Bogotá

Hay 87.000 niños menos trabajando en sus hogares

Según el DANE, la tasa de trabajo infantil en Bogotá se redujo 5,7 puntos. En 2014 era del 11%.

Trabajo infantil

Durante el anuncio, el alcalde Enrique Peñalosa escuchó las experiencias de los niños del Centro Amar de Corabastos.

Foto:

Cortesía Alcaldía

23 de mayo 2018 , 09:59 p.m.

Sara Ávila tiene 14 años. Hace un tiempo trabajaba con su papá. Juntos ganaban 20.000 pesos diarios. Un día ingresó a uno de los 13 centros Amar y se convirtió en uno de los 87.000 niños que no laboran en las calles o en los hogares de la capital.

“Me han ayudado a cambiar las notas del colegio y mi comportamiento. También aprendí a bailar y a cantar”, cuenta Sara.

Esta es una de las historias que hay detrás de la Estrategia Móvil de Prevención y Atención del Trabajo Infantil que adelanta el Distrito y que, actualmente, reporta una reducción de 5,7 puntos de la tasa de trabajo en menores de edad.

En 2014, 11 % de los niños de la ciudad realizaban trabajos en sus hogares; para 2017 la cifra pasó al 5,3 %, es decir, hay 87.000 niños menos laborando.

El alcalde Enrique Peñalosa entregó estas y otras cifras desde el Centro Amar de Corabastos, en la localidad de Kennedy.

Como este hay otros 12 centros repartidos en 12 localidades de la capital, operando en jornada diurna y nocturna.

La labor que se realiza en los centros Amar es uno de los pilares que hacen posible retirar a los niños de labores peligrosas en los barrios y en sus casas y les permite continuar su formación integral.

En sus instalaciones se acompaña a niños, niñas y adolescentes desde procesos pedagógicos, nutricionales y artísticos mientras sus padres trabajan.
Para la operación de estas y otras estrategias, el Distrito asignó un presupuesto de más de 29.400 millones de pesos para el cuatrienio.

“Esto se ha logrado con un trabajo muy intenso que se ha hecho en diversas entidades, yendo con una serie de equipos a los sitios donde hay mayor riesgo de que se presenten estas situaciones”, destacó el alcalde durante la jornada en la que compartió con niños, niñas y adolescentes del centro de Corabastos.

En ese proceso de diagnóstico se identificaron los focos de trabajo infantil en diversos territorios de la ciudad y se planearon los mecanismos de acción para la reducción de la tasa del 11 %.

Según el Distrito, el trabajo infantil ampliado incluye ventas ambulantes, ‘bicitaxismo’, asistencia en plazas de mercado y en labores de reciclaje en calles y barrios. Sin embargo, el asunto puede extenderse a las casas, donde son los menores los que están a cargo de los oficios del hogar y del cuidado de personas mayores o de sus hermanos.

Entendiendo estas dinámicas, se diseñaron los centros Amar, que cuentan con cupo para 1.170 niños, los cuales están bajo la guía de 125 profesionales.

“Nuestros equipos realizan un trabajo en calle para atraer a los niños a estos centros. Allí, profesionales les brindan atención integral”, explicó Cristina Vélez, secretaria Social.

Son admitidos niños desde los 3 meses hasta los 17 años. Allí desarrollan actividades académicas, artísticas y sociales en sus tiempos libres, fuera del colegio.

Adicionalmente, se acompaña a los adultos de la familia para orientar procesos de acceso laboral, buscando que se mejoren las condiciones económicas del hogar y, a su vez, se reduzcan las posibilidades de mandar los niños a trabajar.

Además de estos centros, se implementó una ruta para la prevención y erradicación del trabajo infantil, que incluye la vinculación de los menores a servicios de salud, educación, cultura, recreación y deporte.

En la estrategia también está incluida la inversión en infraestructura en colegios, jardines y parques, explicó el alcalde mayor.

Aún queda una tasa del 5,3 por ciento por reducir. Según el Distrito, es clave identificar otros casos de trabajo infantil. Por eso, invita a denunciar a la línea 3134881470.

Kevin, el niño que hizo llorar al alcalde

“Yo vendía capas frente a los centros comerciales con mi mamá”, le contó Kevin, uno de los niños del Centro Amar de Corabastos, a Enrique Peñalosa. Y le confió un secreto: de grande, quiere ser rapero. Luego, el pequeño de 12 años se arriesgó a cantarle unos versos que le había compuesto a su mamá. Comenzó a cantar y la emoción le ganó al relato, lloró junto al alcalde y también lo hizo soltar algunas lágrimas. “No me gustaba trabajar. Cuando estaba en la calle no sabía cuál era mi talento”, apuntó Kevin.

REDACCIÓN BOGOTÁ

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