Bogotá

Adiós a 55 años de historia del CAN en un instante

La antigua sede del Ministerio de Transporte fue derrumbada con una carga explosiva de 150 kilos.

El momento cuando implosionan el primer edificio del CAN en BogotáEste domingo, la capital le dijo adiós al edificio que por más de 50 años albergó las oficinas del Ministerio de Transporte, en el CAN (calle 26 con carrera 57). Sobre las 10:15 de la mañana se realizó la implosión controlada de la edificación que le abrirá paso a un nuevo proyecto que albergará a 112 edificios para diferentes usos.
Implosión del Ministerio de Transporte

Fernando Roa - Mintransporte

20 de noviembre 2017 , 08:02 a.m.

De la mole de seis pisos que se levantaba frente al monumento de los Policías y Militares Caídos en Combate, en pleno sector del CAN, no quedó sino un arrume de escombros y una nube de polvo que cubrió los alrededores durante al menos 15 minutos. Con una implosión controlada demolieron la estructura que sirvió a los funcionarios desde 1962.

A las 9:15 de la mañana de este domingo, las máquinas de bomberos comenzaron a bañar con chorros de agua el inmueble, con la idea de contener el polvero que minutos después se levantaría.

Curiosos que pedaleaban o trotaban por la ciclovía de la calle 26 se enteraron de que habría una demolición y no dudaron en formar un público de unas 200 personas, ubicadas en el sardinel de esa vía, pues los cordones de seguridad apenas permitían acercarse hasta ese punto.

Unos metros más allá, en el costado suroriental del monumento, las autoridades habían instalado varias carpas para acoger a los funcionarios e invitados al acontecimiento. Con tapabocas y gafas de protección fueron dotados por un grupo logístico. Contrastistas y miembros de los organismos del Distrito, cubiertos con cascos, daban las últimas revisiones en inmediaciones de la edificación.

Primero llegó la hora de los anuncios, con la presencia del presidente Juan Manuel Santos y el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa. También acudieron ministros, secretarios y servidores de ambos gobiernos.

Claudia María Luque, directora de la Agencia Nacional Inmobiliaria Virgilio Barco –entidad creada durante la administración de Santos–, que será la encargada de gestionar el megaproyecto de renovación urbana Ciudad CAN, agradeció el empeño de la actual alcaldía capitalina para destrabar la situación legal y así poder darles luz verde a las obras, que se espera se extiendan durante veinte años.

“Una vez se termine el proceso de construcción, esta zona de Bogotá contará con 220.000 metros cuadrados más de espacio público, el doble de lo que hoy tiene el CAN (110.000 m²). En el lote liberado se construirá la nueva sede del Ministerio de Defensa, el cual contará, en su totalidad, con un área de 395.000 m² y requerirá una inversión de 77.600 millones de pesos”, dijo Luque.

A propósito, el mandatario distrital firmó el decreto que adopta el plan parcial de renovación. Al respecto, dijo sentirse contento con la inversión que se viene para el que es definido como el centro geográfico de Bogotá, en la que sobre todo habrá recursos del orden nacional, pero también de Bogotá. “Este será el proyecto de renovación urbana más grande que haya tenido Colombia, y por supuesto la ciudad. Lo que se invertirá en Ciudad CAN será de siete billones de pesos”.

El decreto adoptado permitirá el desarrollo y la transformación del uso del suelo en las 48,8 hectáreas que componen el proyecto. La distribución del área total construida del proyecto será en un 59 por ciento para uso dotacional oficial, un 28 por ciento para uso de vivienda y 13 por ciento para uso comercial y de servicios.

En cuanto a infraestructura vial se generarán 9,62 hectáreas de malla vial intermedia y local, 20 obras de infraestructura para mejorar la movilidad del sector y en general de la ciudad, y 5 kilómetros de nuevas ciclorrutas.

“Le agradezco al alcalde por lo que acaba de firmar; el decreto le da vía libre al proyecto”, señaló el presidente Santos durante su intervención allí.

Tras los anuncios llegó el momento que todos esperaban. En contados minutos se desplomaría el inmueble, por la detonación de energía que liberarían los 150 kilos de explosivos ubicados en puntos neurálgicos de la señalada estructura.

Lo primero que empezaron a advertir los bomberos fue que sonaría la estruendosa sirena que alertaría sobre la implosión, a lo que los asistentes atendieron y se cuidaron bien de taparse los oídos. Tres veces sonó la alarma. Todos usaban sus gafas y tapabocas. Luego, el presentador del evento comenzó la cuenta regresiva: diez, nueve, ocho... hasta llegar a cero: la explosión replicó vibraciones en el cuerpo de quienes observaban con los ojos muy abiertos, justo cuando el edificio se hundió sobre sí mismo en unos cinco segundos que dieron paso a una densa nube de polvo que todo lo cubrió, no sin antes hacer temblar el suelo alrededor.

No se hizo esperar el aplauso de los testigos, quienes esperaron unos 15 minutos hasta ver completamente despejada la zona del colapso controlado: un arrume de dos pisos de escombros fue lo que quedó. Una sola pared, de un piso, se resistió a caer, pero el toque final de una máquina de demolición terminó con la tarea.

Al final entraron operarios y autoridades a registrar el éxito de la operación, la misma que dejó el piso lleno de polvo, removido por la lluvia en horas de la tarde, como fue demolida en un instante la vieja mole del CAN.

BOGOTÁ@bogotaet

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