Carrusel

Un plato: Osaka y OSK

"La experiencia (en el restaurante OSK) no es la misma que (en el Osaka) de Santiago".

Omakase

Omakase, plato del restaurante OSK.

Foto:

DIEGO SANTACRUZ

10 de marzo 2017 , 09:48 p.m.

El cuento va así: el peruano-japonés Ciro Watanabe, que es una estrella de la gastronomía latinoamericana y uno de los grandes exponentes de la cocina nikkei –resultado de la fusión entre la cocina peruana y la japonesa–, se dio a conocer a partir del 2009 en Santiago, Chile, gracias a su trabajo en el restaurante Osaka.

Ese restaurante, que está ubicado en el Hotel W de la capital chilena, que tuvo su génesis en Lima (Perú) y que tuve la fortuna de conocer y de probar, fue el que le dio la fama internacional, más allá de sus otras sedes en Buenos Aires y Quito. De hecho, ese local, regentado por Watanabe, llegó a ocupar hace un par de años la posición número 25 en el listado los 50 Mejores Restaurantes de Latinoamérica (hoy ocupa el puesto 43).

El año pasado, esa misma cadena, Osaka, llegó a Bogotá, pero con otro nombre, OSK, gracias a que a los socios les pareció que la gente se iba a confundir con otro negocio local: Osaki.

Así las cosas, su marca en Colombia es OSK-Cocina Nikkei, pero siempre han aclarado, y así lo es, que se trata exactamente de la misma marca de Lima (donde ya hay dos), Buenos Aires, Santiago y Quito. (Entiendo que siguen a Miami y luego a Dubái).

Y sí, aquí en Bogotá tienen lo mismo que en toda su cadena: un local muy bien montado y muy agradable, una atención sobresaliente y la misma carta de los otros, con algunas variaciones mínimas. En resumen, tienen platos hechos en robatayaki, que es la parrilla oriental; una barra de sushi (makis, tamakis y sashimis, todo con toques peruanos); tiraditos, que son los platillos de finos cortes de pescado crudo con salsas japonesas y peruanas (y aquí es donde más se nota ese matrimonio cultural); y otra serie de platos que combinan esos sabores ácidos, picantes y algunas veces dulzones propios de la cocina nikkei (por decir, unos langostinos crocantes con salsa picante de curuba) que, valga la pena decirlo, no es una cocina de antaño, sino reciente.

Pero la experiencia no es la misma que la de Santiago. Creo que le falta la finura, la historia y la experticia de Ciro Watanabe, quien abrió, volvió otra vez y se fue. Y eso no significa que necesariamente deba estar siempre ahí. Ni más faltaba.

Tako Nikkei

Tako Nikkei, del restaurante OSK.

Foto:

DIEGO SANTACRUZ

Por eso debo decirlo con claridad: OSK de Bogotá es un buen restaurante, se come bien y uno sale satisfecho, pero no tiene aquel refinamiento y altura que tiene el Osaka de Santiago, en el que la delicadeza, presente en los cortes, el sabor y la presentación, marca la diferencia. Lo preocupante es que aquí cobran como si fuera igual de excepcional al de Chile. Ambos costosos. He estado en los dos y creo que una cosa es OSK (Bogotá) y otra cosa es, un peldaño más arriba, Osaka (Santiago).

OSK, Cra. 13 N°. 85-25 (Bogotá). Tel.: (031) 631 81 75

MAURICIO SILVA
Para CARRUSEL

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