Bogotá

Merecemos un país libre de trata de personas

Es fundamental producir confianza entre el Estado y la víctima para derrotar la impunidad.

04 de mayo 2017 , 08:15 p.m.

La esclavitud ha sido una práctica perversa y ancestral de la humanidad, una forma de financiación y de enriquecimiento. En pleno siglo XXI esta situación denigrante continúa. Las mujeres son las más afectadas, siendo la explotación sexual la modalidad más usada pero no la única, también se reconoce la explotación laboral, el matrimonio servil y el tráfico de órganos como modalidades usuales en Colombia. 

Faltan datos y acciones concretas para enfrentar la problemática con eficiencia.
He conocido decenas de sobrevivientes de la trata de personas, personas que confiaron con el corazón en una oferta laboral, amorosa o de cualquier otro tipo.

Depositaron el rumbo de su vida en un proyecto que resultó falso e inhumano. Estos ciudadanos merecen nuestra solidaridad y acompañamiento, pero sobre todo, un Estado presente que les brinde garantías para continuar con su vida.

En muchas oficinas de alcaldías y gobernaciones las víctimas de trata de personas son ese grupo poblacional al cual hay que “acomodar” en cualquier política pública.

En la mayoría de los departamentos no existen rutas claras de atención, pero Colombia tampoco se plantea la reparación integral que encause nuevamente sus vidas y permita que reconstruyan su proyecto de vida.

La Trata de Personas es una grave vulneración a los derechos humanos, una economía ilegal que en la mayoría de casos es cometida por el crimen organizado.

Para erradicar el flagelo es necesario enfrentar a estas mafias, desmantelar sus redes, derrotar sus nexos de poder y recuperar el territorio que ocupan con presencia estatal, es por ello que las víctimas de trata de personas son primordiales, ya que junto a sus historias de dolor, nos pueden ayudar en la judicialización de los responsables.

Para ello Colombia debe robustecer su Programa de protección a víctimas y testigos de la Fiscalía General de la Nación, humanizarlo y producir confianza entre Estado y la víctima para derrotar la impunidad. Las víctimas de trata de personas necesitan sentirse cuidadas, escuchadas, pero sobre todo sentir que existe una sociedad que repudia la esclavitud en todas sus formas.

El país debe empezar a reflexionar sobre la necesidad de atender a quienes sufren el flagelo, de no seguir naturalizando, no debemos normalizar que una niña esté en una esquina siendo explotada de cualquier forma, no podemos hacer como parte de nuestra cotidianidad la esclavitud del siglo XXI. ¡Merecemos un país libre de trata de personas!

CLAUDIA YURLEY QUINTERO
Defensora de Derechos Humanos

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