Bogotá

La tragedia familiar detrás de la masacre en discoteca de Fontibón

Dos de las víctimas de este hecho violento eran primos, oriundos de Palermo (Huila).

Discoteca de Fontibón

Desde hace cinco años funciona este establecimiento nocturno en Fontibón. Antes estaba ubicado en la localidad de Engativá.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

06 de marzo 2017 , 11:22 p.m.

Virgelina Olaya jamás pensó que trasladarse de Palermo (Huila) con su hijo Duver Trujillo a Bogotá, en busca de un mejor futuro, se convertiría en un nuevo encuentro con la muerte.

Pero el domingo en la madrugada la historia de su hijo y su esposo asesinados hace 10 años, en Caquetá, se repitió. Esta vez las víctimas eran su otro hijo, Duver (de 18 años) y la sobrina de su esposo, Graciela Trujillo, de 37, quienes fueron encontrados junto con dos hombres más, atados de manos y con múltiples heridas con arma blanca, en una discoteca de Fontibón.

(Lea también: Familiares esperan los cuerpos de las víctimas de asesinato en un bar)

Según las autoridades, cuando el establecimiento ya estaba cerrado y los propietarios y un par de empleados estaban haciendo aseo en el lugar fueron atacados.

Nosotros fuimos alertados por el hermano del dueño de la discoteca, que se extrañó porque su familiar no llegaba a la casa, nuestro equipo judicial e investigativo llegó al lugar, hallaron los cuerpos y en este momento se están adelantando las respectivas investigaciones”, afirmó el coronel Dairo Puentes, comandante operativo de la Policía de Bogotá.

El regreso

El pasado viernes, dos días antes de que ocurriera el asesinato, Virgelina le había manifestado a Duver su deseo de devolverse para Palermo y le pidió que se fuera con ella. Su hijo aceptó pero con la condición de que lo dejara trabajar un mes más para poder juntar el dinero necesario y pagar algunas deudas que tenían.

“Yo le dije que nos fuéramos, que estaba cansada de estar aquí, y él me dijo que aguantara un mes más. Si me hubiera hecho caso, nada de esto estuviera pasando”, contó entre lágrimas la madre.

Mientras intentaba mantener la fuerza para asimilar la situación, con ayuda de su hijo Jeison, el único que le queda vivo, recordaron cómo hace más de una década, y con la misma idea de buscar mejores oportunidades, junto con su esposo y sus tres hijos se mudaron a Caquetá, pero la fuerte violencia y la presencia de grupos armados en la zona acabaron con una parte de su familia y la obligaron a devolverse para el Huila.

A la gente buena le pasa esto, uno se esfuerza criando a sus hijos, dándoles lo mejor ¿para qué? Para que acaben con ellos y me los arrebaten así”, añadió la madre.

Otra de las víctimas es Franklin Caicedo, el esposo de Graciela y propietario de la discoteca. Su hermano, Quintiliano Pineda, fue quien se percató de su ausencia y alertó a las autoridades sobre la extraña situación.

“Yo vi que Franklin nada que llegaba a la casa, ya era por la mañana y eso era muy raro. Siempre fuimos muy cercanos y nunca lo vi metido en problemas ni le conocí enemigos. En cinco años que llevaban trabajando en el bar, en Fontibón, es la primera vez que sucede un problema así”, aseguró Pineda.

Franklin Caicedo (oriundo de Nariño) y su compañera sentimental dejan dos hijos de 10 y 6 años, además de un primer hijo, de 15 años, que Caicedo tuvo en una relación anterior.

La cuarta víctima es otro empleado del lugar y vecino de los dueños en el barrio El Muelle (Engativá).

Además otro joven de 19 años resultó herido en los hechos y presenta lesiones en los vasos sanguíneos y en el corazón. En las últimas horas fue intervenido quirúrgicamente, fue necesario una transfusión de sangre y se encuentra estable en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Santa Clara.

Otras masacres

Luego de conocerse la noticia del asesinato en esta discoteca de Fontibón, los vecinos del sector quedaron asombrados por la situación, pues aseguran que nunca antes se había presentado un hecho de esta magnitud.

Sin embargo, en los últimos años varios casos similares han consternado a los bogotanos.

Uno de ellos fue el del bar Reminiscencias, en la avenida Primero de Mayo, en el año 2000, cuando un hombre, al parecer por un ataque de celos, entró al lugar y con una subametralladora Miniuzi disparó indiscriminadamente contra todos los asistentes y asesinó a 10 de ellos.

En septiembre del 2013, en el sector de Restrepo, seis personas fallecieron en un bar cuando un grupo de policías que llegaron a inspeccionar el lugar y frente a la negativa de dejarlos entrar, presuntamente, decidieron arrojar gas pimienta y se asfixiaron (los hechos aún son materia de investigación judicial).

En Patio Bonito también se presentó un caso similar el año pasado, cuando después de una discusión en un bar, uno de los sujetos salió del establecimiento y minutos después regresó con un arma de fuego, intimidó a los clientes y se enfrentó con la policía. Dos uniformados resultaron heridos y el agresor fue dado de baja.

(Además: Las tragedias más graves en bares de Bogotá en los últimos años)

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