Bogotá

'Revocar a Peñalosa abre una puerta a lo impensable'

Juan Carlos Flórez hace un diagnóstico de la situación que tiene al alcalde tan amenazado.

Juan Carlos Flórez, concejal de Bogotá

El concejal Juan Carlos Flórez es experto en gestión urbana y ha sido docente en varias universidades del país.

Foto:

Milton Díaz - Archivo / EL TIEMPO

07 de mayo 2017 , 11:14 p.m.

¿Si llega a haber proceso revocatorio, Enrique Peñalosa se puede salvar?

La tiene muy difícil, porque fundamentalmente cualquier debate público implica que hay una disputa por las mentes de las personas. Y en la disputa por las mentes de los bogotanos Peñalosa no ha hecho absolutamente nada. Todo lo contrario, ha ido restando.

Barájeme ese concepto. ¿Se refiere a la idea que muchos bogotanos se han formado sobre la alcaldía de Peñalosa?

Sí. Digamos que hay una idea de que la ciudad no va por buen camino, y esa idea no es nueva, lleva ya varios años. Se agudizó mucho con el saqueó de Bogotá de Samuel Moreno y luego se profundizó porque la ciudad se dividió durante el Gobierno anterior. Y entonces la gente dijo, bueno este Alcalde sí va a poner orden. Pero el orden tiene unos componentes: por ejemplo, que traiga una renovación. Y Peñalosa llegó con ninguna. Otra vez aparece TransMilenio y otra vez las bicicletas…

¿No será que el Alcalde ha hecho mucho más de lo que se nota, pero es tal el estado de la ciudad que recibió que no se nota con facilidad?

Mi objetivo es sacar a Bogotá de ese debate entre la Administración anterior y esta. Ese es un debate funesto y ese es uno de los grandes errores de Peñalosa. Sin lugar a dudas hay un acumulado gravísimo, pero no en todos los campos. Por ejemplo, la ciudad está atrasadísima en términos de movilidad. Tiene serios problemas de seguridad, como lo tienen la gran mayoría de las ciudades del país. Eso es absolutamente cierto. Una vez es elegido, el funcionario pone su espejo retrovisor pero más temprano que tarde debe decidir qué es lo que va a hacer. El Alcalde desperdició la luna de miel con los bogotanos.

¿En qué sentido?

La desperdició en tonterías. Hoy la religión de los jóvenes de cualquier estrato social es la naturaleza, y él llega pateando esa religión diciendo que la Reserva van der Hammen es un potrero. La Reserva van der Hammen, todos los sabemos, es una potencialidad. Allí no hay una reserva en el sentido completo de la palabra, pero negar la posibilidad de que exista es un inmenso error. Pasa un tema reciente: los grafitis. Hoy llegan tours a Bogotá de países anglosajones buscando los grafitis de Bogotá, son un atractivo turístico de la ciudad. Cuando el New York Times recomienda a Bogotá dice, interesante cómo se come en esa ciudad, pero también les sugiere a los turistas que vayan a ver los grafitis.

Si usted es el dueño de la casa o del local que le han decorado a la fuerza, no le parece tan bonito…

No estamos hablando de los grafitis que vandalizan, sino por ejemplo de los grafitis del eje de la 26, de culatas de edificios que se han prestado para que se hagan grafitis. Y hay gente que hace unos tours y ahí hay una industria, y entonces Peñalosa dice que los grafitis producen inseguridad. El Alcalde tenía una luna de miel y la desperdició cazando peleas, una parte de ellas innecesarias. Si uno dijese, no, es que ha cazado una pelea porque es un problema que se debe resolver, listo.

El de los colados en TransMilenio, por ejemplo…

Buen ejemplo. Pero en esos temas tan complejos los gobernantes necesitan escuderos, fusibles. Él tiene una gerente de TransMilenio, estupenda señora, pero incapaz gerencialmente. Anunció que iba a crear una gerencia de colados; al año dijo que no había plata para el convenio. Peñalosa creó durante años una imagen de él como un gerente, con dificultades, con errores, pero como un gerente. Y no ha logrado reactualizar esa imagen de gerente, y eso al lado de una comunicación pésima, le está produciendo este pavoroso divorcio con la ciudadanía.

Toma decisiones costosas, por las fuerzas que hay en contra, como el sindicato de la Empresa de Teléfonos, pero todos sabemos que esa venta es necesaria.

De acuerdo. Pero mire los problemas de comunicación de esta alcaldía: si a la ETB no se la pone al día, le va a ocurrir lo de una fábrica de máquinas de escribir…

O lo mismo que le pasó a Telecom… Se la comió la modernidad y el sindicato no le permitió evolucionar.

Pero entonces hay que conquistar las mentes de las personas, para que entiendan ese tipo de decisiones. Y entonces llega el presidente nombrado por él en la Empresa de Teléfonos de Bogotá y dice, es que esto son unos zapatos viejos. Hombre, si la va vender tiene por lo menos que acreditarla. La vamos a vender pero la vamos a poner bonita para venderla. Toda decisión que se tome siempre tendrá opositores, pero el alcalde, a los opositores que heredó, no hace sino sumarle nuevos opositores.

Pero no se puede decir, para justificar la revocatoria, que a un año de haberse posesionado Peñalosa ha fallado gravemente en sus propuestas de gobierno. Eso es una injusticia monstruosa.

Mire, yo no soy partidario de revocar a Peñalosa, aunque la revocatoria es un derecho constitucional, y hay que respetarlo. Me parece que desordena una ciudad. Tampoco fui partidario en el Gobierno anterior. No me vinculé a ninguno de los comités que existían. Es indudable que parte del discurso de la revocatoria es oportunista, porque un sector de quienes están a favor de la revocatoria fueron los que gobernaron los últimos cuatro años y no hicieron absolutamente nada. Fíjese, ahí tenía Peñalosa una inmensa ventaja, pero -¡oh sorpresa!- en la oposición a Peñalosa estamos muchas personas, desde quienes quieren dinamitar el edificio hasta quienes queremos mejoras capitales, que se repare capitalmente el edificio. Pero él escoge como su principal interlocutor al anterior exalcalde. ¡Error, inmenso error! Mire, el anterior alcalde pasó de haber elegido ocho concejales a elegir uno solo. No es una persona alrededor de la cual se pudiera agrupar el conjunto de la insatisfacción que hay en la ciudad.

¿Entonces, concretamente en qué se ha equivocado políticamente el Alcalde?

Cayó en un error de percepción del momento político. La crisis es de tal magnitud, que en la ciudad todo está en juego. Igual que nos ocurre en el país, que cualquier cosa puede cambiar la opinión de un grupo importante de personas acerca de un líder, acerca de una política que se está adoptando. Y en las áreas en las que es fundamental producir resultados en el menor tiempo posible, teniendo en cuenta por supuesto las dificultades, Peñalosa no tiene un equipo gerencial. La señora de TransMilenio tenía experiencia en campañas de movilidad, cuyo mayor éxito probablemente fue haber hecho a Pirry una persona que aparecía todo el tiempo en unas campañas sobre el tráfico. El Secretario de Movilidad, un estupendo profesor de la universidad de los Andes, lo conozco desde hace muchos años, magnífica persona, pero había sido el asesor del anterior gobierno en el metro subterráneo, es decir, entraba ya con un lío muy grande de explicar: cómo cambió de opinión. Este equipo no tiene la capacitación para producir cambios. No son los gerentes que la gente imagina cuando piensa en un equipo de Peñalosa.

Pero Peñalosa tiene funcionarios muy buenos, como el Secretario de Seguridad, siempre está encima de los hechos. Y es cierto que el homicidio en Bogotá se ha reducido notablemente.

Hay un dicho popular raizal bogotano: “Más preparado que un kumis”. Sí, claro, es un hombre más preparado que un kumis. Pero mire, ¿cuál es la angustia fundamental en los barrios populares de Bogotá? La invasión del narcotráfico. ¿Cuál el problema fundamental alrededor de los colegios de Bogotá? El narcotráfico. De hecho el narcotráfico ha saltado el muro de los colegios. La petición fundamental de las mamás y de los papás en los barrios populares es: hagan algo frente al narcotráfico. Si Peñalosa y su Secretario de Seguridad percibieran la angustia que significa esto para la gente, se apuntarían un triunfo muy muy grande. El timonazo tiene que ser duro. Si no hay un cambio de gabinete pronto, este tsunami se lo lleva. Y sorprendentemente, el perdedor, que no hizo nada por Bogotá, sería el ganador.

Usted hace todo ese recorrido de críticas y yo le pregunto: ¿Qué es peor para la ciudad? ¿Tumbar al Alcalde o defenderlo?

Incluso cuando la decisión de la Procuraduría frente al anterior alcalde, yo pensé que lo mejor era permitir que terminara. Era preferible constatar que no era capaz de realizar las cosas que prometió, como evidentemente lo percibió la gran mayoría de los bogotanos.

Pero mientras tanto el populismo arrecia…

Exacto. Yo no soy partidario en la mitad de la carrera de sacar a un caballo. Déjelo terminar, a ver hasta dónde llega. Pero el lío hoy es que necesita recuperar la confianza de una parte de los bogotanos.

¿Cómo la puede recuperar?

Ha cometido errores que la han minado. Por ejemplo, mire el tema del metro. Ya existían unos estudios que de inmediato rechazó, lo cual fue una necedad, que le restó un aire que necesitaba para poder rediseñar el transporte en Bogotá. Y hay que hacerlo, porque lo que hay es una herencia nefasta del gobierno de Samuel Moreno y de Clara López. No es responsabilidad de ninguno de los alcaldes que han venido después, no pueden resolverlo de un día para otro, pero sí necesitaba ganar un tiempo político. Los poetas pueden declararse incomprendidos. Pero que un político se declare incomprendido no puede ser. El político tiene que trabajar todos los días para lograr explicarle a la gente qué es lo que realmente está ocurriendo.

¿Qué tan política es la revocatoria, o hay ciudadanía pura oculta?

La organización de la revocatoria fue claramente política, porque los partidos y movimientos que la organizan pertenecen a las fuerzas políticas que gobernaron estos doce últimos años en Bogotá. En eso nadie se puede llamar a engaño. Pero lo que tiene lugar hoy en Bogotá es de las cosas más extrañas que yo he observado en la vida pública colombiana, para mí, que además soy un lector de la historia. Y es que era una revocatoria que en sus comienzos estaba destinada a convertirse en lo que ha sido la gran mayoría de las revocatorias, una cosa marginal que como una avispa irrita a una persona pero luego esa avispa o se va o le pegan un palmazo y se acabó la avispa.

Como pasó con la de Petro…

Sí, pero él la convirtió en una disculpa para movilizar al grupo que le apoyaba. Este alcalde no ha hecho eso. No salió a comunicar las dificultades que tenía la gestión de la ciudad. En cambio, se aisló en sus obsesiones como la de seguir sembrando transmilenios por Bogotá, que disgusta a una parte de los bogotanos, y el Alcalde se ha negado a comprenderlo. Que haya que acabar con TransMilenio, no, no, no. La gente no quiere prenderle candela a TransMilenio, porque de todas maneras funciona, es el transporte que nos lleva todos los días de un lado al otro y de regreso a la casa. Pero la gente sueña –esta es una gran ciudad– con tener un metro, las grandes ciudades tienen grandes sueños. El Alcalde no ha comprendido ese aspecto.

Pero si precisamente Peñalosa es el Alcalde más soñador que ha tenido esta ciudad…

Sí, pero la Bogotá de hoy ya no es la de hace veinte años, y terminó generándole un campo político a la revocatoria que no tenía en sus comienzos. Es uno de esos insondables de la política.

¿Cómo están las cosas hoy, ganaría la revocatoria?

Si hoy fuese el domingo electoral de revocatoria, el Alcalde perdería. Él tiene que ser consciente de eso.

Los dos estamos de acuerdo en que revocar a Peñalosa es una equivocación brutal para la ciudad. Termino esta entrevista preguntándole lo mismo que le dije al principio: ¿Cómo salvar a Peñalosa?

El lío es el carácter del Alcalde. En el tema medioambiental había posibilidad de generar una reserva ambiental en la Van der Hammen. En una entrevista que le hizo Ángel Becassino la primera vez que él fue Alcalde, él reivindica los parques en los bordes de las ciudades. Este podría ser esa reserva-parque en el borde de la ciudad. En eso se traiciona a sí mismo. En el caso del metro, es muy peligroso que Peñalosa le quede mal a la ciudad, porque Santos ya ha embaucado a dos alcaldes con el tema del metro. Embaucó a Petro con un cheque chimbo, o requetechimbo, como dicen en la Luciérnaga. Y el segundo alcalde embaucado puede ser Peñalosa porque no hay un peso girado. Es muy importante que el alcalde le explique a Bogotá que el metro que quiere hacer no es de juguete. Que convenza a la gente de que quiere hacer un metro serio y factible. Que se comprometa y comprometa al Gobierno Nacional, porque Santos en las que está, en algún momento dirá que no, que hay una restricción, y el Director de Planeación le firma a Santos lo que Santos diga. El mismo Director de Planeación fue el que le firmó a Santos para prometerle todo a Petro cuando necesitaba a Petro para la reelección. Entonces, fíjese usted que se requiere un cambio en unas cosas de fondo que yo no sé si el Alcalde está dispuesto a hacer. Peñalosa se equivoca gravemente cuando cree que su discurso de hace 20 años puede ser un discurso completamente actual hoy.

¿Cuántos años lleva usted de concejal?

Llevó diez años y medio de concejal.

O sea, ¿si usted no tiene la respuesta, quién la tiene?

Llamaría la atención de quienes son influyentes sobre el Alcalde: Si Peñalosa se deja revocar, abre una puerta hacia lo impensable, no solamente en Bogotá, sino en Colombia.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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