Bogotá

La casona de 218 años que revivió y hoy es patrimonio bogotano

El inmueble fue construido en 1800, en La Candelaria. Está abierta al público

CASA COLONIAL EN LA CANDELARIA BOGOTÁ

Entre los años 2008 y 2011 la estructura fue restaurada. En el 2012 abrió sus puertas con varios negocios en el interior.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

04 de julio 2018 , 09:09 p.m.

La denominada casona colonial de La Candelaria, en la calle 12B con carrera 6.ª, se salvó de unas ruinas que casi la echan a tierra. Construida en 1800, faltó poco para que su historia desapareciera. Fue restaurada entre el 2008 y el 2011, y hoy es un punto de referencia en la zona.

Uno de sus propietarios, Rafael Pinzón, se cuenta entre los responsables del rescate. Durante años se había dedicado al negocio de la joyería e, incluso, ubicaba su local en uno de los dos únicos espacios que servían del inmueble. Pero en el 2005 se le presentó la oportunidad de comprar la vivienda, y no lo dudó.

“Nosotros (su familia) venimos de Vélez, Santander, y queríamos una casa colonial parecida a esas que en nuestro pueblo visitábamos cuando éramos niños”, apunta Rafael con una carpeta llena de documentos técnicos e históricos que dan cuenta de los años que ha vivido el inmueble.

Así, con la idea nostálgica de volver un poco al pasado, contrataron un equipo restaurador encabezado por un arquitecto especialista. Aunque no pensaban vivir en ella, la familia sí quería darle un nuevo lustre al lugar, emplazado en la también llamada calle de San José.

El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural acompañó la obra dando reseñas e instrucciones para conservar la esencia arquitectónica del siglo XIX. Al término de la intervención se mantuvo el 90 por ciento de la estructura original. Esa pequeña porción modificada, el 10 por ciento, respondió a condiciones de seguridad y para tener una mejor protección hacia futuro.

Ahora, el visitante que va a ingresar se topa con los balcones de la fachada, joyerías en dos de sus cuatro puertas de acceso; luego, un zaguán adaptado como café; el patio central, en el que también se puede saborear una bebida y algo de la pastelería francesa ubicada en la zona posterior. Las habitaciones del piso inferior funcionan ahora como tiendas-talleres artesanales y de joyería en los que es factible encontrar obras exclusivas. Piezas de bueno gusto, dirá un visitante casual.

casa colonial en la candelaria

Por estos días, la Casa Colonial luce adornada con banderines de los países que asistieron al mundial de fútbol de Rusia. Allí se puede tomar café y comer viandas de sabor francés.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

“Este espacio se convirtió en un punto de encuentro y referencia, porque es tranquilo y no se siente el ruido de afuera, del centro”, dice el propietario.

En el segundo piso, al cual se accede por una escalera con curvatura, abre sus puertas un restaurante italiano en donde se dan cita magistrados, senadores y personajes de los gobiernos nacional y distrital. Ya hay clientela fija y variedad de platos para los comensales.

Más allá, en los mismos corredores del piso superior, se adecuaron oficinas y una sastrería atendida por un veterano de los cortes y el diseño. Al fondo, desde un mirador, se puede observar el solar o patio trasero, que conserva varios muros ‘testigos’, es decir que se mantienen tal cual fueron construidos, con el adobe característico. Incluso, allí dispusieron, para exposición y adorno, fragmentos de tuberías de barro cocido descubiertos cuando obreros arreglaban los pisos.

Entre las mayores complejidades de la restauración figuró la consecución de maderas originales de la época para adecuar columnas, cielorrasos, puertas y ventanas. Muchos elementos fueron recuperados de otras viviendas de antaño que acabaron demolidas.

A quienes tienen una casa antigua y patrimonial, y desean restaurarla, Rafael les recomienda que piensen siempre en hacerla autosostenible, que combine usos residencial y comercial. “No para hacerse rico, pero sí para garantizar el mantenimiento”, comenta satisfecho.

Finalmente, vale la pena que el observador se fije en las lámparas ornamentales, en techos y paredes, del segundo piso: brillantes y suntuosas, también se salvaron de otra ruina, pero en Venezuela. Desde allí, una familiar de Rafael las trajo para evitar que la crisis las hiciera desaparecer. Ahora le dan vida y porte a este patrimonio bogotano.

FELIPE MOTOA FRANCO
BOGOTÁ
En Twitter: @felipemotoa

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