Barranquilla

Guayaquil, el milagro que busca Barranquilla

En 2011, el alcalde Alejandro Char viajó a esa ciudad ecuatoriana para ver su transformación.

Guayaquil

o es el malecón de Barranquilla. Se trata de un espacio similar, el Malecón 2.000, con 2,5 kilómetros.

Foto:

Andrea Moreno/ELTIEMPO

26 de noviembre 2017 , 12:06 p.m.

Lejos de lo que muchos barranquilleros y turistas desprevenidos piensan, en especial aquellos que se caminan por el sector de Buenavista, en el sentido de que Barranquilla tiene su mirada hacia Miami, en Estados Unidos, para las autoridades locales el ambiente de la capital del Atlántico no se inspira en la ciudad del sol.

Si bien Miami siempre ha inspirado a muchos barranquilleros, quienes además de haberse instalado allá realizan intercambios comerciales y exportan muchos bienes y consumos, el faro que desde hace unos 10 años sigue Barranquilla está hacia el sur, en Guayaquil, Ecuador, ciudad que se ha convertido en el ejemplo a seguir, por las cosas buenas que le están pasando.

Guayaquil es la ciudad más grande y poblada de la república del Ecuador; con cerca de tres millones de habitantes en su área metropolitana, lo que la alinea entre las capitales más grandes de América del Sur.

Es además un importante centro de comercio y de desarrollo industrial, por lo que se le llama la capital económica de Ecuador, donde se destaca entre las ciudades ecuatorianas por su elevado uso de tránsito masivo, y por su recuperación de los espacios públicos.

Son estos desarrollos los que desde hace unos 10 años la clase dirigente, comerciantes y gremios de Barranquilla han venido siguiendo con lupa y los ha llevado a organizar misiones para conocer en el terreno en qué consiste el éxito de una ciudad que tiene muchas similitudes a ‘La Arenosa’.

Estos parecidos están en aspectos como que son capitales portuarias, que se encuentran en las desembocaduras de ríos. Mientras Guayaquil es bordeada por el Guayas, que va al Océano Pacífico, Barranquilla lo está por el Magdalena, en su camino al mar Caribe.

Ambas ciudades son centros y motores industriales, de comercio, de climas calientes, con gente de temperamento similar, que se entienden fácil los unos con los otros, porque tienen la misma idiosincrasia, forma de pensar y ver las cosas.

Desde el 2011 Barranquilla y Guayaquil han es establecido convenios de transferencia de experiencias, para lo cual ya ha habido intercambios de experiencias. El alcalde Alejandro Char, en su primera administración, hizo una misión a la ciudad ecuatoriana para ver de cerca lo que se conoce como ‘El milagro de Guayaquil’.

A las apreciaciones de Char se suman las del gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, quien también es conocedor del desarrollo de Guayaquil.

“Estas similitudes nos permite copiar muchas cosas de las que ellos han hecho. Y es que van más adelante que nosotros en algunos aspectos como el manejo de algunas obras públicas, por eso lo que queremos es tener esa posibilidad de intercambiar. Uno puede dar unos saltos gigantesco si en vez de estas inventando el agua o la pólvora, va a donde quien la tiene y avanza en el procesos de creatividad institucional y eso lo han hecho”, sostuvo Verano.

Guayaquil

Así luce el primer tramo del Gran Malecón con el que Barranquilla comenzó a darle la cara al río.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Guayaquil y su momento

A propósito, esta semana estuvo en Barranquilla el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot Saadi, en el Foro Ciudad Metropolitana: integración para la competitividad, organizado por el Centro Empresarial del Atlántico, en donde el burgomaestre ecuatoriano expuso los logros que ha desarrollado en su ciudad y que denominó ‘La transformación planificada de Guayaquil’.

Nebot comenzó su intervención señalando que en los últimos 17 años ha sido 4 veces alcalde electo. “No hemos aprendido a hacer milagros en la administración, solo hemos hecho las cosas bien, con honestidad, solidaridad, eficacia y conocimiento, al igual que en la empresa privada se logran cosas. Y si no, se quiebra políticamente o empresarialmente”, sostuvo.

Recordó que cuando llegó Guayaquil era vista como la Calcuta de América del Sur, una ciudad devastada, ética y moralmente, con una pésima cobertura de servicios públicos, falta de pavimentos, sin áreas verdes, el agua potable era llevada en carrotanques, y en más de media ciudad no había alcantarillado.

Otro de los grandes problemas: Guayaquil contaba con 35.000 vendedores ambulantes que generaban problemas de movilidad, seguridad y salubridad, además de ser una gran ‘bomba social’ por todas las problemáticas que arrastraban estas familias.

El éxito de estos 17 años de trabajo los resume en que logró que el 15 por ciento del presupuesto de gasto e inversiones solo se emplee en el gasto administrativo y el 85 por ciento se va a obras públicas y al mejora miento de los servicios públicos. “Aquí es donde está la equidad de este asunto”, enfatiza.

Para lograr esto explicó que el tema de la austeridad en el gasto público es clave y se deben manejar con mucho cuidado las deudas, al enfatizar que los créditos deben ser solo para financiar obras y no para pagar nóminas. “Un pueblo nombra a un alcalde no es para que haga una feria con la plata de los ciudadanos, sino para que gaste en lo necesario y le regrese a los ciudadanos el resto de la plata en prosperidad, bienes y servicios. Si uno cree en eso se puede lograr”, dice.

Hay que hacer las cosas necesarias, en forma honesta, solidaria, y cumplir con los compromisos. Lo principal es la prosperidad del ser humano”

Nebot hace 17 años recibió una nómina con 3.985 empleados y hoy tiene 10 empleados menos que los que tenía el alcalde Febres Cordero, al que calificó como buen alcalde, con la diferencia de que el presupuesto y la competencia han crecido siete veces y medio.

Cuando llegó a la alcaldía, Nebot asegura que había medio metro cuadrado de áreas verdes por habitante, pero hoy se estima que supera los 9 metros por construcción propia, “

Pero si metemos los bosques recuperados hemos llegado a 25 metros cuadrado por habitante”, manifestó.

También logró solucionar el problema de esos 35.000 vendedores ambulantes que hoy se encuentran repartidos en 38 plazas de mercado donde han logrado dignificar su oficio y vidas.

Asegura que estas transformaciones no hubieran sido posibles sin el papel de la empresa privada, y que gracias a la imagen que tiene la ciudad ahora. “Hoy día tienen que convivir el Estado, que es insustituible, con la empresa privada que es insustituible. Ese matrimonio bien llevado, haciendo cada cual lo suyo, le permite al sector público incorporar a la ciudad inversiones muy importantes que el Estado local o nacional no puede hacer y que sirven para la prosperidad de los ciudadanos”, anotó.

Por último destacó la importancia de hacer obras que disfrute la gente, y mostró como ejemplo

Leonardo Herrera Delghams
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla.

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