Bogotá

La abogada venezolana que huyó y ahora ayuda a sus compatriotas

Tras presiones políticas y no hallar insulina, de la que depende, decidió salir del país.

Lublanc Prieto

Lublanc Prieto es abogada de la universidad Católica de Táchira. Tiene 4 especializaciones y una maestría en criminalística. Llegó a Bogotá hace dos años.

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Héctor F. Zamora / EL TIEMPO

15 de febrero 2018 , 08:42 a.m.

Sensación constante de sed. Sequedad en la piel. A Lublanc la falta de insulina le estaba agotando el cuerpo y ni el seguro social de Venezuela ni la salud privada que con tanto juicio pagaba mes a mes le suministraban la sustancia. Ni siquiera conseguía los instrumentos para inyectarse el medicamento.

Poco importaba que fuera la jefa de despacho de la coordinación de Vigilancia y Disciplina de la Defensa Pública, un órgano constitucional del vecino país. Esta abogada de la universidad Católica de Táchira tenía a su cargo la apertura de investigaciones disciplinarias a decenas de funcionarios del gobierno del presidente Nicolás Maduro en esa entidad. Desde su posición tuvo que sortear los síntomas de una corrupción que intentaba seducirla.

“En una oportunidad me pidieron que no investigara unos actos de corrupción de unos funcionarios con posiciones importantes dentro de la institución”, suelta Lublanc Prieto mientras se acomoda en una silla de una cafetería de La Soledad, en Teusaquillo.

El sitio es atendido por una pareja de venezolanos, de Táchira, como ella. Son esposos, llegaron hace seis meses y hacen parte de los 25.000 ciudadanos de esa nación con Permiso Especial de Permanencia que están en Bogotá, de acuerdo con Migración Colombia. Se alegran de conocerse, recuerdan el colegio Pío XII y el Cervantes de Táchira, y se quejan del frío capitalino, pero sonríen, se sienten acompañados. Tras el saludo, Lublanc pide un té de durazno y cuenta que después de terminar el pregrado realizó cuatro especializaciones, en Criminalística, Derecho Internacional Humanitario, Derecho Penal Internacional y Derechos Humanos; y una maestría también en criminalística.

En la última entrevista para entrar a PDVSA me preguntaron que qué tendencia política tenía, y dije que no tenía sino que era profesional y responsable

Su carrera en el sector público empezó en 2009 en la Procuraduría de Caracas, de la mano del alcalde opositor de la capital, Antonio Ledezma, quien fue perseguido tras ganar las elecciones y relegado por la creación de la figura de Jefe de Gobierno de Caracas, una estrategia del entonces presidente Hugo Chávez con la que le quitó algunas de sus principales funciones como mandatario a Ledezma.

A Lublanc su primer cargo le duró nueve meses, lo mismo que la administración de Ledezma, pero gracias a que un familiar suyo trabajaba en Petróleos de Venezuela (PDVSA), pudo ingresar a esta empresa del Estado.

“En la última entrevista para entrar a PDVSA me preguntaron que qué tendencia política tenía, y dije que no tenía sino que era profesional y responsable; creo que eso les gustó”, cuenta mientras recuerda que tiempo después de estar en la petrolera fue presionada para salir a marchas promovidas por el Gobierno, además de tener que portar overoles rojos y barrer las instalaciones para “que la gente viera que nosotros, así fuéramos profesionales y trabajáramos con el Estado, íbamos en la lucha de la revolución”, narró.

Estuvo desde el 2010 hasta el 2013 en PDVSA. De allí fue tras su sueño de trabajar en la Fiscalía General, pero no lo logró. Accedió a la defensa pública donde, gracias a sus capacidades profesionales, escaló rápidamente.

En la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, del viernes 24 de enero del 2014, aparece el último ascenso de Lublanc. Fue designada jefa del Despacho de la Coordinación de Vigilancia y Control de la Defensa Pública.

Quince meses después, el 6 de abril del 2015, con una carrera y un puesto envidiables, y con apenas 30 años, Lublanc Rosmary Prieto Dávila no solo decide salir del gobierno de Nicolás Maduro, sino del país.

“Fue la presión política del momento ya que cada vez mis principios no estaban de acuerdo con lo que estaba sucediendo. Nunca me permití hacer cosas que no quería, pero me presionaban para tener que hacerlo, pero nunca firmé algo que no quisiera firmar”, cuenta con un viento de orgullo.

Llegó a Bogotá a donde su hermano, quien estaba en Colombia desde años atrás. Dejó a un lado sus responsabilidades y sus 31 empleados para trabajar con su cuñada en labores de oficina. Sin embargo, no se dio por vencida e inició los trámites para legalizar su estadía. Primero solicitó un permiso de trabajo, que le fue denegado. Posteriormente un permiso para estudiar y validar sus estudios acá, pero también le fue rechazado.

Tras tocar varias puertas logró convalidar su carrera de abogada en la Universidad Javeriana y ahora trabaja como consultora de un proyecto de participación virtual en una empresa de publicidad. Este nuevo empleo no tiene nada que ver con investigaciones disciplinarias ni asuntos constitucionales, pero le ha servido para cubrir sus gastos y apoyar a sus compatriotas.

“Yo soy diabética y ahora estoy ayudando. Pero para llevar la insulina que nos donan para niños de mi país que lo necesitan no es fácil. Son bebés que no consiguen y su vida depende de ello. Hay niños que pasan dos, tres meses sin la insulina y han fallecido”, cuenta con frustración la abogada que pertenece a Fundacolven, una fundación de venezolanos en Bogotá, en la que brinda asesorías jurídicas.

“En Fundacolven estamos en este momento en una mesa de trabajo con la Secretaría de Estado y el Consejo Noruego, con otras organizaciones y fundaciones, para plantear estrategias y posibles soluciones a la situación migratoria de los venezolanos que están llegando a Colombia. Yo estoy participando, prestando mi asesoría como representante de la fundación en el área legal, por tener conocimientos de la legislación venezolana y la colombiana”, sostuvo Lublanc, una mujer creyente y quien concluyó diciendo que todo lo que ha conseguido, y lo que consiga en adelante, será gracias a su esfuerzo y a su fe en Dios. 

ÓSCAR MURILLO MOJICA
EL TIEMPO
@oscarmurillom

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