Bogotá

La indisciplina con escombros nos cuesta al año $ 25.000 millones

La plata sale del bolsillo de los bogotanos. En abril se recogieron 10.000 toneladas. 

Escombros en Bogotá

Puntos críticos como estos son los que más afectan la ciudad y generan problemas con los ciudadanos, de salud y contaminación.

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UAESP

05 de mayo 2018 , 10:30 p.m.

Cada vez que un mal vecino desecha los escombros de construcción, del colchón viejo, de ese sofá que ya no tiene arreglo o del sanitario que se le rompió, y los arroja a la calle o le paga a algún volquetero o carretero para que se libre de ellos, no se imagina el impacto económico, social, ambiental, cultural y hasta político que tiene en la sociedad.

Solo en los meses de marzo y abril, las empresas que fueron contratadas para recoger esos desechos clandestinos levantaron unas 20.000 toneladas de materiales acumulados en alguno de los 828 puntos críticos que se han detectado en todas las localidades de la ciudad.

Esa indisciplina ciudadana se paga con la plata de los contribuyentes. Se calcula que cada mes hay que desembolsar, en promedio, la suma de 2.000 millones de pesos para poder cubrir esa labor, esto es unos 24.000 millones al año.

Como si fuera poco, a esta cifra hay que sumarles otras arandelas, como los 1.373 millones de pesos que hoy pagan 10 alcaldías locales para tratar de mantener limpio y en buen estado los sitios recuperados. Si las 19 localidades urbanas pagaran por ese servicio, serían 2.500 millones de pesos.

Es decir que en cifras gruesas, la ciudad tiene que desembolsar por lo menos 25.000 millones de pesos al año por la falta de cultura ciudadana. Con esos recursos se podrían poner en operación al menos ocho colegios públicos al año.

Lo más triste para muchos residentes que están al lado de esos puntos críticos es que de nada vale la recolección, recuperación y embellecimiento porque más se demora en pasar el camión y dejar esos espacios públicos relucientes cuando a los pocos minutos aparece el vecino que saca el bulto con los escombros del baño que remodeló y lo pone en el poste de la esquina, a los pocos minutos llega el carretero que descarga el inodoro, el habitante de calle al que le paga el dueño del restaurante para que bote la basura por unos pocos pesos, y así sucesivamente hasta crear un muladar.

EL TIEMPO recorrió varias zonas de la ciudad, y el panorama es desalentador.

En la avenida Tunjuelito (carrera 13F con calle 59 sur), al menos quince llantas viejas que hacen las veces de materas también sirven de muro de contención para las toneladas de basura que se arrojan desde esa esquina y toda la cuadra.

Allí mismo es la parada de la ruta del SITP que cubre San Benito, Bosa, Verbenal del Sur, Villa Teresita, y que además va a Pasquillita, la zona rural de Ciudad Bolívar.

El andén es amplio, generoso, colinda con una empresa que empaca alimentos para mascotas. Pero allí no hay pasajeros, por lo menos al mediodía de este viernes. Solo se ve basura. Toneladas. Los pasajeros no tienen dónde esperar el bus. Huele a desperdicios, a basura quemada, a basuco, marihuana.

Hay ratas y perros callejeros que escarban entre los desechos. Se ven tres bultos de cáscara de arveja, un tanque de agua de asbesto roto, tres sanitarios y una larga fila de 12 carreteros reciclando entre los escombros y arrojando restos de ladrillos y cemento.

Al otro lado del andén están estacionados 11 camiones de carga. Son los que llevan y traen materiales de las chatarrerías al otro lado de la calle.

Pero esta misma radiografía se repite en otras calles. En la carrera 32A con avenida calle 23, los camiones no tienen vía por donde pasar y se suben al andén para poder sortear la montaña de escombros que a diario se arrojan en este punto crítico. Ahí, los peatones son presa fácil de los delincuentes que los encierran y atracan a cualquier hora del día.

Pasa en la puerta número 2 de Corabastos, a lo largo de la malla de la pista aérea de El Dorado, en la 26 sur con carrera 3 o sector de Matatigres, en la 23 con 9.ª, sobre la NQS con 72, o sobre la carrilera del tren (carrera 9.ª) entre la 147 y 170, donde se han detectado vecinos que pagan a los habitantes de calle para que arrojen tapetes viejos, sanitarios, maderas y escombros de construcción sobre la vía férrea.

También pululan escombros a lo largo de la carrera 7.ª hacia la calle 220 o en los costados de la autopista Norte. En algunos sitios se ha logrado contener y mitigar, según los reportes oficiales, pero el común denominador es que, al mínimo descuido, los más indisciplinados vuelven a arrojar basura.

Manuel Ramírez*, dueño de una fábrica de muebles para el hogar justo al lado de uno de estos puntos críticos, dice que hace más de 12 años padece esa situación. Señala que es falta de autoridad y de disciplina ciudadana para ponerle fin a esa situación.

Cuando hacen limpieza del sitio, a las dos horas vuelve a estar igual, y, si les digo a los vecinos o a los indigentes que no arrojen basura, me amenazan. Así no se puede”, se lamenta.

Al respecto, la directora de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), Beatriz Elena Cárdenas, dijo que entre más indisciplinados sean algunos ciudadanos, más les va a costar a los bogotanos porque esos recursos salen de los impuestos y de la tarifa.

* Nombre cambiado por solicitud del entrevistado

Llamando al 110 se programa la recolección

Si tiene escombros de construcción como tejas, ladrillos, cemento, cerámica o restos de sanitarios, lavaderos, entre otros, debe llamar a la línea 110 para que los recojan de forma adecuada.

Allí le tomarán los datos del predio, nombre, cédula y correo electrónico. Luego programan la visita para establecer de cuánto material se está hablando. Se cobra por metro cúbico, que equivale más o menos a unas 10 lonas llenadas hasta la mitad y cuesta entre 30 y 40 mil pesos el m³, según el operador de su zona o ASE.

El cobro de este servicio le llega en la factura del mes correspondiente.

‘Parte de tranquilidad en la recolección de residuos’

A escasos tres meses de haber implementado el nuevo esquema de aseo, la directora de la Uaesp, Beatriz Elena Cárdenas Casas, dio un parte de tranquilidad en la recolección de los residuos domiciliarios. Dijo que los cinco operadores de las Áreas de Servicio Exclusivo (ASE) trabajan con normalidad y que van cumpliendo con las obligaciones contractuales.

No obstante, se ha evidenciado un incremento de la cantidad de residuos. Según los reportes oficiales, en abril pasado, la recolección fue de 190.000 toneladas, frente a las 175.000 que se reportaron en el 2017 para el mismo periodo.

Frente a la llegada de los nuevos camiones recolectores con carga trasera, dijo que la cuenta regresiva está en camino. Aunque poco a poco los operadores van renovando la flota, el plazo para tener todos los vehículos nuevos vence el 12 de agosto. Y para el 12 de octubre se espera que estén en marcha los camiones de carga lateral para recoger los contenedores que se van a instalar en varios puntos.

En principio, se espera que con los contenedores especiales se mitiguen los puntos críticos que afectan a todas las localidades.

Sobre el saldo pedagógico en la ciudad sobre el aseo tras la puesta en marcha de este modelo, Cárdenas Casas dijo que se evidenció lo que se sabía desde antes de la llegada de la administración Peñalosa, y es que “Bogotá no tiene una cultura ciudadana en el manejo, separación en la fuente y presentación de los residuos”.

Esto significa que durante el año y medio que le queda a esta administración, el camino que van a tomar es insistir en la cultura ciudadana, “para que los bogotanos se concienticen de qué debe ser una ciudad limpia, y que no se deben sacar los residuos de forma indiscriminada”, dijo la funcionaria.

HUGO PARRA GÓMEZ
EL TIEMPO
En Twitter: @hugoparragomez

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