Carrusel

Más amores terrenales, por favor

En la madurez, las relaciones no son una maravilla pero tampoco el desastre temido por muchos.

Amores terrenales

El escritor Adolfo Zableh reflexiona sobre el amor en la madurez.

Foto:

123RF

03 de octubre 2017 , 10:04 a.m.

El amor no es como el de Hollywood, nunca lo ha sido, a ninguna edad. Por eso nos gusta ver películas, porque nos hacen creer que la magia y la emoción son para siempre y que la búsqueda de una relación es más interesante que la relación misma. Las películas suelen acabar cuando los protagonistas están juntos después de muchos obstáculos, pero no nos muestran lo que viene después; claro, la cotidianidad no rompe taquillas. Aun así, soñamos con amores de película donde una multitud nos aplaude después de darnos el primer beso. Qué le vamos a hacer, así somos.

Pero este artículo no se trata de la fantasía del cine, sino de la realidad de la edad. Muchos creemos que a los 40 ya no hay chispas ni mariposas en el estómago y que el amor se convierte más en la búsqueda de alguien, quien sea, para no quedarnos solos por el resto de nuestras vidas y no por el placer de estar acompañados. Muchos vimos en nuestros padres la claudicación del amor. Eran otros tiempos donde quien escogías a los 20 te acompañaba hasta los 80 sin importar lo que pasara, de ahí que a los 30 estuvieran juntos más cumpliendo una condena que por gusto.

Las relaciones a los 40 no son la maravilla que muchos pregonan ni el desastre al que otros le temen. Y me gusta que sea así, que esté en la mitad, porque en efecto tiene de ambos, tantas ventajas como incomodidades. No les creo a los que las defienden como si fueran lo mejor del mundo ni tampoco compro el discurso de que salir con alguien a los 40 es un problema y que es mejor quedarse los fines de semana en la casa rodeado de gatos y series web. Por eso corté con Hollywood y sus amores de película. Si nos pintan los amores juveniles como no son, mucho más se equivocan en los de la madurez, o al menos eso es lo que siento cuando veo a Jennifer Lopez (48 años), Drew Barrymore (42) o a Sarah Jessica Parker (52) protagonizar comedias románticas donde se comportan como quinceañeras erráticas que no saben nada y nada han aprendido de sus relaciones pasadas.

El amor no es como el de Hollywood, nunca lo ha sido, a ninguna edad.

Lo bueno: si usted ha hecho bien la tarea, las relaciones anteriores le han dejado uno que otro miedo que usted ha convertido en experiencia y no en demonios. Es decir, sus rupturas le han aportado más ventajas que rayes. Esa es quizá la primera piedra desde la que se puede comenzar a construir una relación sana en la madurez. Nada de te amaré toda la vida, sin ti no puedo vivir, por qué no me llamaste, quién es ella. Yo en estos tiempos agradezco dar con personas medianamente maduras que no se arman películas románticas ni tampoco de terror; el amor como es: dos personas imperfectas que voluntariamente han decidido intentar estar juntas y dar lo mejor de sí a ver cómo les va. Y aunque la vida es un constante aprendizaje, a los 40 ya llega uno con más de la mitad de las materias aprobadas.

Lo malo: la dejadez. Es común pensar que si no la logramos a los 20 cuando éramos bellos y arriesgados, menos nos va a pasar ahora. Por eso no solo nos abandonamos física sino emocionalmente. Es decir, no solo nos engordamos y dejamos de vestirnos con gracia, sino que nos volvemos unos resentidos que respondemos con ladridos al más mínimo coqueteo.

Sentimientos a un lado, encontrar pareja es como buscar ropa o apartamento, nunca vamos a dar con el que nos enamore completamente, pero hay que adaptarse.

Lo otro: el desespero. Ve uno a esta edad una cantidad de personas buscando como locas, en los descartes, en separados y amigos de la adolescencia y del colegio que antes ignoraron. Pasan con celeridad por Facebook y Tinder a ver de quién se olvidaron, como esperando un milagro. Parece que fuera 23 de diciembre por la tarde y estuvieran comprando la pinta para la noche de Navidad en los descuentos de Zara. Todos embalados y desesperados luego de haber recorrido muchos almacenes, haberse probado cientos de prendas y no haber dado con la que les encajaba perfecto. Es que tal cosa no existe, siempre va a faltar o sobrar tela. Sentimientos a un lado, encontrar pareja es como buscar ropa o apartamento, nunca vamos a dar con el que nos enamore completamente, pero hay que adaptarse. Por eso el amor, el que funciona, con el tiempo se vuelve más racional que pasional y tiene mucho de aguante, pero no por eso deja los sentimientos y emociones a un lado.

Mostrar el hambre de los 40 es fatal. Se lo he dicho a una amiga que apenas tiene 35 y acaba de terminar otra relación fallida, según ella porque el tipo la embaló y después la dejó botada. Quizá él haya obrado mal y la haya ilusionado para retirarse al poco tiempo, pero ella se dejó ir porque sintió que le funcionaba que alguien hiciera el trabajo por ella. Basta con verla para entender que busca como sea y en todos lados una relación ideal que nunca va a encontrar. Luego se estrella contra la realidad, los defectos propios y ajenos y vuelve a sufrir. Que se sentía una fracasada en el amor fue lo último que me dijo. El éxito y el fracaso son mentira, así como los cuentos de hadas. En los amores terrenales hay episodios bonitos y desencuentros, y todos vuelven una y otra vez hasta el fin de los días. Si usted no ha aprendido eso a los 40 y no toma las cosas con calma más allá de que se esté derritiendo de amor, quizá es hora de bajarles a las películas protagonizadas por Jennifer Aniston.

Adolfo Zableh
Para CARRUSEL

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