Bogotá

Teresa Sprenger, el ángel de las personas en condición de discapacidad

Sprenger le ayuda a las personas con alguna limitación a encontrar trabajo. #ExtranjerosAdoptados

Teresa Sprenger, el ángel de las personas en condición de discapacidad#ExtranjerosAdoptados Teresa Sprenger consigue empleos a personas con discapacidad.
Teresa Sprenger

La huerta se encuentra sobre la calle 9.ª con carrera 3.ª, en la localidad La Candelaria.

11 de mayo 2017 , 11:10 p.m.

Mariana parece ser una mujer callada e inocente. Mientras empaca pechuga y carne en las bolsas de plástico, mira un papel que dice cuál es el peso adecuado: 8 libras. Su habilidad al hacerlo es evidente. Al hablar con ella puede que no se obtenga una respuesta muy larga. Ella tiene una discapacidad cognitiva y ahora es auxiliar de cocina en el Hostal Fátima gracias a su gran aliada, Teresa Sprenger.

Teresa llegó hace tres años a Colombia con un objetivo que ya empezó a cumplir: que las personas con necesidades especiales tengan una vida independiente y se integren en la sociedad a través de un empleo formal.

Desde Alemania, donde estudiaba pedagogía para necesidades especiales, migró a Cali para hacer su pasantía en un proyecto de agricultura social. Tres años después, como parte de su pasión por viajar y por Colombia, llegó a Bogotá con una amiga sin un plan fijo.

Después de pasear en la capital por unos días, su compañera de viaje regresó a Alemania. “Cuando la fui a dejar en el aeropuerto quedé sin plan y no sabía a dónde ir. Solo tenía la certeza de que tenía que quedarme en Bogotá. Si algo se puede hacer, es más fácil empezarlo aquí, que en cualquier otro lado”, asegura Sprenger.

Muy insegura y sin saber hablar español, Teresa fue a buscar un cuarto en una casa compartida y lo encontró en el barrio La Candelaria. En su corazón tenía claro que podía ayudar a muchas personas que son excluidas y discriminadas por su condición física o cognitiva, así que empezó a buscar contactos y encontró a una señora que la introdujo en un centro de desarrollo comunitario.

Estando allí se dio cuenta de que no había recursos, ni humanos ni monetarios, suficientes para ayudar a las personas en condición de discapacidad, y que el papel del centro se enfocaba en la parte administrativa, lo cual no era de su interés. Fue a partir de eso que decidió crear la Fundación Friese.

En mayo de 2015 abrió este espacio legalmente. El nombre se debe a las siglas en inglés Espacio Libre, Inclusión, Educación, Sostenibilidad y Entusiasmo. En estas palabras está la esencia del proyecto.

Teresa Sprenger

Según el Jardín Botánico, a la fecha hay 319 huertas urbanas y periurbanas en Bogotá. Todos los participantes de Friese realizan talleres en la Huertolaria.

Foto:

EL TIEMPO

Los once participantes que se benefician del proyecto tienen talleres de panadería, huerta y costura donde aprenden oficios para poder trabajar sin importar su condición.

En la Huertolaria trabajan con la permacultura, que es el diseño agrícola, social, político y económico basado en las características del ecosistema natural. No usan químicos y buscan conectarse con la naturaleza.

El taller de costura consiste en crear bolsas con telas antiguas y adornarlas con la técnica del estarcido. Mientras que en el de cocina realizan postres, aromáticas y productos orgánicos.

Teniendo en cuenta las habilidades y los intereses de cada uno, eligen un lugar donde pueden hacer un voluntariado y luego ser contratados

Teresa brota de alegría al narrar cómo es el proceso para encontrarles trabajo a los participantes. Con la ayuda de la trabajadora social, quien les da una atención personalizada, realizan recorridos donde les muestran el barrio y las opciones de empleo. Teniendo en cuenta las habilidades y los intereses de cada uno, eligen un lugar donde pueden hacer un voluntariado y luego ser contratados. Una vez finaliza el proceso con alguna persona, continúan con otro participante.

Según confiesa la alemana, esto ha sido lo mejor de su estadía en Colombia. “Todas las personas que he encontrado están súper abiertas a su iniciativa. “Antes no pensaba que iba a ser así. Creía que cuando les preguntara a los negociantes si querían recibir a una persona en condición de discapacidad, me iban a decir “¿Qué?” y ha sido todo lo contrario. Nos reciben, nos escuchan, nos apoyan. Eso me gustó mucho, me impresionó”, confiesa.

Teresa ha visto en Bogotá una oportunidad para ayudar a las personas. Sin embargo, la parte administrativa, los bancos, las transferencias, entre otros trámites, ha sido algunos de los obstáculos más grandes en este proceso. “Es la parte más dura del trabajo con la fundación, porque el 80 % de mi tiempo ahora lo dedico a la administración y el área pedagógica a veces la dejo a un lado. Pero tengo que hacerlo, yo entiendo que es necesaria toda la parte de contaduría, aunque no entiendo nada de eso”, explica.

Su equipo se conforma por Nicolás Olaya, encargado de la huerta, Birte Voigt, pedagoga para necesidades especiales y Neyda Campaz, trabajadora social.

Actualmente Teresa no sabe qué va a pasar con el lote donde está la huertolaria. Aunque este no es de su propiedad, ha trabajado en él desde la creación de la fundación. Sin embargo, el Alcalde tiene una visión diferente de la agricultura intensiva lo que les ha impedido llegar a un acuerdo.

¿Cómo se financia?

Los recursos vienen de Alemania. Sus amigos y familiares hicieron una asociación ‘Freundeskreis Friese’ en mayo de 2014 para apoyar el proyecto. Ellos se reúnen y coordinan donaciones en especie y en efectivo; gestionan patrocinios y hacen alianzas para que los estudiantes hagan allí sus pasantías.

Yo no puedo correr muy rápido, o hay muchas cosas que no sé hacer, pero a mí no me dicen que tengo una discapacidad. ¿Entonces por qué lo dicen a otros?

Para Teresa, la discapacidad debe desaparecer, por lo menos en el lenguaje ordinario. “Yo no puedo correr muy rápido, o hay muchas cosas que no sé hacer, pero a mí no me dicen que tengo una discapacidad. ¿Entonces por qué lo dicen a otros? ¿Solamente porque tienen otras capacidades? ¿Por qué la sociedad no puede valorar eso? Para eso hay que luchar y explicarle a los demás que cada uno es una parte importante y puede tener una función clave en la sociedad. Lo importante es eso, encontrar lo fuerte de cada uno, no enfocarse en todo lo que no se puede”, reflexiona.

LUISA MERCADO Y HERMIONE GREENHALGH​

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