Bogotá

Un hilo de sangre en el humedal / Voy y Vuelvo

Tragedia del humedal Córdoba, debe hacernos reflexionar sobre los 47 árboles talados en El Virrey.

Senderos en los humedales

El humedal Córdoba es uno de los principales pulmones de la ciudad.

Foto:

Óscar Murillo / EL TIEMPO

12 de mayo 2018 , 10:00 p.m.

Ese sábado, a las 6:30 de la mañana, un hilo de sangre sobre el pavimento conducía a una bocacalle con destino al humedal Córdoba. La larga línea de puntos rojos que teñían el piso, el césped y las hojas secas no dejaban duda de que algo trágico había sucedido.

La mancha se fue extendiendo unos 500 metros, hasta introducirse en la espesa vegetación para terminar a los pies de un enorme roble. Allí ya no eran gotas, sino una mácula que indicaba que justo en ese lugar había comenzado el drama para la víctima.

Al volver a repasar desde este punto el trayecto de la sangre, pero en dirección contraria, no fue difícil advertir que el herido trastabilló hasta alcanzar el borde del andén, donde los puntos rojos se transformaron en un charco viscoso, señas de que el agredido había hecho una pausa mientras seguía desangrándose.

El hilo de sangre retomó el camino rumbo a la avenida Suba, pero, en mitad de la calle, desapareció.

El vigilante de la cuadra vacila. “No sé. Dicen que fue un atraco en la madrugada, pero no sé nada más...”. Minutos después aparece un curioso que trota en el humedal todos los días. “Esto es terrible”, dice en tono agitado. “Este humedal se ha vuelto un peligro. A mí me robaron hace poco a las 2 de la tarde, me cogieron dos sujetos y se llevaron el celular y la cadena”.

Él y otro vecino volvieron a recorrer el hilo de sangre. Dos jardineros conocidos en el barrio aparecen. ¿Saben algo? ¿Vieron algo? “No, señor, hasta ahora llegamos, pero eso aquí se ha vuelto un atracadero”.

Los dos jardineros contaron que llevaban 25 años trabajando en el sector, que se conocen cada palmo del barrio y del humedal y que la culpa de la inseguridad es de “don Vicente”. Dicen que fue un líder que hace 25 años, en su afán por repoblar el humedal, sembró de todo en el espejo de agua. “Llenó de árboles y de matas todo esto, y por eso hay tanta maleza y tanta oscuridad”.

Sin quererlo y a partir de la tragedia del hilo de sangre, estos dos humildes trabajadores ponen de relieve algo que muchos no entendemos: no siempre sembrar significa proteger un entorno.

El Córdoba y otros humedales están plagados de plantas artesanales que los vecinos cultivan en sus jardines o dentro de las casas, y después creen que la mejor opción es ‘trastearlas’ al humedal, sin reparar en su estado fitosanitario o si se trata de una especie apta para el ecosistema. Hay casos en que las siembran ¡con la matera! Absurdo.

Lo sucedido en el humedal Córdoba, con tragedia incluida, tiene que llevarnos a reflexionar sobre el debate que ahora se plantea por los 47 árboles talados en el parque El Virrey.

Dejando de lado la prepotencia de algunos vecinos y la manera como se manejó el tema desde la Administración –que, por insólito que parezca, lleva a concluir que semejante polémica era innecesaria, según consta en las reuniones previas entre las partes–, lo que subyace aquí es un asunto de hondo interés ciudadano: la seguridad en estos escenarios.

Que Peñalosa diga que los parques no deben tener tantos árboles ya es suficiente para que lo crucifiquen. Pero si además lo hace efectivo, como en El Virrey, peor: lo entierran vivo. A él y a sus funcionarios.

Pero, más allá de la emotividad que produce la imagen de la tala de un árbol distribuida por las redes sociales, en un parque de estrato 6 y con personas con amplio poder de convocatoria –que ya quisieran tenerlo los niños abusados de la ciudad–, el tema sí debería mirarse con mayor rigor y serenidad, desde el punto de vista ambiental y de seguridad.

No se puede armar una tragedia ni lanzar epítetos cada vez que un árbol deba ser removido. Tampoco creo que el Jardín Botánico sea tan torpe de ir a hacerlo sin un riguroso estudio. Los mismos vecinos lo saben. Hay que ponerle un poco de sindéresis al asunto, y si ya existía un entendimiento previo entre las partes, ¿por qué se arma semejante tropel por algo tan menor como que la Alcaldía anticipó la tala un día?

Frente a la seguridad el asunto es más delicado y menos entendible. Un parque con una fragosidad de árboles luce esplendoroso, pero si en él atracan, violan o hieren, ¿en dónde queda el encanto? Por eso hay que mirar la cuestión con cuidado y construir entre todos parques que nos permitan ver el árbol pero también a quienes lo visitan. En el caso del Córdoba eso no pasó.

El final de la historia se supo: un joven fue abordado por delincuentes que lo llevaron hasta el humedal y en medio de la frondosa maleza lo apuñalaron sin que nadie se percatara. No se supo más de él, solo que dejó el hilo de sangre grabado en medio del bosque.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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