Barranquilla

En Barranquilla, un coleccionista que tiene sus propias reglas

Elías Raad convirtió su apartamento en una especie de museo de figuras y carros a  escala. 

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Raad mandó a elaborar vitrinas en el estudio de su apartamento en el norte de Barranquilla. Allí reposa su colección.

Foto:

Vanexa Romero / EL TIEMPO

18 de junio 2017 , 12:51 p.m.

Un certificado que corrobore su vocación de coleccionista está pensando gestionar el barranquillero Elías Raad Fayad, de 50 años, para que funcionarios de la Dian no le vuelvan a poner problema por llevar en sus maletas figuras de distintos personajes, como le ocurrió hace un par de años cuando regresaba a la capital del Atlántico, procedente de Miami (EE. UU).

Y no era para menos, dado que aquella tarde pretendía ingresar al país unos 300 objetos, entre muñecos, armables de Lego y otras piezas de colección, lo que hizo creer al personal de inmigración que estaban al frente de un comerciante de juguetes.

Tal vez a los funcionarios solo los pueda persuadir de creer en esa tesis el día que Raad Fayad, de sangre libanesa, los invite a su apartamento, ubicado en el sector de Buenavista, en el norte de Barranquilla, el cual luce, por partes, como una especie de museo que se roba las miradas de quién lo visita.

Pero Raad Fayad no es un coleccionista convencional y tiene sus propias reglas, por lo que asegura que lo que le importa es adquirir lo que convenza a su gusto.
Distinto a la mayoría de sus colegas (no pertenece grupos o redes especializadas del tema), a él lo que más le gusta es sacar de las cajas sus nuevas adquisiciones, ubicarlas en las vitrinas que mandó a construir en el estudio de su casa. De esa manera, explica con sigilo, fortalece su espíritu contemplativo.

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En una pared especial están las figuras de sus bandas favoritas de Rock. Raad tiene una colección de vinilos y más de 12 mil discos compactos de distintos géneros musicales.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

Admite que le apasiona observar las más de mil figuras, entre superhéroes de todo tipo, personajes de las Guerras de las Galaxias, Las Tortugas Ninja y Power Rangers, entre muchas otras franquicias.

Afición desde pequeño

En sus primeros años de vida, cuando residía en Maicao (La Guajira), poco antes de que su familia se mudara a Barranquilla, Raad comenzó a cultivar su gusto por coleccionar cosas.

Cuenta que en ese entonces su interés giró en torno a los historietas o ‘paquitos’, como se le conoce en la región Caribe.

“Me iba a las esquinas y solo me interesaba tener las revistas que llegaban a Maicao, entre ellas, las de Memín, Kalimán, Arandú, Tamakún, Águilas Solitarias, Sandokán y Juan Sin Miedo. También los álbumes de los mundiales de fútbol y hasta el de Chocolatinas Jet”, cuenta.

En la adolescencia, ya en Barranquilla, el interés cambió por el de recaudar discos de vinilo y casetes de artistas del género balada como Lupita de Alesio y Miguel Bosé, entre otros, lo que conforme a los avances de la tecnología lo llevó a iniciar la colección de más de 12 mil discos compactos que hoy ostenta.

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Este barranquillero, de ascendencia libanesa, está convencido que seguirá comprando figuras a pesar de que cada vez cuente con menos espacio en su apartamento.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

Mientras crecía, enfrentando cada una de las etapas de la vida, Raad Fayad fue cambiando su gusto musical que de seguir al Rock anglo de finales de los años 70 y comienzos de los 80, mutó a las propuestas más pesadas del Heavy metal.

Y fue en la época universitaria, en medio de su pasión por bandas como Iron Maiden, Led Zepelín y Kiss, que conoció lo que era comprar figuras a escala de cada uno de los músicos que admiraba.

“Así comencé a darle cara a esa colección de los muñecos de mis grupos de rock. A esos los tengo en una pared especial que se roba las miradas”, sostuvo.

Y es que Elías es el más feliz de mostrarles a quienes lo visitan su colección.
A lo largo de las vitrinas iluminadas en las que la guarda es capaz de hacerles un tour e ir explicando en qué viaje compró una u otra figura o cuál fue la persona que se la hizo llegar.

Al mismo tiempo que sabe que no tiene más espacio dónde guardar muñecos o vehículos de todo tipo (tiene más de 5 mil y es fiel seguidor de las colecciones de EL TIEMPO), asegura que no está dispuesto a dejar de comprar. Y lo dice seguro, pero como en tono bajo, para que no escuche Susan Ancínez, su esposa, quien lo ha apoyado como coleccionista, pero que no titubea al decirle “que ya está bueno de acumular cosas”.

“Mucha gente ve la colección de Elías como si fueran solo juguetes. Pero yo sé que son más que eso y me gustan mucho algunas figuras, pero soy consciente de que no hay más espacio”, dijo Ancínez, quien se destaca en la ciudad como pintora.

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En la colección de Raad Fayad, que está compuesta por más de mil figuras, hay una poco convencional. Se trata de la del Papa Juan Pablo II.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

‘Mi propio museo’

Hace un año, la colección de Raad Fayad estaba en desorden y acumulada sobre la cama del cuarto de huéspedes, pero un día decidió mandar a hacer las primeras vitrinas que, creía, eran para guardar los discos compactos, pero que hoy hacen lucir resplandeciente su museo.

Hechas en vidrio, con iluminación son el espacio ideal para que se luzcan cada una de las piezas, en especial sus consentidas, entre las que se destacan la réplica en Lego de R2-D2, el robot de Las Guerras de las galaxias y la lucha entra Hulk contra uno de los enemigos de la película Los Avengers, de Marvel.

“He pagado poco más de un millón de pesos por algunas piezas, pero siempre estoy buscando ofertas en la web y los distintos almacenes especializados. No soy un coleccionista de culto, pues tengo mis propias reglas”, reiteró.

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Así lucen las vitrinas que Elías Raad mandó a hacer en su apartamento para exhibir exclusivamente su inmensa colección.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

Hombres Araña en todos los colores y modelos, Superman en distintas presentaciones, así como varios muñecos de Batman con sus accesorios y los respectivos villanos que los han acompañado en las historietas resaltan entre la impecable colección que promete ser más grande cuando organice el sinnúmero de piezas que por falta de espacio permanecen en las gavetas y los escaparates del apartamento-museo.

Aunque cueste creerlo, Elías Moisés, su hijo de 5 años, no se impacienta por contemplar las figuras que colecciona su padre.

Sin embargo, el niño es el más feliz cuando cree que entre sus juguetes hay alguno que su padre no tiene. Ambos juegan a armar Legos, mientras el pequeño ni sospecha que está al frente de parte de su herencia.

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Elías Raad, con dos de las piezas que más le gustan de su colección.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

Andrés Artuz Fernández 
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla. 

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