Bogotá

Más de 100 grafiteros le rindieron un homenaje a Diego Becerra

Por su muerte hay procesos penales y disciplinarios contra más de 10 policías de Bogotá.

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Unos 130 grafiteros pintaron la estructura del puente de la avenida Boyacá con 116.

Foto:

Diego Santacruz / EL TIEMPO

28 de agosto 2016 , 09:04 p.m.

En medio del olor a pintura y aerosol, la señora Elsa Flórez, abuela materna del grafitero Diego Felipe Becerra, contemplaba, junto con su perrita Violeta, los trazos en las paredes que realizaron durante el fin de semana unos 130 grafiteros de toda la capital para conmemorar los cinco años de la muerte de su nieto, quien pereció debajo del puente vehicular de la avenida Boyacá con calle 116.

(Lea también: Hallan culpable al patrullero que le disparó a grafitero Diego Becerra)

“Me dio duro ver el grafiti en el que Felipe sale con la guitarra. Hace mucho tiempo que no pasaba por ese lado del puente”, contó Flórez, quien recuerda con cariño cómo Becerra desde pequeño hacia dibujos en las paredes de su casa. “Una vez pintaron las paredes del baño con todos mis nietos. El papá los puso a limpiar casi a la medianoche lo que hicieron”, recordó la señora Flórez.

Mientras que bajo la columna que está al costado oriental del puente, rodillo en mano, Diego Alejandro Vega, quien era el mejor amigo de Becerra, pintaba la pared de blanco para iniciar un grafiti en el que de una cortina se vería el rostro sonriente de Becerra.

“Éramos amigos desde que tenía cuatro años. Nos contagiaba mucha alegría, pintábamos, jugábamos PlayStation. El día de la muerte recuerdo que mi mamá recibió una llamada y comenzó a llorar”,recordó Vega, quien sigue visitando a los padres de su fallecido amigo. (También: En peligro, abogado y testigo clave del caso del grafitero)

Lo que más les indignó de ese homicidio fueron las acusaciones que hicieron en la Policía de que Becerra era un atracador que supuestamente intentó atacar a un patrullero y que por esa razón le habían disparado. “La familia lleva cinco años esperando a que esa institución desmienta esta versión”, aseveró Vega.

Este homenaje se realizó precisamente porque se completó el primer lustro del deceso de Becerra, quien recibió un disparo en la espalda que le proporcionó, el 19 de agosto del 2011, el patrullero Wilmer Alarcón bajo el puente de la 116 con avenida Boyacá.

“Quieren que este puente sea de memoria y que todo el que pase por acá sepa que acá ocurrió algo que no debió suceder, por eso están pintando rostros de Diego Felipe y gatos como los que él diseñaba”, contó Gustavo Trejos, el padre de crianza del grafitero Becerra.

De hecho, el pasado lunes fue condenado, por homicidio agravado, el patrullero Wilmer Alarcón, quien, según el fallo, le disparó al menor cuando este se encontraba en estado de indefensión.

Sin embargo, la defensa del uniformado solicitó, antes de la audiencia de juicio, la libertad de Alarcón por vencimiento de términos, por lo que el patrullero se encuentra en las calles.

“Con esta actividad, que contó con el apoyo de varias entidades distritales, se busca que se abran espacios para que los jóvenes se puedan expresar y desarrollar el arte de forma responsable”, contó Trejos.

Por esta razón, participaron grafiteros de diferentes zonas de Bogotá, como fue el caso de Alejandro Neva, quien forma parte de la mesa de grafiti de Suba, la localidad en la que residió y pereció Becerra.

“Él era de Suba, por eso es que con mayor veras le estamos haciendo el homenaje. Estamos renovando un grafiti que ya habíamos hecho en este punto”, afirmó Neva, quien agregó que la movida de este arte urbano se ha emancipado en la ciudad.

Precisamente, muchos de estos artistas señalan lo mismo, que, a raíz de la muerte de Diego Felipe Becerra, esta práctica artística se reorganizó en la capital.

“Sentimos mucho este sitio porque fue en el que se hizo un quiebre en cómo la ciudad veía al grafiti y nosotros los artistas nos empezamos a organizar”, afirmó Stephanie Mora, representante distrital de las mesas de grafiti.

Por la muerte de Diego Felipe Becerra hay varios procesos penales y disciplinarios contra más de 10 policías de Bogotá.

El principal fue el que se inició contra Wilmer Alarcón, quien fue hallado culpable de homicidio agravado, aunque el monto de su condena se conocerá en octubre. Si bien Alarcón está en libertad, se expidió una orden de captura en su contra.

A su vez, hay otro proceso penal por alterar la escena del crimen en contra del coronel José Javier Vivas Báez, quien para la época era subcomandante de la Policía de Bogotá; el coronel Nelson Arévalo, quien comandaba la Policía de Suba el día del homicidio, y el subintendente Rosemberg Madrid Orozco, comandante del CAI de los Andes, en el que estaba adscrito el patrullero Wilmer Alarcón, también de la zona de Suba.

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