Bogotá

Indiferentes / Voy y vuelvo

Encuesta Bogotá Cómo Vamos muestra que nuestro papel se reduce a quejarnos y lo demás nos resbala.

Indiferencia en Bogotá

A la gente le importa más su vida personal que la ciudad, sus prioridades son otras y no hay sentido de pertenencia.

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Héctor Fabio Zamora / Archivo EL TIEMPO

18 de noviembre 2017 , 11:00 p.m.

Los resultados de la encuesta de percepción ciudadana del programa Bogotá Cómo Vamos dados a conocer esta semana generan sentimientos encontrados. Es satisfactorio que la ciudad registre indicadores positivos o en recuperación en educación, salud pública y en el incremento de personas que optan más por la bicicleta; cómo no va a ser positivo que 8 de cada 10 esté satisfecho con la atención que recibe la primera infancia o que suba la calificación de la gente con su barrio, casi 70 por ciento, o que aumente en 11 puntos la satisfacción con el espacio público.

En contraste, la imagen del alcalde Peñalosa sigue en declive, la gente pareciera no reconocerle esos logros. Mañana puede poner a rodar el metro y esos guarismos no se moverán. A ello se suma algo que ya habíamos dicho: las expectativas de la gente en temas altamente sensibles en sondeos de este tipo, como TransMilenio o la seguridad, pesan.

Pero hay más en la encuesta que todo lo anterior y es a lo que me quiero referir. Incluso, me atrevo a asegurar que es más dramático que la baja imagen del Alcalde.

Se trata de la indiferencia que exhibimos. Los alcaldes son pasajeros, los funcionarios también; las obras quedan y al final no se les reconoce a sus autores sino a quienes las entregan. Pero quienes vivimos la ciudad, tenemos que sufrirla y gozarla a diario. Somos hacedores de nuestro destino. Y lo que deja ver el estudio, tristemente, es que nuestro papel se reduce a poner trinos, insultar, quejarse y lo demás nos resbala.

Somos apáticos, nos da lo mismo una cosa que otra. Vean ustedes: al 33 por ciento de los bogotanos les es indiferente si esta es una ciudad amigable con los niños, a otro 30 no le importa si el estado de los parques, zonas verdes o la malla vial está bien o mal; a 3 de cada 10 les da lo mismo lo que pase con la séptima y 5 de cada 10 ve poco probable que sea sancionado por violar una norma de construcción o invadir el andén. El 13 por ciento cree que frente a los inmigrantes venezolanos en Bogotá lo mejor es “no hacer nada”.

La encuesta no refleja optimismo frente a hechos tan espectaculares como la visita del Papa, los nobeles de paz o los jóvenes del mundo.

Significa esto que a la gente le importa más su vida personal que la ciudad, que sus prioridades son otras y que no hay sentido de pertenencia. No basta con decir que Bogotá es un buen vividero, ¡hay que convertirla en un mejor vividero!

Pero nos domina la apatía, preferimos dejarle esa responsabilidad al Gobierno y a sus entidades. Y esa actitud solo contribuye a desconocer el liderazgo que otros ofrecen en pro de una mejor ciudad, y cuando nos es indiferente todo, solo puede pelechar el caos y la desesperanza, el coctel perfecto del que se alimentan los populistas para ofrecer sus recetas mágicas de salvación, que nunca llegan porque lo suyo es hacer camino por la vía de la desesperanza.

A propósito: señores del IDU, hay cráteres en la avenida 68 frente al Simón Bolívar y megacráteres en la Boyacá con 72. ¡Por favor!

ERNESTO CORTÉS FIERRO
erncor@eltiempo.com@ernestocortes28

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