Bogotá

El calvario para autorizar un examen en la calle 35 con 17

Usuarios se quejan por la problemática que se ha generado en esta sede de Comfacundi.

Filas de pacientes

Panorama el pasado 19 de abril. Los usuarios pidieron atención oportuna.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

01 de mayo 2018 , 10:00 p.m.

Es mediodía del jueves 19 de abril. Sara Domínguez, madre de Juan David, de 10 años, lleva varias horas haciendo fila, como otras 300 personas, al sol por la mañana y al agua en la tarde, en la calle 35 con carrera 17, sede de una EPS.

Todos van a pedir una autorización para un examen especializado. Ella va por la tomografía axial computarizada que ordenó el otorrino para poder diagnosticar qué es lo que le pasa a su hijo que lleva varias semanas sin ir al colegio porque tiene la cara inflamada.

Una vez alcanza la ventanilla, después de la larga jornada, le dicen que solo da para una RX. Sara revienta en cólera. La indignación a su máxima capacidad. Cuenta que la persona a la que le dicen ‘la ingeniera’ le negó la tomografía.

Salió de allí para la sede de Chapinero, luego volvió, así en un paseo que terminó cuando cogió su teléfono, se comunicó con la Superintendencia de Salud y radicó la queja número 18-0178562.

Los pacientes llegan a esa sede de Unicajas-Comfacundi, en horas de la madrugada. Van con ruana, sombrilla, impermeable y cuando no llueve es la carpeta de los papeles la que sirve para que el sol picante no les queme la piel. El vigilante entrega unas 200 fichas y al que no le alcance le toca regresar al otro día a vivir ese mismo calvario. Los testimonios están a la orden del día.

Adentro hay al menos unas 60 personas en trámite. Afuera prolifera la arepa de huevo, papa rellena, empanadas y avena por 1.600 pesos; arepas con todo, mazorcas y chorizos. El tinto no falta como tampoco el humo que se levanta y se cuela por las ventanas.

El vigilante entregó 240 fichas, y con esas se atendían a quienes se alcanzaba

En medio de la fila, las mujeres hacen corrillo y todas hablan de lo mismo: la ficha, la quintaesencia del reflejo de la salud pública que les arrebata el tiempo, les saca el mal genio, les despierta la indignación pero también la frustración. “Así llevamos mucho tiempo”, dicen los usuarios.

La fila, el caos, los oportunistas, la lluvia, el sol, todo se suma en este desorden donde nadie sale a explicar qué es lo que pasa en ese punto de atención y por qué no hay más sillas o espacios para ubicar a las personas.

En el último puesto se ve a Angie Ávila. Es la única que parece estar desconectada de todo: lleva unos audífonos y de lo poco que se alcanza a escuchar es que suena puro rock clásico. Tiene 29 años, dos hijos de 11 y 6 años. Estaba allí porque le fue a pedir autorizaciones para la abuela de sus hijos, Fanny Gamboa, que no se puede desplazar hasta ese sitio por sus condiciones de salud. Angie es la que les hace las diligencias en este caso, cuenta.

Comfacundi es una EPS que atiende a 127.133 afiliados del régimen subsidiado

“La abuela es operada de la cadera, tiene problemas de espalda y estas filas son tediosas. Yo llegué a las 7 de la mañana y es el vigilante el que valora qué es lo que va a hacer. A veces sale y dice ‘se cayó el sistema’. Esto es muy tedioso en todo caso”, dice con paciencia y se vuelve a conectar a los clásicos. Espera que este día le entreguen la autorización.

La entrada es un nudo de personas. El vigilante hace las veces de ventanilla de atención al cliente. Habla con los pacientes, deja entrar al baño, vigila que no se le cuelen los ladrones, se le pasan algunos avivatos que no hacen fila. En realidad, el que está de turno es atento. El hombre corrige: se entregan 241 fichas, fuera de los prioritarios. Si llueve, se complican.

Comfacundi es una EPS del régimen subsidiado y tiene 127.133 afilados. El pasado mes de marzo, según el reporte oficial de la Superintendencia de Salud, fueron radicadas 201 quejas, que representan una tasa de 1,58 por cada 1.000 afiliados.

201 quejas en marzo fueron presentadas contra el prestador de salud

Blanca Walteros, afiliada de 63 años, se percata de la presencia de la prensa. “Camine, mire, para que Ud. vea lo que pasa. Yo estoy aquí por mis papas, Georgina, de 88 años, y Reinaldo, de 91. Ellos no pueden venir; yo hago todo por ellos, lo que más pueda. Hace ocho días vine y solo repartieron 211 fichas. Al día siguiente llegué a las 6 de la mañana y me tocó la ficha 52. Solicité, radiqué y hoy llegué a reclamar las autorizaciones... y nada”.

El pasado jueves 26 de abril, los vecinos de la calle 35 con 17, en ese sector del barrio Teusaquillo, también sentaron su voz de protesta por la proliferación de la invasión del espacio público, ventas ambulantes, parqueo frente a sus casas, ruido y, además, el drama de los pacientes, la mayoría adultos de la tercera edad que tienen que hacer una fila hacia el oriente para pedir autorización y otra al occidente para los que van a reclamar la autorización de la autorización.

Comfacundi

Usuarios piden atención ágil y que se eviten las largas filas.

Foto:

Hugo Parra. EL TIEMPO

Ante este panorama que es repetitivo, pero igual de importante para cada uno de los pacientes, EL TIEMPO entrevistó vía telefónica al director de la Caja de Compensación Familiar de Cundinamarca, Víctor Julio Berrios, quien anunció que para finales de mayo se van a abrir tres sedes para la atención de los pacientes en las localidades de Usme, Tunjuelito y en el sector del barrio Restrepo, localidad Antonio Nariño.

Dijo que en este momento se está organizando y alistando todo para dar al servicio estos nuevos espacios, y se comprometió a mejorar la situación que padecen los usuarios.

“Lo que está pasando no es bueno para los usuarios, ni para los vecinos ni para nosotros. En los nuevos puntos vamos a tener los servicios para autorizar esas solicitudes que son mucho más complejas”, anuncia el responsable de Comfacundi.
Explica que la razón de esta situación es nueva, pero debido a que la entidad pasa por una reestructuración a fondo se cerraron dos sedes obsoletas, lo que ocasionó que los usuarios se les concentraran en la calle 35.

No es humano y no es lógico que hagan una fila y al final le digan que no alcanzó a la ficha y se tenga que ir sin atención

Sobre la queja de convivencia interpuesta por los vecinos del barrio Teusaquillo, Berrios dijo que era entendible esa molestia. “Lo que estamos haciendo es descentralizar los procesos y desconcentrando hacia otras sedes. Desafortunadamente, la de la 35 se nos llenó”.

Para darle un alivio a la situación, recordó que también se pueden tramitar las citas vía telefónica. Además, anunció que se va a trabajar para que la sede de la 35 tenga más y mejores espacios para los pacientes, atención más rápida y oportuna.

“Vamos a trabajar para que la atención a los usuarios sea más humanizada. Vamos a resolverlo de manera pronta. Vamos a buscar que se pueda atender a todas las personas y no se nos quede ninguno sin el servicio”. Esto es, que no se dependa de una ficha.

En este sentido, Berrios precisó: “No es humano y no es lógico que hagan una fila y al final le digan que no alcanzó a la ficha y se tenga que ir sin atención”. Tras finalizar la entrevista con el funcionario, EL TIEMPO habló con Sara, quien confirmó que ya le hicieron la tomografía a su hijo gracias a la queja en la Supersalud.

HUGO PARRA
Hugpar@eltiempo.com
​En Twitter: @hugoparragomez

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