Bogotá

La familia que lleva tres generaciones afinando los pianos de Bogotá

Solo hay unas 10 personas en Colombia que se dedican a este oficio.

Afinadores

Nicolás, Yuri, Miguel Roberto y Leonardo Forero componen una de las familias con más tradición en la reparación de pianos en la capital.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

14 de noviembre 2017 , 10:43 p.m.

Cuando Miguel Roberto camina por los pasillos del teatro Colón, algunos de los trabajadores lo saludan por su apellido. “Maestro Forero, buenas tardes”, le dicen. Él fue, por cerca de cincuenta años, el encargado de que los pianos del teatro sonaran bien. Ahora, la responsabilidad de afinar los instrumentos la heredó su hijo Yuri, el año pasado, cuando Miguel decidió retirarse y se fue a Tenjo.

Esta familia se ha dedicado al mantenimiento y reparación de estos instrumentos por tres generaciones. El primero fue Miguel Roberto, quien a sus quince años consiguió trabajo en el taller de Natale Catto, en la calle 46 con carrera 7.ª, en una casa que todavía existe y en la que había, según Forero, un aviso amarillo que decía Pianos Catto.

El propietario era un siciliano que arribó a Colombia en la década de los 50 desde Egipto, huyendo del régimen de Gamal Abdel Nasser. Miguel llegó a ese taller porque quería aprender a fabricar y reparar violines, pero Catto le encargó los pianos. Ahí aprendió a afinar. En ese momento, eran tan pocas las personas que se dedicaban a esto en Bogotá que el maestro los recuerda a todos con nombre y apellido. Eran cuatro.

Miguel Forero tuvo tres hijos. La mayor, Érika, se dedicó a la limpieza del encordado y del mecanismo; Leonardo, quien se dedicó a reparación y mantenimiento, y actualmente tiene un taller, y Yuri, el menor, quien heredó el oficio de afinador y es el encargado de los pianos del teatro Colón y de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Afinadores

Con esta palanca, el afinador mantiene las cuerdas correctamente tensionadas.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

Leonardo y Yuri acompañaban a su padre al Colón cuando él tenía que ir a hacer su oficio. El mayor ayudaba con el mantenimiento, desarmado y reparación desde que tenía 12 años. “Me aburría cuando había que acompañar a mi papá a tensar las cuerdas”, dice Leonardo, pero le encantaba la mecánica de ese instrumento, y a eso se dedicó. “Durante las vacaciones del colegio, mi papá nos llevaba al taller y a mí me fue emocionando armarlos y desarmarlos”, recuerda. Le gustó tanto que no terminó el bachillerato y dedicó toda su vida a eso.

Desde que tenía 8 años, Yuri iba con su padre al teatro. Mientras Miguel Roberto afinaba, él armaba un cubo de Rubik. “En esas visitas al Colón, yo siempre estaba escuchando y empapándome inconscientemente del oficio”, dice. A los 18 años fue cuando decidió aprenderlo para ponerlo en práctica y convertirlo en su forma de trabajo. De eso ya hace treinta años.

La nueva generación

Yuri es el presente, dice él mismo, porque el futuro es su hijo, Nicolás, la tercera generación de los Forero. Este joven tiene 22 años y estudió violín en el Conservatorio de la Universidad Nacional cuando era niño. Ahora el instrumento con el que tiene un romance es el saxofón, pero también aprendió el oficio de afinar de su papá.

A veces, cuando Yuri está muy ocupado, el más joven de los Forero lo reemplaza. Desde hace más o menos cinco años padre e hijo afinan pianos juntos. Entre los dos lograron hacer un canje con la Universidad Sergio Arboleda: Nicolás afina los pianos a cambio de lecciones de saxofón. Ahora participa en la Big Band de esa institución. Él es el primer Forero que ha hecho música, al contrario de lo que se podría pensar.

Ahora cualquiera que consigue un afinador electrónico y una palanca cree que puede arreglar un piano

El entrenamiento

Este no es un oficio que se pueda aprender en una universidad, al menos en Colombia. La única escuela en la que los Forero recibieron entrenamiento fue en su casa. La tradición familiar mantiene los pianos colombianos sonando correctamente. Aunque no todos. Yuri reconoce que aún hay muchas personas que no piensan en lo importante que es mantener estos instrumentos afinados. Es más, mucha gente ni siquiera sabe que los pianos se desafinan. Cada vez que alguien toca una tecla, se acciona una palanca que mueve un martillo con cabeza de lana prensada. Ese martillo golpea una cuerda que está tensada de tal forma que cada tecla suene diferente. El problema es que, con la repetición de ese movimiento, la tensión en las cuerdas se va perdiendo y la nota cambia.

Los pianos que hay en el teatro Colón, por ejemplo, se afinan cada vez que va a haber un concierto. Quien se dedica a esto sabe muy bien cómo tiene que sonar cada tecla. En ocasiones, algunos, como Yuri, utilizan aplicaciones móviles que ayudan a identificar la frecuencia a la que suena cada una. Luego, con una palanca, el afinador aprieta las clavijas para tensionar la cuerda, de forma similar a como funcionan las guitarra, pero la diferencia es que una de estas tiene 6 cuerdas y un piano puede llegar a tener 220.

Eso es solo lo mecánico. En esto también existe la ‘santísima trinidad’: el instrumento, el músico y el reparador. Cada uno tiene que funcionar adecuadamente para que los otros puedan hacer bien su labor. “Son tres elementos que se conjugan en uno solo”, dice el maestro Miguel Roberto.

El trabajo de un afinador, en palabras de Yuri, es hacer todo lo posible para que el intérprete pueda transmitir, con su música, lo que tiene en el corazón.

En tiempos modernos

Este oficio, como muchos otros, ha venido cambiando con la tecnología. Los aparatos electrónicos favorecen la ilusión de que no se necesita más que uno de ellos y un par de pilas AA para hacer que un piano suene como debe. “Ahora cualquiera que consigue un afinador electrónico y una palanca cree que puede arreglar un piano, pero en este trabajo hay cosas que exceden lo mecánico, como la relación con el instrumento, el cuidado y conocimiento de sus partes y de cómo funciona cada una”, dice Miguel Roberto.

La tecnología, coinciden los Forero, es un medio, uno muy útil, pero como todo medio, depende de quien lo utilice.
La música, agrega Yuri, es una actividad muy humana, y sería ingenuo pensar que esa condición se puede quitar reemplazando a las personas por un aparato.

El hecho de que este no sea un oficio muy conocido puede deberse a que el trabajo de alguien que afina pianos se hace tras bambalinas, y, si lo hace bien, no se nota.

En cambio, si está mal hecho, se nota mucho. Quizás esa falta de visibilidad hace que quienes tienen pianos no se preocupen mucho por cuidarlos. Eso está cambiando, pues cada vez más universidades se han dado cuenta de que para conseguir excelencia en los músicos que forman necesitan que los instrumentos con los que practican estén en excelentes condiciones.

Si un piano suena mal, quien aprende a interpretar con él seguramente creerá que así es como debe sonar, aunque esté equivocado. Por eso, para Yuri es muy importante que quienes se están formando en esta carrera exijan que sus instrumentos se mantengan en buenas condiciones, porque lo que está en riesgo es la calidad de la música que se hace en Colombia.

DAVID RIAÑO VALENCIA
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO @davidrianov

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