Carrusel

Los secretos del expediente J Balvin

Atormentado, víctima de ataques de pánico, ícono de moda, infiel e hiperactivo. Entrevista.

J BALVIN

Chaqueta vintage, de Search and Destroy.

Foto:

Felipe Loaiza. Producción: Carolina Baquero. Maquillaje: Manuela Uribe.

25 de mayo 2017 , 04:36 p.m.

De un lado, los amantes del reguetón. Del otro, los que lo odian. Cuando se habla de este género musical parece que no hay términos medios. Se es de un bando o del otro. Lo quieres o lo desprecias. Sin matices. Y después está José Álvaro Osorio Balvin (Medellín, 1985). Reguetonero atípico, lejos del cliché. Ni letras que denigren a las mujeres ni machismo desbordado. 

Ritmos pegajosos, experimentación y escenarios a reventar. Dos Grammys latinos, varios premios Lo Nuestro, otros tantos Billboard de la música Latina y cifras de vértigo: fue el primer artista latino en alcanzar las 1.000 millones de vistas con un video (Ay vamos) y el Record Guinnes por Ginza, que se ubicó, durante 22 semanas consecutivas, de octubre del 2015 a marzo del 2016, en el primer lugar de la Hot Latin Songs de Estados Unidos.

Y si hablamos de redes sociales, las cifras no son menores: acumula 16.7 millones de seguidores en Instagram. Más que Madonna, Michelle Obama, Sofía Vergara o Chiara Ferragni. Y tantos como Leonardo DiCaprio. Suma 8.891 publicaciones y llegar a su primera foto toma más de una hora: la publicó el 4 de octubre del 2011 junto al actor Juan Pablo Raba. “El primero que me paró bolas”, cuenta.

El diario The New York Times dijo de él que está reescribiendo las reglas de lo que significa ser una superestrella latina en una época de teléfonos inteligentes y redes sociales. Son los grandes artistas del planeta los que se sienten atraídos. Que se lo digan a Pharrell Williams o a Justin Bieber. No hubo necesidad de lobbies ni de relacionistas públicos que se emplearan a fondo para que ambos quisieran trabajar con él: Williams colaboró en Safari, y Balvin se sumó al remix latino de Sorry, de Bieber. Balvin me contó que la única condición que puso Bieber para acompañarlo en un concierto en Los Ángeles fue que hubiera chicas lindas. Se lo dijo entre risas. Y no tardó en aparecer en el recinto.

El pasado 7 de mayo, en otro concierto, llegó a los 32 años cantando en inglés en los Premios MTV Movie & TV Awards. Lo hizo de la mano de Pitbull y de la cubano-mexicana Camila Cabello. Interpretaron Hey Ma, la canción principal de la banda sonora de Rápidos y furiosos 8, una saga que mueve millones en el cine. Por algo Nicky Jam dice que el reguetón es el nuevo pop del mundo.

Por algo Despacito, la canción que hicieron juntos Daddy Yankee y Luis Fonsi y en la que después participó Justin Bieber, acaba de hacer historia al treparse al número uno de la lista Hot 100 de Billboard. Algo que no ocurría desde Macarena, en 1996.
Balvin sabe que parte de su éxito está en que va en contravía.

Lo sabe y le encanta. ¿A cuántos reguetoneros invita Chanel a un desfile en París? ¿Cuántos han sido embajadores latinos de la New York Fashion Week? ¿Cuántos son imagen de la marca suiza de relojes de lujo Tag Heuer? ¿Con cuántos puedes hablar de moda? La música, dice él, es un instrumento. Una forma de alcanzar su principal objetivo: convertirse en un referente latino en el mundo, y eso pasa por el diseño y todas las formas posibles de arte (el próximo julio, en el marco del año Colombia-Francia, se tomará la exclusiva tienda Colette, en París, junto al diseñador Esteban Cortázar. Allí presentará un saco de sudadera creado por él mismo en colaboración con Cortázar).

José Álvaro Balvin me recibe en su casa de Llanogrande una mañana cálida de marzo. Una vez terminada la sesión de fotos, se dispone a conversar. En una mano, una botella de agua tamaño XXL. En la otra, una taza de café.

¿Cuántos cafés se toma al día?
Cuatro. Me levanto a las siete de la mañana a hacer unas dos horas de ejercicio y ahí me tomo el primero.

Le escuché decir que para aguantar en este negocio hay que estar sano…
Si uno realmente quiere tener una carrera, la alimentación y el deporte son lo principal.

¿Siempre ha tenido hábitos saludables o es algo a lo que llegó con su carrera?
Tiene que ver con mi carrera. Cuando era adolescente sufrí sobrepeso, llegué a pesar 125 kilos. Caí en una depresión muy fuerte y entendí lo que significan esos problemas.

¿Se repitieron los episodios de depresión?
Se fueron repitiendo, sí. Abusar del trabajo, no descansar bien… Todo eso me produjo depresión. Ahora trabajo más que antes, pero…

¿Qué ha cambiado?

Que tengo el control de mi tiempo, aunque obviamente sigo siendo muy trabajador. Trato de parar, pero no lo consigo.

¿Hiperactivo?
Sí. Pienso mucho, creo mucho y estoy pensando en el futuro todo el tiempo.

O sea que le cuesta ubicarse en el presente.
Estoy aprendiendo a hacerlo. Desde muy pequeño viví en el futuro. Eso fue algo bueno, pero también malo. Una bendición y una maldición. Lo que me proyectaba hacia adelante me impedía disfrutar los momentos presentes. Claro, por eso desde niño pensaba en cómo iba a ayudar a sus padres. Mi mamá tiene recuerdos míos de mis diez años: yo llorando porque no sabía cómo iba a alimentar a mis hijos. De pronto todo eso fue una programación. Alguna información me codificó, porque si algo tengo claro es que los temores son heredados.

¿Por ejemplo?

Morirme es uno de mis grandes miedos porque sentiría que me falta mucho por hacer. En el caso de mis seres cercanos, siento que la mayoría han hecho muchas cosas y que si un día tienen que cambiar de dimensión lo harán tranquilos.

¿Cambiar de dimensión?
Es que uno no muere porque somos energía y la energía nunca desaparece. Tengo muy presente la reencarnación. Un alma simplemente cambia de estado y vuelve y se materializa.

Cuando era adolescente sufrí sobrepeso, llegué a pesar 125 kilos. Caí en una depresión muy fuerte y entendí lo que significan esos problemas


Así que usted habrá reencarnado. ¿En qué o en quién?
Tengo recuerdos de una pobreza muy extrema que no son de esta vida. Recuerdos de pasar hambre, sensaciones…

Nada que ver con esta vida, que ha sido de privilegios...

Crecí en una familia de clase media alta. Tengo entendido que en algún momento fue alta, pero de eso no me acuerdo. Mi padre se quebró cuando yo tenía 14 o 15 años, y aunque no aguantamos hambre, sí sentí los cambios y mi chip se puso en el futuro porque fue cuando quise sacarlos adelante.

Fue un episodio decisivo...

Por eso la vida es perfecta. Si no hubiera sido por esa quiebra no me habría cuestionado y no me hubiera propuesto sacarlos adelante.

¿Tuvo una infancia feliz?
Fui feliz. Así lo recuerdo. Era una felicidad básica, lejos de lo material. Solo pensaba en disfrutar.

Y creció escuchando música de Metallica y Nirvana… ¿En qué momento llega el reguetón a su vida?
El reguetón llega a mi vida cuando me voy a vivir a Nueva York, a los 17 años. Antes escuchaba mucho rock, rap y heavy metal. En Nueva York fue donde me conecté más con el reguetón. 

Allí llegó después de la experiencia en Oklahoma. ¿Qué fue lo que realmente le pasó con la mujer a donde usted llegó a quedarse para estudiar inglés?
Simplemente que esa señora se encontró a un latino expresivo, cálido y servicial y se obsesionó. Se obsesionó con la idea de que yo era su hijo.

¿Qué le hizo?
Me quitó el pasaporte y el acceso a internet. Me quería para ella, pero no como algo sexual. Nunca quise volver a saber nada de esa historia, pero no tengo resentimientos. Trato de ponerme en sus zapatos. Pienso cómo habrá sido su vida…

Y después del periplo por Estados Unidos regresa a Medellín a arrancar de cero…
Regreso a Medellín, estoy un rato, viajo a Miami, trabajo de ilegal pintando casas, pegando techos… pero no encontré lo que estaba buscando. Y por el miedo al qué dirán no quería regresar como un perdedor. Afortunadamente alguien me hizo caer en la cuenta de que Juanes, por ejemplo, primero triunfó con Ekhymosis en Colombia. Entonces volví y ahí sí empecé de cero.

Suma ya doce años de carrera con una larga lista de éxitos. ¿Estoy ante una superestrella latina?

No, no. Yo no siento eso.

Bogotá fue el escenario más difícil. De bonito no tuvo nada, pero me preparó. Cuando llegó nuestro momento muchas personas nos atacaron. Incluso artistas que no sabían para dónde íbamos


¿Qué siente?
Que soy un supersoñador. Estoy muy agradecido con lo que vivo, pero no me dejo inflar.

¿Qué significa para usted la canción 'Ginza'?

Digamos que Ginza es… la nueva Gasolina (la canción que popularizó Daddy Yankee y que cambió el paradigma del reguetón). Las comparaciones son odiosas, pero digamos que fue algo similar. Con Ginza todo el mundo en la industria empezó a preguntarse qué estaba haciendo ese tipo.

GinzaGinza, video de J Balvin.
J Balvin

Ginza se ubicó, durante 22 semanas consecutivas, de octubre del 2015 a marzo del 2016, en el primer lugar de la Hot Latin Songs de Estados Unidos.


Sus planes también son cambiar la imagen del latino y del reguetón.
Del latino en general, no del reguetón. Cambiar la percepción del reguetón es una tarea fácil; cambiar la percepción del latino es una tarea interesante.

¿Y eso cómo se logra?
Somos países tercermundistas, pero eso no quiere decir que no tengamos la cultura, ni el gusto, ni la educación para estar al mismo nivel que los del primer mundo. No somos el cliché de las películas gringas. Es borrar todo eso. Y de eso me he encargado trabajando para la cultura.

¿Se siente solo en esa tarea?
Somos muy pocos. Algunos no ayudan mucho. Algunos ya trabajamos para que el reguetón crezca, otros a lo mejor no lo hacen crecer, pero es que yo quiero abarcar muchas más cosas. Desde el arte moderno pasando por la música y el diseño. Quiero tener un impacto social de manera positiva, con una estética y por medio de muchos lenguajes.

Digamos que usted ha sido un revulsivo.
Siempre he dicho que mi música es calle, pero elegante. Puedes mantener tu esencia y saberlo contar. Es que cuando tú eres tú estás provocando un impacto porque no estás siguiendo a nadie. No ahora. Pero antes imitaba a Daddy Yankee. Sí, al principio yo era Daddy Yankee. Pero cuando entendí que no hay cama pa‘ tanta gente fui descubriendo mi identidad.

¿Cómo lo consiguió?
Hasta que te das cuenta de que siendo tú empiezas a tener público y que no necesitas seguir a nadie. Hay que ser leal con uno mismo. Si estás haciendo algo que te hace feliz, sigue haciéndolo. Obviamente si hay cosas por mejorar, se mejoran.

¿Cómo cuáles?
La paciencia, la tolerancia… las dos están muy ligadas.

¿Qué lo hace perder la paciencia?
La injusticia y el clasismo.

Vive usted en un país tremendamente clasista. ¿Cómo lidia con eso?
Me da mucha risa. Voy a poner un ejemplo muy estúpido para que sea fácil de entender: se sienten muy Chanel y no conocen a Karl Lagerfeld. Y nosotros, que empezamos en un barrio, en Castilla, en la 68, hemos estado al lado de él, compartiendo. ¿Entiendes?

Entiendo.

El clasismo es superconveniente. Tal vez ante el J. Balvin de hace diez años hubieran dicho ¡uy, no! Pero ahora resulta que Balvin sí es cool. Por eso me da risa.

Así que ha vivido en carne propia la hipocresía de la sociedad colombiana.
Ciento por ciento. De pronto se les olvida que uno tiene memoria. Aunque no lo veo con dolor ni con resentimiento. Simplemente me causa gracia porque si uno es lo que tiene, el día que no lo tenga, ¿qué es? No sé, tengo tanta información que voy a explotar.

Suéltela.
Cuando estaba en mis comienzos… no es que sintiera rechazo social. Pero siempre estaba el estigma sobre el reguetón. Que es esto, que es aquello…

¿Y?
Bogotá fue el escenario más difícil. De bonito no tuvo nada, pero me preparó. Cuando llegó nuestro momento muchas personas nos atacaron. Incluso artistas que no sabían para dónde íbamos. Bogotá fue supermaratónico y había una denigración total del género y ninguna credibilidad.

Todavía hay dudas sobre el género.

Es que no le tiene que gustar a todo el mundo. Pero los números hablan por sí solos. No es mi tarea convencer a la gente.

El mundo de la moda en Colombia no termina de aceptarlo.
Están alarmados porque vengo del reguetón. Si yo cantara una balada o fuera un violinista… Los tengo descolocados. Me encanta. Se las dan de que escuchan violín y no saben qué es un violín. No soportan que un reguetonero como yo esté en la primera fila de cualquier pasarela del mundo.

Y ahí también está rompiendo paradigmas…
Es que eso también hace parte de mi tarea de cambiar el concepto de lo latino. Yo no quiero que nos vean elegantes. Quiero que nos vean cool.

¿Qué diseñadores le gustan?
Jerry Lorenzo, Guillermo Andrade, Haider Ackermann, Esteban Cortázar. Y de las casas, Yves Saint Laurent... Por supuesto valoro muchísimo lo que hizo Coco Chanel.

J BALVIN

Chaqueta Vape y buzo, de Gucci.

Foto:

Felipe Loaiza. Producción: Carolina Baquero. Maquillaje: Manuela Uribe.

J BALVIN

Blazer, de Maison Margiela. Camisa, de Yves Saint Laurent.

Foto:

Felipe Loaiza. Producción: Carolina Baquero. Maquillaje: Manuela Uribe.

J BALVIN

Chaqueta, de Gucci. Camisa, de Yves Saint Laurent.

Foto:

Felipe Loaiza. Producción: Carolina Baquero. Maquillaje: Manuela Uribe.


¿Cómo nació su gusto por la moda?
Por mi mamá, que siempre fue de un lenguaje estético muy agradable y desde pequeño me lo inculcó. Obviamente creo que la moda es muy subjetiva. A alguien le debe encantar lo que me pongo y a alguien le debe parecer horrible. Es normal porque es una expresión.

Lo imagino como un adolescente atormentado…
Tuve una adolescencia muy atormentada porque me cuestioné muchas cosas. La espiritualidad, por ejemplo.

No me extraña. Sobre todo si estudió en colegios del Opus Dei...
Nunca me creí el cuento, así que no soy ni numerario ni supernumerario.

¿Nunca quiso cambiar de colegio?

Hice todo el colegio con el Opus. Tenía mucha personalidad. Yo era el revolucionario, el que llegaba con trenzas.

¿Cómo hizo para que no lo echaran?
Es que era muy buen estudiante y les caía muy bien. Aunque hice unas cagadas horribles. Horribles. Muchas locuras. Las cosas que yo hice en el colegio no las ha hecho nadie.

Cuénteme una.
Nosotros explotamos la casa de los perros del colegio con dinamita.
Ya la religión católica de por sí nos llena de un montón de culpas y de temores.

Siendo un adolescente díscolo, ¿cómo vivió aquello?
Siempre estuve conectado con la organización, pero ni mis amigos ni yo vibramos con eso. De hecho, de toda mi promoción solo una persona es del Opus. Todos éramos conscientes. Imagínate que nos decían que las personas casadas no debían tener sexo con condón.

Puedo imaginar cómo era la educación sexual…
Cero. La descubrí en la calle.

¿De mala manera?
No, de una manera bonita. La descubrí como cualquier otro adolescente.

¿Alguna vez tuvo dudas sobre su sexualidad?
No. Siempre me han gustado mucho las mujeres y he sido superperrito. Pero cuando tenga un hijo sí quisiera hablarle muy claro sobre la sexualidad y la diversidad sexual. Que ser gay no es una enfermedad. Y que lo importante es que sea feliz.

Eso también lo hace distinto dentro de su gremio, que es tan machista y homofóbico…
Es que yo entendí que tengo una misión y que la música es el medio y no el fin. Que me sigan los que me quieren seguir y que me acepten los que me tengan que aceptar y que le cause dudas a quien se las tenga que causar. Si tú me sigues en mis redes sociales verás que no todo es música. Expreso muchas cosas y también lanzo preguntas para que la gente se cuestione.

ROMA - ITALIA 🇮🇹 #tiempodebalvin

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De hecho, una vez escribió en Instagram: ‘A estas alturas de mi vida no necesito más tormentas, más bien calma. Porque guerra me da cualquiera, pero paz casi nadie’. ¿Qué quería decir?
Hablemos desde la industria. Se trata de una industria competitiva y energéticamente superviolenta. Agotadora. Y si te dejas envenenar te vas a enloquecer, te vas a meter en una guerra que no tiene sentido. Por eso nunca me rodeo de artistas.

Antes me llegaba mucha vibra de marea alta, por decirlo así. Ahora estoy buscando en las profundidades. Y eso es lo que me llega, gente interesante, que se cuestiona.


¿No son buena compañía?

Son muy pocos los amigos que tengo dentro del género.

¿Quiénes?
Nicky Jam, Jowell y Randy, Ricky Martin…

Dice que le falta una familia. ¿Cuál es su definición de hogar?

Siempre he soñado con tener esposa y dos hijos. No enseguida, pero tampoco tan a largo plazo.

¿Qué busca?
Una mujer que me ayude a calmar el alma, porque el ego ya lo calmo yo todo el tiempo.

¿Muchas decepciones amorosas?
Sí, pero todo es causa y efecto. También lo he buscado yo.

Claro, uno siempre atrae…
Pero he cambiado. Antes me llegaba mucha vibra de marea alta, por decirlo así. Ahora estoy buscando en las profundidades. Y eso es lo que me llega, gente interesante, que se cuestiona.

¿En qué se equivoca como pareja?
Soy un poco celoso. Pero porque el ladrón juzga por su condición y el que las hace se las imagina.

Apelando al dicho popular, es usted de lo que no hay…
Tengo cositas buenas.

¿Es de los que piensan que amor y celos van juntos?
No, no. Estoy diciendo que es un gran error mío. Me dan unos dolores de cabeza horribles.


Finalmente los celos son inseguridad, miedo…
Son inseguridad. Lo que pasa es que he visto tantas cosas… En este juego del reconocimiento y del éxito me ha tocado ver facetas muy oscuras de los seres humanos que me crean desconfianza a la hora de las relaciones de pareja.

¿Qué ha visto? ¿Cuernos?
Claro. Y en personas supuestamente felices…

¿Cree en la fidelidad? ¿Es usted fiel?
No, por eso no tengo novia. No guardo fidelidad porque no tengo por qué guardarla.

Digamos que se siente vulnerable frente al amor.

Al revés. Soy superblindado. Eso es lo que no me deja tener una relación estable.

O sea que, apelando otra vez al dicho popular, tiene muchos ‘arrocitos en bajo’...
¿En bajo? ¡En alto! (risas). De eso hablaba con mi maestro espiritual. Dicen que los artistas son muy perros. No es que sean perros. Es que están solos. Tú llegas a un hotel, miras para los lados y no hay nadie. Estás solo y te sientes solo. Ahí es cuando empiezas a mirar a ver qué hay…

¿Tan solo como para echarse a llorar?
No, no. Hace rato que no lloro. Hace como dos años que no me pasa. No he podido. Y tengo muchas razones para hacerlo por agradecimiento.

¿Qué se lo impide?

No sé. No he podido. Tengo que sacar esa energía y no he podido.

Sé que sufre de ataques de pánico.

El último fue como hace dos o tres años. Es una sensación inminente de muerte, sientes que te vas, pierdes el control, sientes que te va a explotar el corazón y se te baja la presión. Yo los he superado con medicamentos. Todavía estoy medicado. No voy al psiquiatra, pero él se volvió mi mejor amigo. Cuando le digo que quiero dejar las pastillas me recuerda que estoy en temporada alta en el trabajo. Créeme que quiero dejar las pastillas…

Supongo que la presión dispara los ataques.
Obvio. No dormir y las tensiones, que son bastantes.

¿Cómo se hace para no perder la cabeza en una industria como esta?
Ayer justamente me preguntaba eso. Y lo hablaba con alguien porque me duele ver a una juventud perdida en las drogas. Yo no he necesitado ningún vicio.

¿Nunca coqueteó con las drogas?

No. De chiquito me fumé un bareto. Y nunca más. Creo que eso habla mucho de la fuerza mental que he tenido y que muchos colegas no tienen. Lo que pasa es que no saben buscar ayuda. En esta soledad y en este cuento se buscan falsas compañías y falsos amigos.

TATIANA ESCÁRRAGA
Editora de CARRUSEL
paoesc@eltiempo.com

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