Bogotá

Cara y sello de la restricción de camiones de carga en la calle 13

Experto dice que la medida va en el camino correcto y empresarios que el efecto es contrario.

Contaminación y congestión en la calle 13 entre la Boyacá y el río Bogotá

Con la restricción del paso de camiones de carga entre 6 y 8 de la mañana sobre la calle 13, se espera una reducción de la emisión de material particulado de un 35 %, según el Distrito.

Foto:

Mauricio Moreno / El Tiempo

22 de abril 2018 , 11:37 p.m.

Voces a favor y en contra de la propuesta para la restricción a la circulación de camiones pesados entre las 6 y las 8 de la mañana por la calle 13 entre la avenida Boyacá y el río Bogotá han comenzado a calentar el debate sobre el impacto económico, ambiental, en la movilidad y sobre la salud de los residentes, peatones, trabajadores y ciclistas que transitan por esa zona y el área de influencia.

Luis Jorge Hernández, experto en salud pública de la Universidad de los Andes y quien con su equipo de investigación realiza monitoreo permanente a la calidad del aire, dijo que esa medida va en la dirección correcta.

Explica que las tractomulas y camiones de carga pesada utilizan combustibles como el diésel que producen por lo menos el 30 por ciento de las emisiones de material particulado PM 2,5. Por decirlo en términos sencillos, este es un polvillo imperceptible que penetra en las vías respiratorias y produce infecciones con consecuencias para la salud.

Advierte que en el caso del eje vial de la calle 13, y en las localidades de Puente Aranda, Kennedy y Fontibón, se presenta alta prevalencia de síntomas compatibles con asma en niños con un porcentaje entre el 15 y el 20 por ciento, y tos nocturna, afirma el investigador en salud pública.

La medida va encaminada a aumentar la velocidad hasta en un 27 por ciento, en reducir el tiempo de los viajes un 21 por ciento y a bajar la contaminación.

Pero la otra cara de la moneda está por el lado de las empresas, las industrias, el comercio, los transportadores y de todo el engranaje que mueve una economía que, en todo caso, también se afecta por la contaminación, por los trancones, el mal estado de las vías y por las enfermedades. Y ahora, por la restricción, advierten.

Diego Vargas Triana, gerente general de la Zona Franca de Bogotá, que representa a 400 empresas instaladas en el parque industrial, señala que el impacto de la medida puede resultar todo lo contrario a lo que se busca, por lo que pidió descartarla y hacer una mesa de concertación.

El representante de ese parque industrial sostiene que, de acuerdo con estudios previos que ya se han realizado, como el de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), el incremento en los costos de operación sería hasta del 25 por ciento, lo viajes aumentarían hasta un 39 por ciento porque se necesitaría una flota de camiones más pequeños y, por lo tanto, un aumento del 7 por ciento en las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Solo en la Zona Franca, la fuerza laboral, según el reporte, es de 30.000 empleos directos en jornadas que van desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche. A diario ingresan en promedio 750 camiones, de los cuales entre 120 y 160 corresponden a vehículos de más de 7 toneladas.

Explica también el empresario que los vehículos de carga no representan más allá del 18 por ciento y, en este sentido, dijo que para evitar que la medida sea de efecto contrario, se debe trabajar en mesas de concertación con el fin de identificar y promover otras alternativas amigables con el medioambiente que no generen un efecto grave en la competitividad y desarrollo económico.

La calle 13, como se la conoce pero que en realidad es una amalgama de la calle 17, de la diagonal 16 en Fontibón y que está bautizada como la avenida Centenario, es por lo general una nube esmog bordeada de talleres, almacenes de repuestos, estaciones de servicios, supermercados, empresas de logística, restaurantes, casetas de comida con vitrina de bombillo y toda suerte de predios comerciales, industriales y residenciales. Hay tramos en donde ni siquiera hay un anden.

El común denominador es el caos: un nudo de automóviles, de camiones que tienen sus puertos de cargue, descargue y parqueadero sobre unas vías limitadas y en franco deterioro; de buses locales e intermunicipales que viven de la guerra del centavo en un mercado que demanda por lo menos 16.000 pasajeros que suben y bajan en cualquier lugar. Son 86.656 viajes en un día típico, lo que significa que por esta calle pasan por lo menos tres buses cada minuto.

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