Bogotá

Así fue la odisea de 41 niños porristas que triunfaron en EE. UU.

Entrenaron para ser los mejores, trabajaron y fueron buenos estudiantes. La recompensa: más torneos.

Porristas de Kennedy y Usme, subcampeones en Estados UnidosPorristas de Kennedy y Usme, subcampeones en Estados Unidos
Porristas Usme

Equipo del Nuevo San Andrés, en su visita a Disney, tras haber ganado el subcampeonato en el torneo Cheerleaders Of America Ultimate Nationals. Foto: Cortesía padres IED Nuevo San Andrés de los Altos

10 de abril 2018 , 08:49 p.m.

En menos de tres minutos, dos equipos de porras de colegios distritales conquistaron a los jurados del Cheerleaders Of America Ultimate Nationals en Estados Unidos. Fueron subcampeones en las categorías junior, para niños de 8 a 14 años, y senior, para jóvenes de 14 a 19. Y, por cinco días, tocaron el cielo con las manos.

En el colegio lo molestaban, sus compañeros decían que un niño no debía ser porrista

Eran 101 equipos compitiendo en el Gaylord Palm Resort. Allí, 20 niños del Nuevo San Andrés de los Altos (Usme) y 21 jóvenes del Carlos Arango Vélez (Kennedy) se enfrentaron con los mejores. Subieron al podio.

El 2 de abril a medianoche, fueron recibidos como héroes en el Aeropuerto Internacional El Dorado. Sus padres les organizaron un camino de globos y flores. Y, esa noche, cuando regresaban a sus barrios en el sur, supieron que el sueño no había terminado. Estaba a punto de comenzar.

Porristas Kennedy

21 jóvenes del equipo senior del colegio Carlos Arango Vélez en Kennedy fueron subcampeones.

Foto:

Néstor Gómez

Porristas Usme

También alcanzaron un segundo puesto los 20 niños del colegio Nuevo San Andrés de Los Altos en Usme.

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Néstor Gómez

Porristas Usme

Los padres de los niños del Nuevo San Andrés de los Altos organizaron una bienvenida con un camino de globos, flores y tambores. 

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Néstor Gómez

Porristas Usme

Para financiar el pasaporte y la visa de sus hijos, hicieron rifas y acudieron a ahorros.

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Néstor Gómez

Porristas Usme

Para ellos, su mayor orgullo son sus hijos. Para recibirlos, estamparon camisetas y gorras con sus rostros y nombres.

Foto:

Néstor Gómez

El mundo antes del porrismo

“A Johan le gusta el arte: dibuja, canta y baila. En el colegio lo molestaban, sus compañeros decían que un niño no debía ser porrista”, cuenta Fabiana Segura, madre de Johan y Melany Torres, dos de los integrantes del equipo del Nuevo San Andrés. Ellos cabecean a su lado. Esa madrugada habían llegado a las 2:30. Del Aeropuerto El Dorado a La Fiscala Sur, en Usme, hay una hora de distancia.

Al sur de la ciudad, en el barrio Floralia, Marisol Suárez luce la camiseta fluorescente que compró en Estados Unidos. La porrista del Carlos Arango Vélez cuenta: “yo era muy rebelde, no me gustaba estudiar, perdí tres años escolares. El porrismo cambió mi vida”.

Usme y Kennedy son dos de las localidades con más violencia y tráfico de drogas. El Informe de Calidad de Vida de Bogotá Cómo Vamos indica, por ejemplo, que una tercera parte de las ‘ollas’ en colegios están en localidades como Usme, Kennedy y Ciudad Bolívar.

Por eso, Tiempo Escolar Complementario (TEC), un proyecto de la Alcaldía de Bogotá y el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), busca que los estudiantes de colegios públicos aprovechen su tiempo libre a través de 35 deportes diferentes. Por este programa, fue posible que estos niños entrenaran y viajaran.

En camino

“Hace un año comencé con el equipo de Usme. En mayo, ya éramos campeones distritales. Así, clasificamos para un cupo en Estados Unidos. Pero no creíamos que fuéramos a viajar: no había dinero”, explica Angie Ríos, formadora del Nuevo San Andrés.

En octubre, el IDRD confirmó que patrocinaría vuelos, estadía, concurso y alimentación. Por su parte, los 41 niños y jóvenes libraron una batalla para conseguir el dinero para el pasaporte, la visa y otros gastos. Los padres de Usme, por ejemplo, hicieron rifas. Algunos jóvenes de Kennedy, en cambio, tuvieron que trabajar.

“Yo me ocupaba en una panadería los fines de semana. Además, estudiaba, limpiaba la casa y entrenaba en las noches”, explica Marisol, de 18 años. Luis Fernando Castañeda, también del equipo del Carlos Arango, trabajaba en las noches con su madre en un restaurante. Juntos reunieron el dinero.

“También entrenábamos muy duro: tres horas diarias”, apuntan Melany y Johan.
El 29 de marzo, abordo de un JetBlue rumbo a Orlando, supieron que el sueño se hacía realidad.

A 3.000 kilómetros de casa

Casi ninguno había montado en avión. “Cuando nos dijeron que íbamos a viajar, el avión era lo que nos asustaba”, relata Marisol.

“Pero después de que pasó el susto, yo estaba tan feliz. Vi cómo los carros se hacían chiquiticos, y luego nos metimos entre las nubes”, dice Laura Roncancio riéndose. Tiene 13 años y sigue sin creer esa aventura.

Ese mismo día, en la tarde, entrenaron en Orlando. “Sabíamos que no era un paseo, sino una competencia”, dice Marisol.

Y, el sábado, vencieron los nervios y los 3.000 kilómetros que los separaban de sus barrios. Los niños del Nuevo San Andrés de los Altos fueron flexibles, fuertes y agraciados. Johan hizo un arco y flecha y sonrió. Su hermana Melany, una base, sostenía a otra de sus compañeras. Pensaron en mamá. Ella estaba acurrucada en Bogotá con su hijo menor, otro porrista, viendo la transmisión en directo que le enviaban otros padres desde Estados Unidos.

Los 21 jóvenes del Carlos Arangofueron precisos y fuertes. Mortales, saltos rusos y una coreografía ensayada por 10 meses valieron la pena. “Esperamos el resultado. Cuando no escuchamos nuestro nombre, pensamos que no íbamos a ganar. Luego, nombraron nuestro colegio. Lloramos y nos abrazamos”, cuenta Marisol.

“Nosotros ni siquiera nos enteramos que ganamos”, explica Melany, con mirada pícara, “no sabíamos inglés. Cuando dijeron el nombre del colegio, solo la profe Angie saltó”. Los más pequeños creían que era solo un buen puntaje, pero afuera del coliseo entendieron que eran los segundos mejores de los Ultimate Nationals.

Si no imaginaban ganar, mucho menos pensaron cómo iban a celebrar. El IDRD les obsequió la entrada a los Parques Disney y a los Estudios Universal.

“¡Pasé mi cumpleaños en esos Parques!”, exclama Laura, hoy con 13 años, y agrega, emocionada, “¡El castillo cambiaba de colores y Mickey estaba allí!”

“Yo había visto fuegos artificiales desde mi barrio, en el Tintal. Pero los que vi en Disney, cubriendo todo el cielo, no tienen comparación”, suspira Luis Fernando.

Los rostros de esta historia

Cinco niños y jóvenes y sus familias contaron sus historias en esta travesía deportiva a EL TIEMPO.

Porristas Usme

Fabiana Suárez quiso ser deportista. Hoy, le transmite esta pasión a sus tres hijos: Johan, Fernando y Melany Torres, tres porristas del colegio Nuevo San Andrés de los Altos en Usme.

Foto:

Ana Puentes

Porristas Usme

Johan y Melany Torres fueron subcampeones en la categoría Junior. Ambos quieren seguir entrenando.

Foto:

Ana Puentes

Porristas Usme

Aunque no se les daba muy bien hacer la conversión de pesos a dólares, Johan y Melany se las arreglaron para traer algunos recuerdos.

Foto:

Ana Puentes

Porristas Usme

Laura Roncancio, otra de las porristas junior, contó su historia desde su casa, en el barrio La Aurora, en Usme. Su madre, Nancy Sierra, la apoyó económicamente. 

Foto:

Ana Puentes

Porristas Usme

Todos los participantes recibieron una medalla.

Foto:

Ana Puentes

Porristas Kennedy

Marisol Suárez

Foto:

César Melgarejo

Luis Fernando

Luis Fernando Castañeda, porrista del Carlos Arango Vélez, trabajó en un restaurante para financiar parte de su viaje. 

Foto:

Luisa Sánchez

Un club de fans

El 2 de abril, los padres de los niños del Nuevo San Andrés de Los Altos se agolpaban en el aeropuerto. “Nosotros también tuvimos sueños. Yo quise ser porrista, por eso los apoyo. Es bonito que ellos vivan todo esto”, dijo Fabiana esa noche, con una camiseta que llevaba estampada el rostro de sus dos hijos.

“Estos proyectos permiten que los niños no estén metidos en la violencia. El deporte ocupa su mente y los orienta hacia lo bueno”, agrega Nancy Sierra, madre de Laura Roncancio. Y Marisol confirma: “Entré a porras y me organicé. Tuve un motivo para luchar”.

Y ellos saben que el esfuerzo no fue solo físico. Los muchachos respondieron por su estudio, trabajaron para conseguir el dinero y perfeccionaron su rutina. Entendieron que esto se ganaba a pulso y en equipo.

La próxima acrobacia

Johan mira su medalla y sonríe: “la profe Angie nos dijo que íbamos a seguir viajando”. Con el torneo de Orlando, clasificaron a otras siete competencias internacionales. El equipo espera poder ir a alguna.

“Quisiera seguir siendo porrista. O estudiaría fotografía o entrenamiento deportivo”, dice Marisol, de grado décimo.

A los dos días, los equipos de retomaron sus entrenamientos. El porrismo no se detiene. Habrá más calentamiento, más gimnasia, más baile. En la cancha del colegio, donde practican desde hace un año, las bases levantan a sus flyers y todos miran al cielo. Pasa un avión. Se ven subidos en él, una vez más.

ANA PUENTES
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
Twitter: @soypuentes

LUISA SÁNCHEZ
BOGOTÁ
Twitter: @lusanchez1240

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