Bogotá

La fiebre de caminar está poniendo en riesgo los cerros

En 2017, antes del cierre, 55.000 personas visitaron La Vieja. Mucha demanda y pocos senderos.

Quebrada La Vieja

Aún hay personas que llegan a realizar recorridos por el área de reserva, tras dos meses de su cierre; pero no pueden ingresar.

Foto:

Diego Santacruz

29 de abril 2018 , 10:53 a.m.

Ocho meses cumple cerrada la quebrada La Vieja (diagonal 72 con carrera 2.ª este). El mal estado de los puentes de acceso a la quebrada Las Delicias (diagonal 55 con carrera 5.ª este) tiene a esta ruta natural con visitas restringidas. Y el sendero del río San Francisco (avenida Circunvalar frente al chorro de Padilla) fue sellado por el Acueducto desde el 21 de abril hasta nueva orden.

Tres casos emblemáticos que invitan a pensar que hay crisis en los senderos ecológicos que se extienden por las 13.000 hectáreas que conforman los cerros orientales. Entre las razones: el éxito de caminar por estas montañas provocó sobredemanda; la inseguridad y factores naturales, como la lluvia.

Para grupos de caminantes como el colectivo Amigos de la Montaña, “la situación es perjudicial para la salud de los ciudadanos, que se quedan sin espacios naturales para visitar, y para los cerros porque a causa del cierre de unos, los que quedan abiertos no dan abasto para recibir a todos los caminantes”, afirma Andrés Plazas, vocero de la comunidad.

Esto ya ocurrió con los senderos de La Vieja y Las Delicias (dos de las 196 quebradas que atraviesan los cerros). Debido al cierre preventivo del primero —en agosto del 2017–, el segundo, que estaba acostumbrado a recibir a no más de 20 visitantes al día, llegó a tener una afluencia de 300 personas, lo cual generó que los puentes de acceso, que ya tenían un deterioro natural, casi colapsaran.

Por eso, a finales del 2017, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) firmó un contrato con la ONG Ecobosques, con el fin de hacer cumplir el ‘Plan de uso público de los cerros’ —333 del 2009— y determinar un ‘Plan integral de mantenimiento’ para cada uno de los senderos.

Dicho plan debe incluir un estudio de carga que establezca el número de personas que pueden ingresar a los espacios ecológicos en días hábiles y fines de semana, los horarios en los que estos estarán abiertos, y otros aspectos de seguridad y mobiliario disponible. Los resultados de los planes de mantenimiento para cada trayecto, según la CAR, serán entregados a finales de este año.

¿Por qué no abren La Vieja?

Según la Empresa de Acueducto de Bogotá (EAB), responsable de esta quebrada, “el año pasado se presentó ante la CAR una primera versión del ‘Plan integral de mantenimiento’ de esta ruta”. Sin embargo, la CAR solicitó que se le realizaran algunos ajustes. El 20 de abril de este año, la EAB radicó la versión final del plan.

Las modificaciones incluyen cambios en las medidas de manejo para actividades de senderismo; en el horario de visitas que se había determinado en un principio y el número de personas que pueden ingresar —estudios de carga—.

Ahora, según el Acueducto, la CAR tendrá que evaluar el documento y proceder a levantar la medida preventiva y ordenar reapertura del sendero. Poniendo así en marcha los lineamientos para la operación a cargo de la empresa.
Aún no hay una fecha establecida para su reapertura.

¿Colapsó Las Delicias?

De acuerdo con Plazas, “la recuperación de la quebrada y de su infraestructura se hizo hace unos ocho años, razón por la que presenta un deterioro natural evidente”. Pero por el cierre de La Vieja, la gente se volcó a los senderos Horizontes y Las Delicias, agrega.

Las Delicias

En mal estado se encuentran los puentes de acceso a Las Delicias.

Foto:

Diego Santacruz / EL TIEMPO

Para este caminante es vital que todos los senderos estén abiertos a la ciudadanía y cuenten con medidas de seguridad, pues solo así se evitará la sobredemanda en uno de ellos. De lo contrario, explica, la gente seguirá buscando espacios naturales para su disfrute, y se irán saturando.

¿Y los demás senderos?

Según el Acueducto, entidad a cargo del sendero del río San Francisco, este paso natural permanece cerrado desde el 21 de abril hasta junio de este año, debido al mantenimiento que se realiza por encharcamientos y deslizamientos y a algunas obras para mejorar los pasos peatonales.

San Francisco

El 21 de abril, el Acueducto cerró el sendero San Francisco.

Foto:

Diego Santacruz / EL TIEMPO

En el sendero Horizontes se adelantan talas supervisadas de árboles que estaban en riesgo de caída.

¿En qué va el sendero de La Mariposa?

Desde hace un año se habla del proyecto del sendero Cortafuegos –también llamado sendero Mariposa–, que busca conectar de norte a sur los cerros orientales con un paso peatonal abierto al público.

Fernando Montenegro, consultor del Acueducto para la construcción del proyecto, afirma que a finales de este año terminará la etapa de estudios y diseños del trazado y se darán a conocer los planos detallados del sendero, junto con el operador del proyecto y la forma como el paso turístico (de 20 entradas a lo largo de la ciudad) se conectará con el sistema de atención de incendios de la montaña.

‘Los espacios de recreación pasiva son escasos’

William Alfonso Piña es profesor de la facultad de Gestión y Desarrollo Urbano de la Universidad del Rosario.¿Cómo está Bogotá en disponibilidad de espacio público?

William Alfonso Peña

William Alfonso Piña, docente de la Universidad del Rosario.

Foto:

archivo / EL TIEMPO

Hay un dilema con los cerros orientales porque se declararon espacio público de la ciudad, pero no son uno efectivo. Es decir, uno al que se pueda ingresar, usar y disfrutar.

En Bogotá, para mejorar los indicadores de espacio público efectivo por ciudadano se incluyeron en la medición los clubes privados, pese a que allí solo puede ingresar quien está afiliado.
El indicador internacional es muy alto. Habla de 16 metros cuadrados por persona, y eso no lo tienen ni países como Suecia. En nuestra ciudad el índice es muy bajo. Si a Usaquén le suman las zonas privadas, como clubes, da 12 metros por habitante, pero hay localidades como La Candelaria, en donde el indicador no llega ni a 1 m².

Las personas necesitan espacios para la recreación pasiva, y esos se han vuelto más escasos. Eso genera no solo que se carguen los senderos de los cerros, sino que se busquen otros alrededor de Bogotá, y la gente se vaya desplazando.

¿Qué opina de la propuesta del sendero Cortafuegos?

A mí, ese tema me parece delicado. Hay que revisarlo con cuidado porque para llevarlo a cabo, para crear la red de senderos en los cerros, habría que hacer una obra, una intervención significativa. Eso le haría una cicatriz a la montaña, ya que contemplaría bajar una gran cantidad de material propio de las áreas boscosas.

¿La visita a los cerros puede ser un problema?

Solo es un problema si no tiene un control adecuado. Cuando no hay espacio disponible, la gente comienza a lanzarse a las zonas verdes y abren caminos. Por eso hay que controlar esos recorridos dispersos, porque si uno altera los árboles grandes en una reserva, los medianos no crecerán, y así sucesivamente, y eso va alterando el ciclo natural. Se conoce como el efecto antrópico sobre los ecosistemas.

MARÍA CAMILA BERNAL
EL TIEMPO ZONA
En Twitter: @CamiBernald

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