Carrusel

Después del ‘coach’ emocional, llega el ‘coach’ nutricional

Una terapia que le ayuda a ser consciente de lo que come.

Restaurante Hippie

Queso de cabra al horno con frutos secos.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

21 de julio 2017 , 10:37 p.m.

Paula Silva lleva cuatro años sin lavarse el pelo con champú. Tampoco se pinta las uñas. “No como comidas con ‘químicos’, y menos me los voy a poner en la cabeza o en las manos”, explica esta chef de origen caleño que resuena en la esfera gastronómica de Colombia por ser una ‘coachef’ en Hippie, el restaurante que abrió en Chapinero Alto (Bogotá) hace poco más de dos años. Un local en el que además de servir comida natural, enseñan yoga.

Su talento la precede más allá del misterioso título que la distingue: abrió su primer restaurante hace 12 años en Bogotá, una propuesta de cocina molecular llamada Khemia que, si bien no duró mucho, marcó un hito en la moda gastronómica al introducir al país esa tendencia que arrasaba en Europa. Con 20 años de experiencia, siete títulos profesionales entre nutrición y cocina, sabe que la comida es mucho más que lo que nos llena el estómago. Haberse convertido en profesora de yoga y sanadora por medio de cristales la ayudó a entenderlo. “Lo que comemos es la causa de nuestros mayores problemas, por lo tanto, la primera causa de nuestro bienestar si lo corregimos”, afirma.

¿Qué significa ser una ‘coachef’?

El concepto surgió hace poco más de un año, cuando una amiga me dijo espontáneamente que era una coachef, porque soy una cocinera que está estudiando coaching en nutrición y salud. Me encantó y lo adopté. Lo defino como la combinación entre la cocina pura, o sea, la cocina natural, y la transformación holística del ser.

¿La transformación…?

Holística. O sea, la transformación total de uno. Sanar cuerpo y alma por medio de la cocina pura. El coach holístico es quien ayuda a la persona a encontrar por ella misma de dónde vienen los problemas que tiene. Uno no es lo que come, uno es lo que siente; y si tu alimentación gastronómica y tus otras alimentaciones (tus relaciones, tu espiritualidad, tu carrera, el ejercicio físico) están mal, nunca vas a adelgazar ni te vas a sentir bien.

¿Tan importante es lo que comemos para nuestra salud emocional?

La mayoría de los problemas que tenemos tienen que ver con cómo nos alimentamos. Las comidas afectan cómo se inflaman nuestros órganos, algo que sucede siempre que nos enfermamos. El gluten y los lácteos, por ejemplo, inflaman muchísimo más nuestros órganos; o sea, nos enferman más.

Iguala la cocina natural con una cocina pura. ¿Por qué?

Porque la tierra nos da exactamente lo que necesitamos y la industria nos está vendiendo necesidades que no existen. En el momento en el que producir alimentos se convirtió en una producción solo de dinero, todo se embarró.

¿A qué tipo de necesidades se refiere?

Por ejemplo, a la necesidad de ‘las tres comidas diarias’. Uno debería comer cuando le da hambre, no necesariamente por horas. Otra mentira típica es la de que solo hay proteínas en las carnes, cuando se pueden encontrar en la quinua, en el kale, el brócoli, en casi todas las hojas verdes.

Había trabajado en otros proyectos de restaurantes antes, como de cocina molecular…
En ese momento, hacia el año 2005, estaba de moda en el mundo, pero después de varios años de decir que no quería más restaurantes, fui a la India y me volví profesora de yoga. Acá, en Colombia, aprendí a sanar a través de los cristales. Siempre fui muy espiritual, desde mi crianza. Esos dos procesos me llevaron a pensar en cómo nos estamos alimentando, qué nos estamos metiendo al cuerpo y qué daño le estamos haciendo al planeta al comer lo que comemos. Mi propósito como coachef es crear programas de alimentación que generen consciencia y transformación sobre lo que se consume y cómo nos afecta.

¿Cómo sé si me está haciendo daño algo que como todo el tiempo?

Para saberlo, yo recomiendo una dieta de eliminación. Se trata de alimentarse durante dos semanas de cierto tipo de comidas (por ejemplo, solo frutas y verduras) y después de ese tiempo introducir poco a poco los alimentos que sospechas que te pueden estar haciendo daño: durante dos días comes lácteos; durante otros dos días dejas los lácteos y comes pan. Y ahí el cuerpo empieza a reaccionar y sabrás cómo te afectan.

No se me puede pasar… ¿Cómo se lava el pelo?

(Risas). No necesito champú de aloe vera, sino el aloe vera. El bicarbonato quita la grasa del pelo; también uso el agua de romero, y como acondicionador, el vinagre de manzana y el aceite de coco son superbuenos.

Respire, agradezca y mastique mucho...

Coma por hambre física, no ‘emocional’. No lo haga por ansiedad, estrés o aburrimiento, sino porque siente que su cuerpo lo necesita.

Revise las etiquetas de los productos que compra. Pregúntese qué componentes tiene (carbohidratos, conservantes, etc.) e investíguelos.

Evite los productos refinados, como el azúcar o la sal. Todos los productos pierden vitaminas y minerales al pasar por un proceso de refinamiento. Opte por panela y sal marina.

Agradezca el alimento que tiene al frente antes de comerlo.

Y respire profundamente antes de empezar a comer para no hacerlo de forma apresurada. Mastique varias veces cada bocado.

¿Qué es la cocina pura?

Es alimentación consciente y lo que nos lleva a comer saludablemente. Todo un estilo de vida. El problema es que ya la palabra ‘saludable’ a la gente le da jartera, pero debería ser al revés. Mientras más natural se coma, mejor se está alimentando. Y ojo: saludable no es igual a vegetariano ni vegano. Si usted es vegetariano y come cuatro paquetes de papas fritas y una malteada… Pues no.

Lo más importante del proceso de alimentarse es que existe una bioindividualidad: cada cuerpo reacciona diferente a ciertos ingredientes. Por eso aprenda a reconocer cuáles alimentos le caen bien y cuáles no.

Sea consciente de lo que compra y pregúntese qué mercado está apoyando porque incluso lo que etiquetan de ‘orgánico’ puede no serlo tanto. Puede tener químicos dañinos para el cuerpo.

Recuerde, un producto natural es el que da la tierra. Son las zanahorias en toda su variedad de colores más allá del naranja (también hay violetas) que encontramos en el mercado campesino. Por lo tanto, nada que esté en paquete es natural. Claro, eso no excluye que productos de una plaza de mercado hayan pasado por procesos químicos, pero definitivamente hay unos menos nocivos que otros.

MARU LOMBARDO
Redacción CARRUSEL

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