Bogotá

Mono, el perro que aún espera a sus dueños en las vías del tren

Al igual que Hachiko, el de la película 'Siempre a tu lado', el animal ha esperado por casi 10 años.

Mono, el perro de la calle 153

Dicen que Mono todavía espera a quienes lo dejaron abandonado.

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Rafael Jaller / EL TIEMPO ZONA

18 de marzo 2017 , 01:44 p.m.

Son las 11 de la mañana y, como casi todos los días, Mono se ubica frente a la caseta de la vía férrea de la carrera 9.ª con avenida La Sirena -calle 153-, en el norte de Bogotá, a la espera de una mujer que le lleva el desayuno. Se trata de la señora Isabel Pardo, quien reside en esta zona y que, pese a no ser su dueña, se acerca y lo consiente.

Luego, Mono empieza a caminar lentamente -debido a su aparente sobrepeso- a lo largo de la calle 153. Sube hasta la 7.ª y se devuelve a la 9.ª. Visita a los encargados de la caseta del tren y se recuesta sobre el césped. Aparentemente está pensando. ¿En qué? “Quizás en el regreso de la familia que lo dejó abandonado. Tal vez por eso siempre permanece en esta zona”, explica Andrés García, uno de los hombres de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), que permanece en la caseta.

Mono, el perro de la calle 153

El perro recorre la vía férrea de la avenida 9.ª con calle 153.

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Mono, el perro de la calle 153

Dos residentes del sector se han hecho cargo de darle comida y contratar un veterinario para Mono.

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Mono, el perro de la calle 153

Debido a sus 10 años, y a su paso lento al caminar, según vecinos, mono corre el riesgo de ser atropellado.

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Mono, el perro de la calle 153

De acuerdo con un etólogo, es difícil que mono se adapte a una nueva familia, pues lleva viviendo mucho tiempo en la calle.

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Mono, el perro de la calle 153

De acuerdo con una vecina, en una pelea con otro perro, Mono casi pierde una de sus orejas.

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Mono, el perro de la calle 153

Uno de los obreros del Homcenter de la calle 151 había adoptado a Mono, pero cuando culminó la obra lo abandonó.

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Según cuentan algunos vecinos, Mono es conocido por todos los residentes de la zona, pues lleva unos 10 años viviendo allí, así, en abandono. “Yo llegué hace siete años a este sector y lo que nos contaron quienes llevaban viviendo más tiempo es que este perro fue abandonado por una pareja tras la llegada de un bebé a su familia. Desde ese entonces, Mono camina siempre por la 153”, explicó Beatriz Molano, residente de la zona.

Mono aparentemente está pensando. ¿En qué? Quizás en el regreso de la familia que lo dejó abandonado. Tal vez por eso siempre permanece en esta zona

Y es que este perro mitad akita y mitad chow chow se ha convertido en la mascota más querida del sector, y aunque no es de nadie, parece ser querido por todo mundo. De hecho, su historia es relacionada con Hachiko, el perro de la película 'Siempre a tu lado', dirigida por Lasse Hallström, quien espera a su dueño -que murió a causa de un paro respiratorio- frente a una estación de tren durante 10 años.

“Pero ¿sabe qué es lo triste? Que Mono siempre ha vivido en un constante abandono. Mientras se construía el Homecenter de la calle 151, un obrero casi que lo adoptó y lo cuidó. Sin embargo, tan pronto acabó la construcción lo volvieron a abandonar”, aseguró Carolina Bejarano, otra residente de este sector que también está pendiente de él.

Un caminante solitario

Lo grave de la situación de Mono es que, a pesar de ser querido por la comunidad, y que cuenta con una casita para vivir, donada por una vecina, está expuesto a enfermedades e infecciones comunes en perros que viven en la calle. Además, debido a su edad y a su paso lento, a veces poco firme al caminar, corre el riesgo de ser atropellado por uno de los carros que transita por la avenida 9.ª.

Hachico, película Siempre a tu lado

Algunos comparan la historia de Mono con la de Hachiko, el perro de la película 'Siempre a tu lado'.

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EL TIEMPO

“Yo llegué al barrio hace poco más de dos años. Desde ese entonces, junto a la señora Isabel, asumimos la responsabilidad de alimentarlo y hacernos cargo de él. Así, pues, ella le lleva el desayuno y yo le llevo la comida en horas de la tarde. También hemos cubierto los gastos de veterinario cuando Monito lo ha necesitado”, explica Carolina Bejarano, quien vive sobre la 153.

De acuerdo con Carolina, cuando ella llegó al barrio, el perro tenía parásitos y varias infecciones. De ahí, el primer contacto con un veterinario, quien, además, lo esterilizó. En otra ocasión también tuvieron que acudir a un especialista, pero por algo más grave: según cuentan, Mono se peleó con un perro rottweiler que casi le quita una de sus orejas.

Él es un perro libre e independiente, eso es lo que lo caracteriza, ser un perro de la calle. No es justo amarrar a un animal que ha sido víctima de un constante abandono

Y entonces, ¿por qué no lo adoptan? Para responder a esta pregunta Carolina afirma que, en una ocasión llamó a una fundación, pero la respuesta de esta no fue positiva: “Después del análisis de un etólogo, se llegó a la conclusión de que Mono no puede vivir en un mismo lugar con otros perros, porque a ratos es agresivo. Con los humanos sí es amigable, pero el etólogo dijo que adoptarlo tampoco era una buena idea, pues lleva 10 años viviendo en la calle”, dice Carolina.

Por su parte, Alejandro García, veterinario de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos, dice: “Si se adopta a este perro o se lleva a una fundación, lo más probable es que se escape. Un perro que lleva viviendo tanto tiempo en la calle no se apega al buen trato que le pueda brindar su dueño, sino de estar suelto en la calle, en libertad”.

Además, el veterinario aseguró que, debido a la vida en las calles, a Mono le costaría adaptarse a una nueva vida rodeado de una familia. “Estos perros suelen ser desconfiados y es difícil que se pueda adaptar. Aun así, no es imposible, se podría intentar buscar a alguien que se haga cargo de él y observar su comportamiento”.

Y si bien, para algunos Mono es la mascota insignia de la calle 153, para otros no lo es tanto. Conforme con algunas personas de la comunidad, este perro ha mordido y atacado a otras mascotas de los residentes de la zona, quienes han planteado la idea de amarrarlo junto a la caseta del tren, en la avenida 9.ª. Sin embargo, hay quienes se niegan rotundamente a esa idea.

“Él es un perro libre e independiente, eso es lo que lo caracteriza, ser un perro de la calle. No creo que sea justo amarrar a un animal que, además de que ya está viejito, ha sido víctima de un constante abandono”, asegura Carolina, mientras alista la comida y una cobija para Mono, el caminante taciturno de las vías del tren, que espera ansioso, mirando de lado a lado, a quienes un día fueron sus dueños.

CARLOS ANDRÉS CUEVAS
Redacción EL TIEMPO ZONA

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