Bogotá

Una tarde de orejas, indulto y sangre en el ruedo

Con mano a mano entre 'El Juli' y Luis Bolívar, terminó la temporada taurina 2017-2018 en Colombia.

Julián López ‘El Juli’ es corneado

Momento en el que es corneado El Juli.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

18 de febrero 2018 , 10:39 p.m.

Este domingo, en la Santamaría de Bogotá, con el anunciado mano a mano entre el hispano Julián López ‘El Juli’ y el colombiano Luis Bolívar terminó la temporada taurina 2017-2018 en Colombia. Y se cerró con una tarde maravillosa, que tuvo emociones, arte, toros bravos –con indulto incluido–, grandes pares de banderillas, tumbos e, inclusive, El Juli se fue con una cornada en la cara interna del muslo izquierdo.

Y se fue la temporada simbólicamente en hombros, porque El Juli, quien estaba en la enfermería, tenía derecho a salir por la puerta grande junto con Luis Bolívar, que cortó dos orejas, una en un astado que regaló.

Se lidiaron toros de Ernesto Gutiérrez, de Mondoñedo y de Juan Bernardo Caicedo. De cada divisa, uno muy bueno y otro menos, pero todos embistieron. Extraordinario fue ‘Lancero’, de Juan B. Caicedo, toro negro, bello, de 485 kilos, pronto, sobrado de casta y de fuerza, que mereció el indulto.

La corrida, con la plaza casi llena, se dio bajo una tarde plomiza, aunque el sol se dio mañas de asomarse tras las nubes para ver saltar al primer toro, para El Juli, que fue noble, pero de poca fuerza. Mas, como este torero tiene todo el oficio del mundo, lo toreó a media altura sobre ambas manos, limpio, con temple. Pero sin mucha emoción, porque el toro era dulzón, sin peligro. Mató de una espada contraria y, el público, dulce también, pidió la oreja y se la dieron.

En su segundo, de Mondoñedo, sí tuvo que ser lidiador poderoso. Lució por chicuelinas en el quite. En la muleta el toro era áspero, rebrincaba en el pase. Pero El Juli aguantó, jugándosela y sometió por ambos pitones al espantaflojos para obligarlo, hasta que el tigre se volvió carnero y se entregó. Mató al tercer intento y tuvo que descabellar.

Lo épico se dio en el quinto, ‘Lancero’, un toro que acudía al primer toque, y que envió al picador y al propio torero a manos de los médicos. Produjo un tumbo al picador William Torres, a quien, por desgracia, le cayó el caballo encima. Es decir, mil kilos. No hubo fractura, por suerte. Pero tal vez hoy no se pueda mover.

El Juli vio lo que había en la arena y le brindó la faena a Felipe Negret, el presidente de la Corporación Taurina de Bogotá, bajo gran ovación. Y comenzó con pases por bajo con una rodilla en tierra para componer una faena en el centro del ruedo, plena de arte, profunda, con la mano baja, ligada, por derecha y por izquierda. Admirable el toro y grande el toreo; la banda, inspirada y el público, enloquecido. Toreaba tan cerca que el toro lo prendió y lo recogió de la arena para lanzarlo al aire como su fuera un balón. Le pegó un puntazo. Pero El Juli volvió al toro y toreó más lento, con la taleguilla húmeda de su sangre. El público pidió el indulto del bravo, que se lo ganó embistiendo sin cesar. Juli se fue a la enfermería, como los guerreros vencedores, bajo una ovación atronadora.

Luis Bolívar toreó este domingo con la capa espléndidamente. A su primero, bellas verónicas y dejó en el caballo con una larga cordobesa. El quite por verónicas lentas rematadas con media de cartel, de lo mejor en esta temporada. Y la faena. Al principio tragando embestidas rebrincadas para después torear barriendo la arena, templado, lento y largo. Con unos naturales profundos, en redondo, citando de frente. Tenía un toro bravo, importante, de E. Gutiérrez, que terminó humillando. Y mató bien. Sería porque iba a llover, pero el público y el presidente estuvieron fríos. Solo una oreja.

Su segundo exigía poder, sitio y resolución. Los tuvo Bolívar y le sacó muletazos, pero pronto el castaño se rajó. Mató de pinchazo y estocada y tuvo que descabellar cuando sonaba un aviso.

El sexto, al que también lanceó por chicuelinas y al que Jeringa puso grandes pares, era un bello jabonero. Comenzó con cambiados por la espalda en el centro del ruedo, pero el jabonero se volvió resbaloso, caminador y se apagó. Esfuerzo inútil.

Regaló un séptimo, en el que tuvo que echar mano de todos los recursos, pues era violento y difícil. Se la jugó y cortó la oreja, como premio a la voluntad y la entrega, que la afición exigió con fuerza.

LUIS NOE OCHOA
Periodista taurino

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