Bogotá

El vendedor de tortas que ahora apoya a víctimas del conflicto

David es un joven que usa el deporte para ayudar a los desplazados. Es invitado a One Young World.

El vendedor de tortas que ahora apoya a las víctimas del conflicto

La misión de David Medina junto con PazArte el Balón, es empoderar a adolescentes víctimas del conflicto armado a recuperar sus vidas entrenado fútbol y técnicas de ‘breakdance’.

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La misión de David Medina junto con PazArte el Balón, es empoderar a adolescentes víctimas del conflicto armado a recuperar sus vidas entrenado fútbol y técnicas de ‘breakdance’.

04 de octubre 2017 , 02:02 p.m.

“Vamos a vender tortas, no tenemos nada para comer”. David Medina tenía 14 años cuando su madre se lo dijo. Era cabeza de familia. Solos tenían que luchar.

Como lo explica este joven bogotano de 26 años cuyos parientes nacieron en Nariño: “Por eso mi vida ha transcurrido entre la capital, Cota y Pasto, donde viví seis años”. Terminó el bachillerato a los 17 años, no solo con gratos recuerdos, ya que durante mucho tiempo fue víctima de bullying por su acento pastuso y porque solía tutear a sus compañeros. “Era mi forma de ser, pero a los demás les parecía demasiado raro”.

Mientras sorteaba esa situación, le tocó empezar a trabajar. “Mi mamá preparaba tortas en la casa y las vendíamos puerta a puerta. El primer día salimos de diez. Fue muy chévere”.

Entonces David se unió a la causa y, aunque en su colegio era prohibido, se las arregló para comercializarlas allá. “Eso nos sirvió para pagar la pensión, el arriendo y, cuando nos fue mejor, ahorrar para que pudiera entrar a la universidad. Claro, con un préstamo del Icetex”.

Llegaron a vender 25 tortas semanales porque David se las ingenió para ofrecerlas en entidades públicas y empresas, cubículo por cubículo. Ocho porciones con sabores a chocolate, vainilla y una que era integral. “Gracias a este negocio pude estudiar sicología en la Konrad Lorenz en el 2011”. Así, con tortas sin marca empezó su historia como emprendedor y a romper con esa timidez que había opacado todas sus ideas. Les tocó, incluso, buscar un panadero que les prestara un horno industrial. La empresa crecía.

La universidad

Ayudar a la gente siempre fue una idea que le sonaba a David. Por eso, cuando ya cursaba octavo semestre estaba empapado de historias de jóvenes LGBTI que vivían el drama de la discriminación y el rechazo de sus familias, y a la par había una afición por el fútbol que pensó en unir para sacar adelante algo que tenía en mente: utilizar el deporte como una herramienta para adelantar tratamientos de orden sicológico, idea que le tocó moldear de la nada en compañía de algunos amigos.

“Recordé también que en el colegio, jugar fútbol fue lo único que me salvó de los abusos. Formar parte de algo hace que la gente se conozca y se respete. Cuando los que me molestaban se dieron cuenta de que jugaba bien, me dejaron de instigar. Esa fue mi inspiración”.

Así comenzó su trabajo con 20 jóvenes con quienes se iba jugar al parque Simón Bolívar. “Luego ya me tocó escribir un proyecto; quería tener una ONG deportiva. En eso me ayudó mucho una profesora llamada Irma Gómez, y hasta dejaron que eso me sirviera como prácticas. Ya estaba en décimo semestre”.

Después tocó incluir otros deportes como básquetbol, voleibol y hasta técnicas de breakdance porque ya tenían 120.000 jóvenes en la base de datos y debían luchar para que les prestaran canchas gratis o a muy bajo costo.

David les enseñaba cómo ser independientes y así desprenderse de lo que les hacía daño. “Había un chico que dependía de la familia, era gay; le dije que si yo había podido, él también”.

Fue así como este emprendedor comenzó a investigar sobre derechos humanos, discriminación, matoneo, entre otros temas para fundar Qubo, un término nacido de la palabra inglesa queer, una forma peyorativa para designar a quienes no son heterosexuales. “Yo lo transformé en algo positivo asociándolo al cubo de Rubik y a los colores que significan diversidad”, contó David, quien gestionó canchas y elementos sin tener un peso en el bolsillo. De hecho, abrió su ONG con un capital simbólico de 1.000 pesos el 14 de octubre de 2015.

Barack Obama

Fue toda esta historia la que hizo que el programa Young Leaders of the Americas del gobierno del presidente de Estados Unidos Barack Obama escogiera el proyecto de David, en 2016, como uno de los ganadores de entre 4.000 propuestas. “Fui uno de los 20 colombianos seleccionados para visitar Estados Unidos; competí con Latinoamérica y el Caribe”. David nunca había salido del país, nadie de su familia, y mucho menos, montado en avión. Eso sí, sabía inglés; lo aprendió de forma autodidacta escuchando canciones en ese idioma. “Recuerdo mucho que cuando me llegó ese correo lloré de la felicidad y, aunque estaba peleando con ella, le dije a mi mamá que se pusiera muy bonita que teníamos una reunión en la embajada”. También se le midió a hacer una rifa para recoger fondos para los gastos extras del viaje.

Lo cierto es que en EE. UU. no solo conoció el trabajo de una fundación par de su ONG sino que aprendió de talleres, le perdió el miedo a hablar en público, a conseguir recursos, se entrenó en derechos humanos. En fin, llegó a Colombia siendo otra persona. “Hasta hablé con el alcalde de Miami”.

También entendió que los deportes no debían ser su objetivo sino su instrumento. “Supe que debía trabajar con víctimas del conflicto. Llegué con mi meta más clara que nunca”.

Luego de todo esto se ganó otra beca, esta vez con la empresa Johnson & Johnson.
En 2017, el Grupo Global de Impacto a la Comunidad de esa empresa lanzó su programa de becas One Young World, que consiste en apoyar a nivel mundial a ocho líderes, entre los 18 y los 30 años, en proyectos de impacto social y salud. Se recibieron más de 2.200 solicitudes de 160 países.

David fue el único colombiano seleccionado para potenciar su proyecto PazArte el Balón, programa creado por él para empoderar a adolescentes víctimas del conflicto armado.

Hoy esa es su misión, intervenir a la población de las 100.000 viviendas gratuitas del país, proyecto que aunque ayudó a las víctimas de la guerra generó espacios en donde lastimosamente confluyen problemas relacionados con droga y violencia. “Sabemos que el deporte y la música les ayudarán a todos estos niños a salir adelante”.

Hoy, cuando vuelve a poner los pies sobre la tierra, sigue vendiendo tortas, pero todos esos funcionarios que se las compraban lo apoyan ahora y ayudan a gestionar recursos para su causa.

Las becas de OYW y Johnson & Johnson

El programa de becas entre One Young World (OYW) y Johnson & Johnson, que se ha desarrollado desde el 2013, traerá a 45 líderes ‘millennials’ de 20 países.

Esta es la delegación más grande hasta ahora que se ha hecho presente en una cumbre, y lo mejor es que este año se unirán con David y su proyecto en el evento de OYW en Bogotá, el más grande a nivel mundial de jóvenes emprendedores.

Estas empresas, además de apoyar ideas como las de David, escogen a delegados que trabajan para ellos, como César Luján, para que, en compañía de otros jóvenes del mundo fortalezcan estas iniciativas. “Soy administrador de empresas, amo a mi empresa y me identifico mucho con este proyecto porque sé que a través del deporte se puede ayudar a muchos jóvenes a salir de sus problemas”.

Él, como David, ha sido un emprendedor que ha logrado muchos triunfos en su empresa y por eso fue escogido.

CAROL MALAVER
Subeditora BOGOTÁ
* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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