Bogotá

‘Las víctimas de El Nogal no somos unos privilegiados’

A 15 años del atentado, representante de víctimas pide a tribunales escuchar la verdad de las Farc.

Atentado el nogal

Al lugar llegan cerca de 200 bomberos y, con el apoyo de 14 máquinas, logran sofocar las llamas cerca de las nueve de la noche. La humareda se prolonga por varias horas.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

06 de febrero 2018 , 08:29 p.m.

No importó que más de 600 personas estuvieran en el lugar, que la ciudad se estremeciera de miedo. Hace 15 años, un carro bomba explotó en el club El Nogal y provocó la muerte de 36 personas y dejó heridas a otras 198. La detonación de 200 kilogramos de explosivo C-4 y amonio dejó una cicatriz imborrable.

Ni los seguros ni el Estado están diseñados para ayudarte

Bertha Lucía Fries vivió la tragedia a su manera, como cada una de las víctimas. Recuerda que hacia las 3 de la tarde arribó al club para cumplir con sus rutinas de ejercicio, pesas y baile. Era una mujer con una vitalidad envidiable.

Todo eso cambió porque segundos después, mientras ejercitaba sus piernas, una especie de nube lo nubló todo. “Yo nunca sentí el sonido de la bomba, solo vi blanco. Era un sentimiento delicioso, pero, como dice mi prima, ‘no había cupo en el cielo’. Me trajeron de vuelta”.

Fue trasladada a la clínica del Country en una ambulancia, pudo contarles a los médicos que sentía cosquillas en los dedos, lo que no sabía era que había sido hallada debajo de una pared. La explicación que le dieron, traumática: su columna estaba pendiendo de dos hilos. Su diagnóstico apuntaba a una posible cuadriplejia.

Lo siguiente fue una cirugía de horas y despertar; sentir que estaba viva sin entender las secuelas de la tragedia en su cuerpo, recibir la visita no solo de su familia, sino de muchas personalidades y, luego, darse cuenta de que su vida estaba hecha añicos y de que los mensajes de apoyo mermarían casi hasta desaparecer. Ese fue el comienzo de su padecimiento; tuvo que recuperarse de los daños físicos y sicológicos y luego, retomar su vida para ponerse al frente de una causa que se convirtió en su obsesión: la verdad y la reparación para las víctimas del atentado. EL TIEMPO la entrevistó acerca de lo que se ha logrado y lo que falta por escucharse.

¿Quién era usted antes del atentado?

Era madre, esposa, politóloga, administradora, una profesional exitosa, era consultora de empresas. También, una deportista: trotaba todos los días, nadaba, levantaba pesas, yo era solo músculo. Todo se lo llevó la tragedia.

¿Qué pasó con toda esa vida?

Me quedé sin nada. Ni los seguros ni el Estado están diseñados para ayudarte. Mi hijo, un bachiller exitoso, se quedó sin universidad y mi esposo, que era profesor en Harvard, tuvo que dedicarse a cuidarme las 24 horas del día. Hoy debemos lo de ocho años y medio de incapacidad, lo que tardó poner este cuerpo a caminar otra vez. Padecí de estrés severo; pensé, incluso, en el suicidio; me daban de comer, me bañaban. Tenía seis horas diarias de fisioterapia, levantar el brazo dolía. Un año después tuve que recuperarme en Estados Unidos. Hubo días en los que yo solo dormía dos horas. El frío entraba por cada grieta de mi cuerpo. Yo escuchaba una ambulancia u olía a quemado y quedaba paralizada.

¿Colombia no era un país seguro para su familia?

No era un país seguro en plena ‘seguridad democrática’. Recuerdo a Marta Lucía Ramírez hablando de la seguridad individual y colectiva. Me pregunto, entonces, ¿por qué se fue a dormir al club?

¿Por qué dice que a las víctimas de El Nogal las olvidaron?

Así fue. Es curioso que piensen que fuimos privilegiados. A nosotros no nos han dado nada, ni una curita. Nos han querido mantener en el ostracismo total.

¿Cuándo decide regresar a Colombia?

Hace cinco años. Comencé a encontrarme con las víctimas, las traía a mi casa. Tomábamos café y llorábamos juntos. Luego pedí permiso en el club El Nogal para hacer esas reuniones, pero la respuesta fue no.

Bertha Lucía Fries

Bertha Lucía Fries padeció el atentado de las Farc al club El Nogal y ahora es representante de las víctimas.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

¿Cuándo se convirtió en un proyecto de vida la reparación de esas víctimas?

Cuando escuché a los reinsertados de las Farc. Yo quería saber por qué lo habían hecho. Pero cuando yo hablé con ellos sin decirles que era una víctima y les pregunté qué harían si vieran a alguno de nosotros y ellos me dicen: “les pediría perdón”, eso fue mágico para mí. Entendí que habían entrado a la guerrilla luego de pasar dificultades terribles con sus familias. Ahí comencé a hablar de reconciliación, pero de una reconciliación con valores. Luego vino el proceso en La Habana, y ahí mi causa creció.

¿Qué es reconciliación con valores?

Lo expliqué en un encuentro que hicieron en el club con las víctimas de la guerra, al cual nunca invitaron a las de El Nogal y al que me metí hasta que hice que me escucharan, a nosotros nos querían meter debajo de la alfombra. Es como cuando el marido te llega a medianoche con flores y luego uno se reconcilia, pero a la semana vuelve y la hace, y vuelve y trae flores, y uno se reconcilia, pero si vuelve y hace lo mismo por tercera vez, yo ya no perdono a mi marido y, más bien, monto una floristería. En la reconciliación tiene que haber compromisos y valores.

...corroboran cómo el socio Fernando Arellán se infiltra en el club El Nogal desde el 2002, burla la seguridad y estaciona el carro bomba en las instalaciones del club

¿Cuál es la verdad que ustedes están buscando?

Las víctimas pedimos que las pruebas del proceso penal adelantado contra las Farc sean utilizadas. Estas evidencias aparecieron en el 2010, pues estaban como reserva sumarial, y corroboran cómo el socio Fernando Arellán se infiltra en el club El Nogal desde el 2002, burla la seguridad y estaciona el carro bomba en las instalaciones del club; también, que este se relaciona con la columna Teófilo Forero de las Farc. Queremos que nos expliquen por qué si dos informantes adjuntan pruebas a la Fiscalía y al DAS de lo que se estaba tramando contra el club y la fiscal que recibe la información comunica esto al DAS, no se previene el atentado. A pesar de la evidencia, el tribunal se ha negado a utilizar estas pruebas por tecnicismos judiciales. Esta decisión ha privado a las víctimas de conocer la verdad y que haya justicia.

¿Por qué no llaman a las Farc como testigos?


Hemos solicitado a los honorables magistrados que llamen a rendir testimonio a las Farc para saber a quiénes iba dirigida la bomba, teniendo en cuenta que estos ahora son personas ubicables y que, como ciudadanos, deben concurrir a los despachos judiciales cuando sean llamados, pero no ha sido posible. Queremos que oigan a los informantes y a la fiscal que declaró en el proceso penal.

¿Cómo fue su paso por La Habana y qué sintió al enfrentar a los ideólogos de las Farc?

Yo ya era otra, trabajaba en el tema de la reconciliación. Lideré talleres en los cuales el resultado era ver a miembros de la guerrilla abrazándose con las víctimas. Fue muy emotivo. Eso hizo que luego me invitaran a Machuca, Cauca. Allá conocí a mujeres abusadas por paramilitares. Ahí comenzó mi apoyo por el Sí al plebiscito por la paz. Yo no quería que nadie más viviera las consecuencias de la guerra. Por eso, después comencé a mandar cartas para lograr un espacio para la reconciliación entre las Farc y las víctimas de El Nogal. Allá pude hablar con ‘Iván Márquez’ y con Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’.

¿Fue duro?

A ‘Iván’ le dije que si el encuentro hubiera sido cercano al atentado, los había partido en tajaditas, pero en ese momento yo estaba defendiendo la paz. Luego, ya en Bogotá, me dijeron que ‘Iván Márquez’ ya no trabajaría en el caso Nogal y que a cargo quedaba ‘Carlos Losada’. Así se logró el acuerdo sobre la verdad, el perdón y la reconciliación de las víctimas del atentado del club El Nogal. Hubo muchas conversaciones previas.

¿Y qué pensó la gente del club de ese encuentro?

El matoneo de algunos fue duro, me quitaron el saludo, sentí la polarización. A pesar de eso se lograron cosas como traer a Carlos Martín Beristain, experto en mediación de conflictos, a uno de los aniversarios del atentado en el club.

¿Y ese documento lo redactaron con cada grupo de víctimas?

No. El Nogal es el único grupo que tiene un acuerdo con las Farc. Eso me valió críticas buenas y malas, pero las víctimas siempre me han levantado para seguir. Uno no puede, por un saludo, negociar sus principios. Tampoco obligo a las víctimas a ir a las reuniones. Ellos lo deciden. Pero cuando accedieron, la gente se desahogó: “Me mataste, quedé viuda, me jodiste, quedé sin tres pesos en el bolsillo, perdí una pierna (...)”, y después las Farc piden perdón. Eso repara. Los guerrilleros se dieron cuenta de que habían afectado también a muchos trabajadores humildes. El mundo nos empezó a reconocer, incluso me invitaron a dar una conferencia en el Centro Nobel de Paz en junio de 2017.

¿Usted estuvo viviendo con las Farc en un campamento?

Sí, por diez días. Llovía, diluviaba. Andaba con botas pantaneras, no había luz, agua. Allá dicté mi taller. Les dije cómo los odié. Recuerdo cuando se levantó una chiquita exguerrillera a decirme: “Señora Bertica, perdón a usted, a su marido, a su hijo, por todo lo que hicimos”. Yo quedé triplemente sanada.

¿Qué se sabe de los culpables de la bomba y qué no?

Que los autores fueron las Farc, que el Estado lo sabía y no hizo nada. Falta saber por qué pusieron la bomba, a quién iba dirigida y cómo burlaron la seguridad. También espero la respuesta de Fredy Rendón, alias el Alemán, para saber si Salvatore Mancuso dormía en el club. Él dijo públicamente que lo iba a averiguar.

¿Va a haber un próximo encuentro con las Farc?

Eso forma parte del acuerdo pero no hay fecha. Las víctimas tenemos que trascender y perdonar. Nunca justificaré lo que hicieron las Farc, pero prefiero que digan la verdad a verlos en la cárcel.

Por último, ¿qué siente al ver la escasa unión del club y sus directivas con las víctimas?


Soledad. Yo les preguntaría qué habría sucedido si las víctimas hubieran sido sus hijos. ¿Entenderían mejor por lo que hemos pasado? Creo que su postura ha sido la de ‘hablemos, pero no nos involucremos’. ¿Estamos dejando de hablar de la guerra porque eso no da votos? Todos tenemos una responsabilidad muy grande para garantizar que lo que hemos logrado lo sigamos construyendo: la paz. Ya no para mí, sino para los que están por llegar.

CAROL MALAVER 
SUBEDITORA BOGOTÁ
Twitter: @carolmalaver
carmal@eltiempo.com

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA