Bogotá

Los imponentes toros de Santa Bárbara esperan en la Santamaría

Este domingo se realiza el cuarto festejo de la temporada en la plaza capitalina.

Toros

La armonía física y el comportamiento bravo es típico en los toros de Santa Bárbara, ganadora al mejor encierro en la pasada feria de Manizales.

Foto:

Manuel Alzate

02 de febrero 2018 , 10:26 p.m.

La racha de la ganadería de toros bravos Santa Bárbara habla por sí sola: premio al mejor encierro en la pasada feria de Manizales e indulto hace dos años allí; premio al mejor toro de la temporada de Medellín 2017 y toro lidiado en la mejor faena de la temporada bogotana de ese mismo año.

Eso por nombrar los éxitos más frescos de la dehesa regentada por Carlos Barbero, un expiloto de fumigación aérea a quien todos en el mundo de la fiesta brava reconocen como Capitán Barbero. Sus animales, que nacen en los calurosos campos de Carmen de Apicalá, Tolima, y al cumplir un año son trasladados a la frescura de La Calera, Cundinamarca, serán el ingrediente de lujo en la corrida de este domingo en la plaza de toros de Santamaría.

El talento lidiador será colombiano: Paco Perlaza, Moreno Muñoz y Luis Miguel Castrillón medirán sus destrezas para buscar la puerta grande en la temporada bogotana. Castrillón, quien en el 2017 confirmó su alternativa en la capital cortando una oreja, se anuncia como prospecto para el triunfo. Pero no hay competencia ganada antes de pisar la arena.

Por su parte, el trapío será la constante en los seis astados que saldrán al ruedo. En otras palabras, como lo define la Real Academia de la Lengua, serán “toros con buena planta y gallardía” en los tres tercios de la lidia: suerte de varas o puya, suerte de banderillas y suerte final.

“Tienen la edad y el peso reglamentario, toros logrados a base de selección y que el público conoce cómo son”, expone el capitán. “La mayor satisfacción que uno tiene no es cuando se indulta un toro o le dan la vuelto al ruedo –premio que se otorga por la calidad y constancia al embestir–, sino cuando lo aplauden al salir al ruedo: ahí uno dice ‘cumplí’”.

Barbero es hijo de un piloto español que combatió en el bando republicano en la Guerra Civil de España, el que perdió contra los nacionalistas del luego dictador Francisco Franco.

El hombre de aviones acabó exiliado en América, llegó en barco a México, donde por ser ibérico le ofrecieron torear dos corridas en un pueblo cercano a Guadalajara; como era aficionado práctico, logró salir indemne y decoroso del desafío. Pero quería buscar suerte en Argentina y la embarcación que lo llevaría se varó en Buenaventura: entonces acabó en Bogotá, donde se afincó y creó empresa. Hizo familia.

“Mi abuelo, Isidoro Muñoz, aparece en el Cossío (enciclopedia taurina por excelencia) como el primer novillero español que se hizo propaganda a sí mismo en un periódico, lo cual es muy curioso”, relata el dueño de Santa Bárbara, quien conserva el cartel de los festejos que lidió su padre hacia 1940.

Como la tauromaquía se transmite por genética o enseñanza, Juan Carlos Barbero, hijo del capitán, no desampara a su papá. “Soy un ganadero joven, 30 años de labor, por eso que creo que mi hijo es quien realmente será importante”, concede el criador, quien sin pelos en la lengua confiesa: “Estoy muerto de susto y con la expectativa de que los toros funcionen para bien de la ganadería, del público y del empresario”.

Antes de acabar, Barbero reseña que tal como lo practican otras ganaderías, los toros son alimentados con pastos y concentrados de alta calidad, viviendo a campo abierto, tranquilos y con sus hermanos; “por eso es que sale tan caro criarlos”. Y, al final, define su concepto con exactitud: “El toro de Santa Bárbara no le gusta a algunas figuras que buscan un toro sin tanto trapío; a veces lo que ellos torean en Colombia son toros que en España salen en plazas de segunda categoría. Pero mientras yo sea ganadero, ese es el tipo de toros que vamos a sacar –con trapío– porque estamos para la afición y no para los toreros”.

Castrillón, otro paisa que quiere el triunfo en Bogotá

En la temporada taurina del 2017, Luis Miguel Castrillón (Medellín, 1992) toreó por primera vez como profesional en la plaza de toros de Santamaría. Fue un domingo 12 febrero y cortó una oreja. Entonces dio la vuelta al ruedo con su trofeo en mano y recibió el favor del público. Pero quedó con ganas de más.

Por eso, en la tarde de mañana, dice, espera triunfar en la plaza más importante de Colombia. Como aura ganadora trae la puerta grande que abrió a finales del 2017 en la Cañaveralejo de Cali, su triunfo más importante como matador.

Luis Miguel Castrillón

Luis Miguel Castrillón, torero antioqueño, de 25 años.

Foto:

Manuel Alzate

“El año pasado no estuve toreando tanto como quisiera, pero uno se mantiene preparado con el toreo de salón y en el campo”, cuenta el paisa de 25 años, quien apunta a repetir lo que hizo Juan de Castilla (también antioqueño) hace una semana al indultar un toro de Juan Bernado Caicedo.

Castrillón es de pocas palabras, que no parco, al hablar. Quizás porque prefiere actuar antes que decir: “No creo que yo mismo deba definir mi manera de torear. Creo que esa definición se la dejo al público, a quien trato de llegar cuando estoy frente al toro”, sostiene.

Sus dos contrincantes, Paco Perlaza y Moreno Muñoz, también darán el todo. Al final de la tarde se sabrá quién habló mejor con sus faenas en el ruedo.

FELIPE MOTOA FRANCO
EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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