Bogotá

‘¡Es la ideología, estúpido!’ / Voy y vuelvo

Todo hace parte del reacomodo de discursos con tal de capturar ese voto ‘ni-ni’ de más 4 millones.

Elecciones presidenciales

Todo hace parte del reacomodo de discursos con tal de capturar ese voto ‘ni-ni’ que más de 4 millones de personas depositaron en las urnas.

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Jaime Moreno / EL TIEMPO

02 de junio 2018 , 11:15 p.m.

La lucha por la captura de votos del centro ha dado para todo. Incluso para que los tildados de ‘guerreristas’ asuman posiciones más benignas frente a la implementación de los acuerdos de paz o para que el radicalismo que sugiere expropiaciones y constituyentes ahora los niegue.

Todo hace parte del reacomodo de discursos con tal de capturar ese voto ‘ni-ni’ que más de 4 millones de personas depositaron en las urnas.

Si no fuésemos el país de doble moral que somos y si nuestros dirigentes políticos fueran consecuentes con el sentir de esa Colombia que se expresó contra populismos autoritarios y caudillismos hirsutos, uno diría que estamos salvados.

Y que, en consecuencia, vale la pena apostar de nuevo para la segunda vuelta. ¿Por qué no creerle a Duque cuando asegura que acogerá las propuestas de Fajardo? ¿Por qué dudar de él cuando dice que no hará trizas los acuerdos de paz?, ¿o que no gobernará con la imagen oscura del uribismo del pasado?

En el mismo sentido, ¿por qué no creerle a Petro cuando jura que en su gobierno no habrá expropiaciones, que no hará una constituyente a su acomodo, que no dará oxígeno al régimen de Maduro?

Muchos estarán respondiendo al unísono: “Por desconfianza”. Exacto, porque quienes no creen en las salidas extremas parten de la desconfianza que les generan ambos bandos. Ese es el mal mayor de nuestros tiempos. Ya lo había expresado aquí: la desconfianza es fruto del odio, el revanchismo y el estancamiento generado por los actores políticos.

No se confía en ellos, ni en las instituciones, ni en la iglesia ni en los medios. Y eso es grave. Por eso, los partidos andan en crisis, por eso es más viral el video de un animal desamparado que el de un niño agonizante. Los jóvenes ahora creen en causas y en figuras afines a sus intereses porque lo demás los llena de desconfianza.

Y yo les doy la razón. Tanta ‘escandalera’, tantos abusos, tanta corrupción, tanto maltrato, tantas muestras de violencia física y verbal están llevando a las nuevas generaciones a desconfiar de todo y de todos. Por eso construyen sus propias realidades o escapan de ellas a través de grupos que crean en redes sociales y dan forma a nuevos ídolos y a nuevas maneras de pensar y ver el mundo. Y allí tampoco está la solución.

Volviendo a los candidatos, está bien que sus propuestas radicales sean objeto de revaluación y ajustes a la realidad de un amplio sector de la sociedad que no quiere gobiernos totalitarios y revanchistas.

Ahora, ¿qué tanto de ese timonazo es real? ¿Qué tanto el ajuste a un programa de gobierno significa un cambio de doctrina? Porque cualquiera puede rearmar un discurso para que guste a la galería, pero ello no significa que se quiera renunciar a la forma inflexible como se ha concebido la política, la democracia o la misma sociedad.

Eso de “vamos a profundizar la Constitución del 91”, como anuncia Petro, por ejemplo, es una puerta que no se sabe a dónde lleva. Parodiando una famosa frase dicha también en tiempos de campaña en Estados Unidos, “¡es la ideología, estúpido!”.

Y es aquí donde vuelve el tema de la confianza. Convencer a los del centro de que un proyecto político radical de derecha o izquierda se permite ajustes fuertes es el reto de Duque y Petro. Y que así como exhiben sin pudor la costra ideológica que los reviste, también son capaces de revelar matices que lleven a la gente a volver a creer.

En últimas: tienen que garantizar que una vez en el poder los fundamentalismos no se impondrán sobre la confianza depositada por los electores, pues una cosa es ser condescendiente y otra parecerlo.

¿Es mi impresión o... el futuro que le espera a la Alianza Verde será el mismo que tuvo la ‘ola verde’ de Mockus y compañía en su momento?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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