la rapidez que requiere el sicariato. La segunda y más importante ventaja es que al disparar un revólver .38 la vainilla queda alojada dentro del tambor del arma. Con el uso de una pistola, la vainilla sale expulsada por la recámara, dejando evidencias en el lugar de los hechos.

El revólver .38 especial es el arma con la que más se mata en Colombia porque es la que se consigue más fácil. De manera legal, el revólver .38 cuesta entre 1'800.000 y 2'000.000 de pesos en Indumil, la Industria Militar Colombiana. Sin embargo, no es de manera legal como este revólver llegó a ponerse en lo más alto de este escabroso podio.

El mercado negro de armas se considera un negocio lucrativo en el país y aunque en su mayoría las armas provienen de casas productoras de fama internacional como Smith and Wesson o Llama, luego de que un lote de armas es vendido, el comprador hace con él lo que le viene en gana. En Bogotá existen lugares donde las armas se venden a precios ridículos; lugares donde las armas se alquilan para cometer ilícitos y poder ser alquiladas de nuevo.

Luego de conversar -en diferentes momentos y lugares- con algunos policías que patrullan las calles del centro de Bogotá, un patrullero, un agente y un auxiliar bachiller me recomendaron el mismo sitio, me dieron las mismas coordenadas para acceder al arma más mortífera en Colombia: debía visitar La Ele, debía meterme en el nuevo Cartucho para encontrarme con la Reina de la Muerte de los colombianos.

SEXTO BALAZO

Es sábado por la tarde. Me tomo un tinto recalentado en una tienda de la Plaza de los Mártires en el centro de Bogotá. En el costado occidental de la plaza se encuentra la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús; en el costado sur, el Batallón de reclutamiento del Ejército Nacional.

Entre el Sagrado Corazón de Jesús y los fusiles del Ejército está ubicada La Ele, el nuevo Cartucho, que tuvo que cambiar de nombre y conformarse con un espacio más modesto. Vigilo La Ele mientras acabo el tinto y reúno el valor para aventurarme dentro de ella. Me acerco hasta donde un hombre que tiene el pelo como un estropajo y la ropa tan negra como sus dientes. Le propongo que  me acompañe a dar una vuelta por La Ele mientras le enseño un billete de dos mil pesos.

"El Samuel" acepta y nos adentramos en un callejón rodeado de casetas y toldos cubiertos con plásticos negros. Los toldos, acondicionados con sofás y poltronas sucias, sirven como salas donde hombres, mujeres y niños, fuman marihuana, preparan "carritos" o pipas de bazuco, aspiran pegante y toman cerveza con total tranquilidad. Las casetas, ocupadas por vendedores, ofrecen todo tipo de drogas. El suelo de La Ele es un lodazal en el que resulta inevitable hundirse y embarrar los zapatos. Aquí se consigue de todo, "¿cuánto vale una pistola?", le pregunto a Samuel.

-Depende de la que quiera.
-Un revólver .38.
-Ah sicas, un guayo vale cuatro gambas.
-¿Cuatro mil pesos?
-Nooo: cuatrocientos mil.
-¿Y puedo conseguir algo más barato?
-Pero ahí si le toca uno chizo. No la de seis balines original.
-¿Uno de fabricación casera?
-Uno chizo.
-¿Cuánto?
-Ochenta lucas, tiene un solo balín, pero mejor venga por la noche y lo compra de una. La flecha no está y  en las noches aquí es mejor.

En su mayoría, estas armas son robadas y los robos, generalmente, están acompañados con el asesinato del portador del arma. Así como generaciones anteriores conocieron en la mini uzi a su arma más letal, a esta generación de colombianos le correspondió el revólver .38 especial como la número uno en homicidios.

Según las proyecciones de algunos especialistas, la pistola 7.65 mm es la gran candidata a reemplazarlo. Otros hablan de la pistola 9 mm como la posible sucesora. Las apuestas quedan abiertas. El tambor del revólver seguirá girando.

Partes de la calibre 38

1. Armazón 
2. Barita del extractor
3. Cilindro con extractor y pasadores
4. Cañón
5. Percutor
6. Gatillo o disparador
7. Bulón
8. Pestillo
9. Tope del cilindro
10. Corredera
11. Levante
12. Tapa lateral
13. Punto de mira
14. Palanca de disparo
15. Biela del cilindro
16. Muesca de mira
17. Pasador de mira
18. Tornillo elevador de la placa trasera de la mira
19. Perno de bloqueo
20. Aguja percutora
21. Pasador de la aguja percutora
22. Tornillos del punto de mira
23. Pasador del perno de bloqueo
24. Pasador del cañón
25. Guía del muelle del perno
26. Tornillo de la muesca de la mira
27. Pasador central
28. Tope del muelle del extractor
29. Tornillo dela muesca de mira
30. Tornillo elevador
31. Tornillo del pestillo
32. Tornillo izquierdo de sujeción de la tapa
33. Tornillos inferiores de sujeción de la tapa
34. Tornillo superior de sujeción de la tapa
35. Varilla del muelle del percutor
36. Soporte basculante
37. Resorte del bulón
38. Resorte del levante
39. Resorte del bulón de cierre
40. Resorte del pasador de disparo
41. Resorte de la corredera de la mira
42. Resorte del tope del cilindro
43. Resorte del extractor
44. Resorte de la aguja central
45. Resorte de torsión de la biela
46. Resorte de la corredera
47. Resorte del percutor
48. Cacha derecha
49. Anillo de regulación
50. Tornillo de sujeción de las cachas
51. Cacha izquierda
52. Perno de sujeción de las cachas
53. Pasador del seguro
54. Seguro
55. Pasador del tope del cilindro
56. Pasador del levante
57. Pasador de la biela

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