Bogotá

El mejor regalo para Bogotá / Voy y Vuelvo

Podemos demostrarle a la ciudad que no seguiremos condenados a la quejadera permanente.

Bogotá nocturna

Mañana circulará en este periódico un gran especial sobre Bogotá. Será una especie de memoria colectiva para reivindicarnos con ella, con su pasado, con su historia. 

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

04 de agosto 2018 , 10:30 p.m.

¿Que por qué Bogotá es como es? No, no es por la ciudad misma. No es su ubicación. No es su clima frío. No es por su tamaño. Tampoco por sus cambios de humor. Si Bogotá es como es, cuando se hablan barbaridades de ella, es por culpa de nosotros mismos.

Los dos periódicos más importantes de la capital, EL TIEMPO y El Espectador, esbozaron sendos titulares un mismo día: se siguen robando las láminas de los puentes peatonales de TransMilenio, dijimos acá, y la pesadilla de los colados no cesa pese a millonarias inversiones, agregaron allá.

Más tarde se conocieron las cifras que arroja hasta el momento la aplicación del Código de Policía, que, como lo he dicho en otras oportunidades, es fruto de nuestras propias acciones: 676 multas se imponen cada día en la ciudad, a razón de 28 por hora.

676 multas por violación al Código de Policía se imponen cada día en la ciudad, a razón de 28 por hora

Pero atérrense: la gran mayoría de ellas es por porte ilegal de armas (elementos cortopunzantes), le siguen el consumo de droga y alcohol en la calle –principales detonantes de riñas y muertes en la ciudad– y, en tercer lugar, cómo no, colarse en el transporte público.

Echandía dijo hace muchos años que este era un país de cafres, es decir, un país de tramposos, groseros, vándalos y violentos. La gente en Bogotá tiene mucho de eso, ahí están las cifras que lo corroboran.

Lástima, porque si muchos que la agreden o de esos a quienes les es indiferente ensuciarla o robarla o violentarla supieran que este suelo les da el sustento y parte de su propia identidad, la verían con otros ojos. O al menos no se ensañarían contra ella. ¿Iluso? Tal vez.

Estoy seguro de que la mayoría de bogotanos y no bogotanos son personas de bien, simplemente se cansaron de reclamar un mejor comportamiento a los demás por temor a ser insultados, amenazados o agredidos. Vean el video del pobre conductor de un bus del SITP al que una mujer que no paga el pasaje, encima, quiere caerle a golpes. Triste.

Estoy seguro de que son personas de bien, pero se cansaron de reclamar un mejor comportamiento a los demás por temor a ser insultados

La fotografía de un puente sin láminas porque se las robaron es una imagen desconsoladora que solo produce impotencia. Si a los que atentan contra la ciudad tanto les molesta vivir acá, si creen que no es justa, si no se sienten representados, si todo lo que pasa en ella es malo, ¿por qué no se largan de aquí? Me pregunto.

Pero, en fin. Intentemos ser optimistas: nuestra BOGOTÁ, en letras mayúsculas, cumple mañana 480 años. Y pese a sus malos hijos –propios o adoptados–, yo sí creo que hay mucho para celebrar. El programa Bogotá Cómo Vamos, en sus 20 años, hizo una semblanza de lo que ha cambiado la ciudad en dos décadas, y ha sido para bien.

Persisten males, pero, en general, somos una ciudad que muestra logros en educación, servicios, urbanismo, cultura y hoy convoca a empresarios que organizan aquí sus eventos de talla mundial, que el turismo de negocios está disparado, y la canción que le compusieron ya tiene más de dos millones de visitas y comentarios amables en YouTube.

Persisten males, pero, en general, somos una ciudad que muestra logros en educación, servicios, urbanismo, cultura

Lo único que no cambia es la histeria política, cada vez más ensañada y cizañera contra todo lo que pasa acá. Hay demasiada amargura entre nuestros dirigentes, que se niegan a ver las cosas buenas y se empeñan en mostrar una Bogotá apocalíptica. “Los malos son más conocidos por murmuraciones que los buenos por aplausos”, decía Baltasar Gracián, hace ya casi tantos años como los que va a cumplir la capital.

Este lunes circulará en este periódico un gran especial sobre Bogotá. Se lo recomiendo. Será una especie de memoria colectiva que, espero, nos reivindique con ella, con su pasado, con su historia, con sus gentes, con sus formas. Porque eso es lo que necesitamos: volver a mirar nuestra ciudad con el mismo asombro, la misma curiosidad y el mismo deseo de explorarla y entenderla que sentimos cuando visitamos otras tierras.

El mejor regalo que podemos hacerle a nuestra Bogotá es demostrarle que, por su bien, no seguiremos condenados a la quejadera permanente para acongojarla, ni resignados a verla pasar sin ton ni son con tal de ignorarla, ni entregados a la matonería de otros para que la hieran, ni sometidos al pesimismo de los que hablan y no hacen con tal de estancarla, ni enceguecidos como para no reconocer lo que otros han hecho por ella. Eso sí que sería un homenaje merecido

¿Es mi impresión o... soy el único que a estas alturas no sabe quién es ni qué hace el gerente de la bici?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Correo: erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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