Bogotá

Niños: ni uno más / Voy y vuelvo

No es el Mundial, pero esto también debería indignarnos y hacerse viral.

Maltrato a menor

Los hechos ocurrieron en el barrio El Cedro. Vecinos advierten que en el sector no hay seguridad.

Foto:

Abel Cárdenas

23 de junio 2018 , 09:15 p.m.

Fui uno de los primeros indignados con el tema de los colombianos que en Rusia se burlaron de ciudadanos de otras nacionalidades o cometieron actos contrarios a las normas establecidas por los organizadores del Mundial de fútbol.

Y, como yo, millones de colombianos se sumaron a esa ola de enfado porque sabemos lo que significa ser un país estigmatizado y vapuleado en el contexto internacional.
Nos ha tomado generaciones enteras quitarnos el rótulo de narcos, traquetos y sicarios, los mismos que vuelven a surgir con cada película o cada serie que se hace al respecto.

Pero, pocas horas después y cuando el repudio nacional era un oleaje que terminó acaparándolo todo –un gesto que habla bien de nosotros como colombianos–, me llegaron las imágenes de la niña brutalmente golpeada por su padrastro en la localidad de Ciudad Bolívar.

Horrorizaba ver su cuerpo de cuatro años lleno de moretones, con evidentes señales de tortura –varias partes quemadas con cigarrillo– y en un estado lamentable. El sujeto, de 19 años, por poco termina linchado por los vecinos del barrio, que hasta lo apuñalaron.

La niña no solo era maltratada por este hombre, sino que, según versiones de la comunidad y de la Comisaría de Familia, también era víctima de abusos por parte de otros miembros de la familia.

Solo por un instante detengámonos en la escena: el hombre llega a su casa –que más parece un rancho abandonado–, borracho; enceguecido por la rabia, la emprende contra la niña indefensa. Por el aspecto físico de la pequeña, debió golpearla a más no poder. No satisfecho con ello, quema partes de su cuerpo. Los gritos alertan al vecindario. Llaman a la Policía. Se llevan al sujeto, pero, extrañamente, queda libre y regresa.

La gente cree, erróneamente, que la justicia deben ejercerla ellos y lo muelen a golpes, mientras en la trasescena una mujer toma a la niña, se la lleva y le da un baño para calmar en algo su dolor y aliviar las heridas. Es solo una suposición. Pero solo imaginar lo que pudo haber pasado lo llena a uno de angustia e impotencia.

Esto también debería indignarnos. Esto también debería hacernos reaccionar. Esto también debería ser viral. Esto también deberíamos condenarlo.

Esto también debería indignarnos. Esto también debería hacernos reaccionar. Esto también debería ser viral. Esto también deberíamos condenarlo. No es el Mundial de fútbol, ya lo sé. No son jóvenes play burlándose de otros o violando la ley.

Es algo peor: son nuestros niños vejados por un antisocial y expuestos a una vida que no pidieron vivir. No es sensiblería, es realidad. No es solo por esta niña, es por toda las niñas, niños y adolescentes que a diario se ven expuestos a situaciones similares. A veces, con resultados fatales.

La pobreza no puede seguir siendo la justificación para actos de crueldad contra los niños, como tampoco lo puede ser para separarlos de sus padres, al mejor estilo Trump.

Si las mujeres han conseguido reivindicar sus derechos y proteger su integridad o al menos exponer su situación a través de consignas como ‘Ni una menos’ o ‘No es hora de callar’, ya es momento de que también empecemos una campaña para que ni un solo niño deba sufrir lo indecible por culpa de nosotros, los adultos.

Y una buena manera de empezar a actuar es dejando atrás la indiferencia. Ese es uno de nuestros males esenciales. Allí donde se sepa o exista evidencia de que un menor está siendo maltratado o abusado; allá donde exista la sospecha de que un familiar, un amigo o un conocido esté agrediendo a un niño o una niña, allá donde todo indique abandono, tenemos que llegar con nuestra indignación como consigna y hacerla pública.

Y denunciar. Y no hacernos los de la vista gorda. Si el país es capaz de unirse para que el nombre de Colombia no se mancille en el exterior, con mayor razón ha de hacerlo para que los más indefensos de la sociedad dejen de ser un episodio mediático y nada más.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Correo: erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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