Bogotá

El 'paseo millonario' no ha sido erradicado de Bogotá

Este año, el Gaula ha recibido 5 denuncias en la capital. Usan taxis con placas de otras ciudades.

Cómo se vive un paseo millonario l EL TIEMPO l Agosto Cómo se vive un paseo millonario l EL TIEMPO l Agosto

Cómo se vive un paseo millonario

01 de septiembre 2016 , 05:42 a.m.

Milena no volverá a coger taxi en la calle, han pasado 34 de días de haber sido víctima de un ‘paseo millonario’ en Bogotá; aún siente su rostro adolorido. Sus captores la golpearon cuando la sintieron presa del pánico.

Ella pensó, como muchos ciudadanos, que luego de la captura de la banda, que el 20 de junio del 2013 asaltó y asesinó al agente de la DEA Terry Watson, ese delito hacía parte de la historia delictiva en Bogotá, sobre todo porque después de ese acontecimiento las autoridades dieron golpes asertivos en contra de quienes se lucraban de este delito.

Estaba equivocada. El 28 de julio del 2016 esta mujer tomó un taxi que se movilizaba por la avenida 19 con calle 125, a las 6:30 de la tarde, en plena hora pico. “Como siempre, le mandé las placas del carro a mi esposo como medida de seguridad. Él las recibió y se sintió tranquilo”.

Cuando iban a la altura de la calle 150 con autopista Norte, el conductor del taxi manifestó que la caja de cambios se estaba trabando; de hecho, sonaba feo y le argumentó a la pasajera que el embrague de su vehículo fallaba. “Me dijo que no era nada grave y siguió andando hasta que llegamos a la calle 153; ahí, el carro volvió a emitir el mismo sonido. Yo le dije al señor que me dejara salir porque me parecía peligroso ese traqueteo”.

Hizo caso omiso. En vez de orillarse cuando la mujer se lo pidió, lo hizo diez cuadras después, justo, donde lo esperaba su cómplice. El ‘paseo millonario’ comenzaba. “Cuando me estaba bajando un extraño me empujó hacia el interior del vehículo y me forzó a entrar de nuevo”. Eso fue con violencia. Milena entró en pánico. El agresor tumbaba la cabeza de la mujer sobre sus piernas y la obligaba a que mantuviera los ojos cerrados, pero ella, a través de un minúsculo orificio, se dio cuenta que el taxista avanzó hacia el norte, que luego se devolvió hacia el sur y que cogió la carrera 30. En un impulso de valentía, Milena intentó abrir la puerta, porque sabía que era una hora de congestión, pensaba que era absurdo que nadie la viera, pero esa reacción le costó varios golpes en su rostro. “El tipo me cogió a puños, yo pensé que me había tumbado los dientes”.

Ella se daba cuenta cómo esculcaron su bolso hasta que encontraron la tarjeta débito. “Me preguntaron la clave y, en ese momento, el tipo que conducía llamó a alguien con su celular y le dio los números que me habían obligado a decirles”. Un tercer cómplice era el encargado de hacer todo los retiros electrónicos. Fueron muchas vueltas en la que sus captores la amenazaban, le preguntaban si tenía hijos, se dirigían a ella con palabras vulgares, la obligaban a que no siguiera llorando, le decían que la iban a matar.

Una hora y veinte minutos después, Milena fue abandonada cerca de un caño en el barrio San Fernando, en la calle 70 con carrera 52. “Estaba llorando, como pude entré a una tienda y el señor me ayudó a llamar a mi esposo. Quedé aterrada”. Las placas que la mujer le había enviado a su esposo eran VGD 562. Tiempo después la Policía le confirmó que estas no correspondían a la ciudad de Bogotá. En total el robo fue de 1’760.000 pesos, además de su celular, un reloj y 300.000 en efectivo que llevaba en el momento del secuestro.

Placas de otras ciudades

Los mismos taxistas han comenzado a identificar el movimiento de vehículos amarillos en la ciudad que tienen hasta dos placas diferentes sin que ninguna autoridad se percate del asunto. “En el lavadero de la avenida La Esperanza con carrera 102 le tomé la foto a un vehículo con dos placas diferentes. Qué pueden buscar con esto, pues cometer fechorías y hacer quedar mal al resto de taxistas que trabajamos de forma honrada en Bogotá. Ayer vi otro con placas de Sincelejo”, dijo Albeiro Leal.

La dirección Antisecuestro y antiextorsión del Gaula ha estado atenta a la situación. De hecho, entre el 2012 y el 2016 se han realizado 13 capturas y un rescate, y continúan siguiéndoles la pista, no solo a los carros de otras ciudades que, extrañamente, comenzaron a circular por la ciudad sino a las pocas denuncias de las víctimas.

Pero otra cosa se escucha en el voz a voz, otra vez, el delito volvió a ocupar las conversaciones de los ciudadanos.

Me han impactado mucho las últimas noticias sobre paseo millonario. A mí me lo hicieron el pasado 9 de julio en la ciudad de Bogotá, muy cerca de la estación de Alcalá de la Autopista Norte. Más grave aún, fue un taxi en la mañana del sábado”, dijo *Jorge, otra víctima reciente del delito.

‘Hay que denunciar’

Para el Gaula, combatir este delito urbano es prioridad, por eso les piden a las víctimas que aunque el proceso sea engorroso, denuncien. “De eso depende tener más pistas para capturar y judicializar a los implicados”, le dijo a EL TIEMPO uno de los investigadores de la institución. Las alarmas están prendidas, porque aunque este año solo hay reportados cinco casos, son tres casos más en comparación con el año 2015.

En los casos denunciados todas las víctimas fueron mujeres, lo que hace presumir que pudo haber sido una misma banda. “Si es así, esta banda fue capturada pero no nos podemos confiar”, aseguró el investigador del Gaula.

De los cinco casos registrados este año se sabe que ocurrieron en las localidades de Puente Aranda, Engativá, Chapinero, exactamente en el parque de la 93 y en la calle 72 y en el sector de Galerías. La modalidad en común era que el conductor recogía a una mujer y su cómplice se escondía en la silla del copiloto; cuando la víctima ya estaba dentro del vehículo, atacaba. “Eso es secuestro simple y las penas pueden ser de hasta 40 años”, dijo el investigador.

Para las autoridades, uno de los problemas es el poco control que tienen las cooperativas de taxis para con sus afiliados. “No revisan las hojas de vida, un solo taxi puede ser manejado por muchas personas y el dueño no sabe que podría terminar siendo acusado de coautor de un secuestro”, dijo el investigador. La última banda capturada tocaba de forma abusiva a las mujeres. “Las asustaban con armas blancas, las ofendían pero no las golpeaban para evitar la denuncia. Como investigador les digo a los ciudadanos que denunciar es la única forma de recolectar pruebas para capturar a estas bandas”.

CAROL MALAVER
Subeditora de EL TIEMPO
* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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