Carrusel

Cloclo Echavarría y Giovanna Campagna: motores de la moda colombiana

De su mano, marcas como Johanna Ortiz y Pepa Pombo se han abierto camino en el exterior.

Cloclo y Giovanna

Cloclo y Giovanna vestidas de Pepa Pombo.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

22 de febrero 2018 , 11:16 p.m.

“Una flor no está pendiente de la flor que tiene al lado ni busca competir con su belleza. Simplemente, florece”. Con esta singular reflexión, Cloclo Echavarría y Giovanna Campagna —que en los últimos tres años se han convertido en el cerebro detrás del éxito internacional de diseñadoras como Johanna Ortiz, Pepa Pombo y Mercedes Salazar, entre otras marcas—, intentan explicar por qué es necesario que tanto los nuevos talentos como los ya reconocidos en esta industria trabajen en su propio ADN si quieren causar un impacto global y facturar en el extranjero.

Cloclo y Giovanna están muy bien relacionadas en el reñido universo de la moda y por su cercanía con celebridades del entretenimiento y de la realeza y la aristocracia europeas logran que estas fijen su mirada en Colombia. Por eso no es gratuito que la multimillonaria Tatiana Santo Domingo o la condesa Georgina Brandolini, musa de Valentino, lleven en sus cabezas las diademas de iraca que elabora Lucía Echavarría, joven colombiana promesa del diseño de accesorios, por citar solo un caso.

¿Quiénes son Cloclo y Giovanna?
A pesar de que no crecieron en Colombia, este par de jóvenes empresarias dicen amarla con devoción. “Somos lo que somos gracias a este país, y eso siempre nos lo inculcaron nuestros padres”, apunta Cloclo, quien tenía 2 años cuando partió con su familia a Europa, de donde regresó a los 21. Giovanna, su prima, nació en Nueva York y es hija de colombiana y americano, y, aunque visitaba esta tierra con cierta frecuencia, dice que “quería conocerla más y hacer algo por ella”.

Giovanna, de 30 años, y Cloclo, de 29, tienen muchos intereses en común. El que más las identifica es el compromiso social.
Eso fue lo que las motivó a trabajar en moda y a crear hace tres años CREO Consulting, una plataforma que impulsa a los diseñadores colombianos en el exterior. “Yo no hubiera vuelto al mundo de la moda (antes trabajó en revistas femeninas) si no hubiera sentido que así podíamos ayudar al talento nacional”, apunta Giovanna, que tiene un máster en Historia del Arte en Latinoamérica, cursado en Londres, y ahora está terminando un MBA en Administración de Empresas en la Universidad de Columbia.

“En Boston (EE. UU.) me formé en comunicaciones y estudios de género. Aquí regresé a adelantar una especialización en responsabilidad social y desarrollo en la Universidad de los Andes. No pensaba trabajar en moda”, cuenta, por su parte, Cloclo.

Las dos admiten que las seducen los proyectos que llevan el sello de ‘compromiso social’, como ocurre con Colombiana, un documental dirigido por su tía Elena Garcés que muestra los problemas de equidad de género de mujeres en diversas zonas del país. Actualmente están empeñadas en conseguir recursos para sacar adelante esta producción. Paloma & Angostura, la marca de ropa de Pablo Restrepo, un joven bogotano que trabaja con excombatientes de grupos armados, es otro de los proyectos de moda inclusiva que ocupan su atención.

Cálidas y sencillas, estas mujeres han logrado destacar la moda nacional en Financial Times, The New York Times y The Wall Street Journal y en revistas como Vogue, Vanity Fair y W. Además, con su amigo el diseñador Esteban Cortázar pusieron a bailar salsa y reguetón a los europeos en la vitrina Colette el año pasado en París (Francia).

¿Por qué tienen su base de operaciones en Nueva York?

C. E.: Nos hemos dado cuenta de que lo que pasa en Londres se queda en Londres, pero lo que pasa en Nueva York llega a Londres y al mundo. Algún día, Edgardo Osorio, de Aquazzura, me dijo: ‘El mercado más grande y más importante es EE. UU., Europa no se compara. Enfócate allí’. Abrimos una oficina en Soho y cerramos la de Londres, porque a los diseñadores que representamos también les resultaba muy costoso tener dos muestrarios de sus colecciones.

Su empresa se está expandiendo...

C. E.: Sí. Tenemos una nueva socia-directora, Isabela Behrens, venezolana que estuvo siete años en la revista Vanity Fair en Estados Unidos. Ella es la vicepresidenta de prensa y mercadeo.

¿Qué tienen en cuenta para elegir las marcas con las que trabajan?

C. E.: No trabajamos con marcas en las que no creemos. Por más que nos digan: ‘¡Les pagamos!’. Cuando uno vende algo con integridad y porque le gusta se ven los resultados.

¿Qué requisitos piden?

G. C.: Que quieran invertir en nuestro showroom. Los clientes se han dado cuenta de que ha valido la pena. Y deben tener muy buenos diseños y capacidad de producir grandes pedidos.

C. E.: No se trata solo de tiempo y dinero, sino de estar abiertos a los consejos y estar dispuestos a hacer cambios.

Como lo han estado marcas de prestigio como Pepa Pombo o L. A. Cano...

G. C.: Con Pepa Pombo comenzamos por hacer un nuevo lookbook, destacando el mejor lado de la marca para conquistar el mercado extranjero. Hicimos toda una curaduría de cuáles piezas incluir...

C. E.: Y contratamos un fotógrafo en Nueva York, una modelo internacional y una estilista que le dieran una mirada más fresca y renovada a la marca para que cautivara no al mismo cliente que tiene hace más de 10 años, sino a gente joven. Esa fue nuestra misión. Pepa Pombo es un producto único y ella, un genio. No hemos visto nada comparable en el mercado internacional.

G. C.: A L. A. Cano les sugerimos que incluyeran diseños de aretes grandes y chokers, que están de moda, y tomamos piezas que hacían en los 80 y 90. Es regio trabajar con Eduardo Cano porque él siempre está muy abierto a nuestros consejos.

C. E.: Paula Mendoza es la nueva directora creativa de la marca, y esto fue por recomendación nuestra.

A diseñadores de trayectoria les han aconsejado trabajar con expertos en estilismo. ¿Por qué?

C. E.: Cuando vinieron a nosotras Pepa Pombo y Johanna Ortiz les hicimos la misma sugerencia, que necesitaban un estilista. Y nos respondían: ‘Pero ¿por qué si yo soy diseñadora estilista? Yo conozco mi marca’. Pero cuando el diseñador hace una prenda está tan cercano a la colección que no tiene la distancia prudente para ver de manera objetiva cómo se puede combinar.

¿Cuáles son los pecados de la moda nacional?

C. E.: Que hace falta reconocer oficios como el del estilista, del maquillador de editoriales, del director de arte o creativo y de quienes manejan las redes sociales. Aquí no se les ve su valor.

G. C.: Esto último es muy importante, porque si alguien recibe en Nueva York o París una invitación para conocer la colección de un diseñador, lo primero que hace es buscarla en redes.

¿Qué les aconsejan a los diseñadores colombianos que quieren triunfar afuera?

C. E.: Que sean honestos consigo mismos y con su ADN y que no les copien a otros porque les fue bien. Miren a Esteban Cortázar y a Johanna Ortiz, que tienen una estética completamente distinta, pero a cada uno le va muy bien. Cada diseñador debe crear y fortalecer su propia estética.

¿Y qué nos falta para hacer empresas con brillo internacional?

C. E.: Tener más fe y visión. A los colombianos nos falta creer más en nosotros y trabajar juntos. Entender que juntos somos más.

FLOR NADYNE MILLÁN M. @Nadynemillan

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