Bogotá

Conciertazo de los niños de la Filarmónica de Bogotá a sus papás

El teatro Julio Mario Santo Domingo, escenario de 1.200 integrantes de coros, bandas y orquestas.

Conciertazo de los niños de la Filarmónica de Bogotá a sus papás

En escena, más de 200 niños de la Filarmónica bajo la dirección de David Mackenzie, en el Julio Mario Santo Domingo.

Foto:

Néstor Gómez. El Tiempo

12 de junio 2018 , 06:24 a.m.

Lo que sintieron este lunes los padres y familiares de los 1.200 niños y jóvenes de los colegios distritales y pacientes de hospitales, que se presentaron en dos jornadas de conciertos realizados en el teatro mayor Julio Mario Santo Domingo, es irrepetible. Inolvidable. Llegaron por primera vez a un auditorio de esa categoría cargados de ilusión. Se deleitaron.

Carolina Tabares, la mamá de Juan Camilo, de 13 años, del colegio Simón Bolívar, cuenta que la emoción le puso la piel de gallina. Por su expresión le va a durar por siempre en los recuerdos. “Es un orgullo”, dice ella al señalar, con la voz temblorosa, que su hijo es un pilo.

El papá de este joven, John Reyes, agradece al proyecto educativo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB). Reconoce que a lo largo de todo este aprendizaje ha visto que su muchacho mejora y avanza en el aprendizaje de la vida, en el trabajo académico, pero sobre todo, que “invierte su tiempo libre en cosas buenas”, precisa orgulloso.

Como ellos son más de 23.000 niños y jóvenes de 31 colegios del Distrito quienes reciben formación musical en 12 centros filarmónicos locales y los 8 que están ubicados en los hospitales de la ciudad: clínica Colsubsidio, en los hospitales La Misericordia, El Tunal, Suba, Policía Nacional, San Rafael, Simón Bolívar y la fundación Cardioinfantil.

Desde este último centro asistencial salió Jesús Eduardo, de 15 años de edad que ayer, a segunda hora, se presentó como solista con su violín, un instrumento que desde hace ya varios años se convirtió en parte de su vida.

Allí, en la sala mayor del Julio Mario estaba sentada su mamá, doña Marta, que hoy agradece a la vida, a la OFB y a todos los que intervienen en este modelo para sacar a su hijo adelante luego de que le fuera detectada una cardiopatía. “Me siento muy feliz, muy orgullosa”, le dijo a EL TIEMPO el viernes pasado, minutos después de las largas jornadas de ensayos.

Estamos aportando a la calidad de vida de la educación de los niños... y este trabajo conjunto es el que nos permite formar nuevos menores y mejores ciudadanos

Todo comenzó aquel día en que Jesús Eduardo asistía a rehabilitación en la Fundación Cardioinfantil. La situación por la salud del muchacho no era la mejor pero de pronto, como suele suceder, la vida de esta familia comenzó a tomar otro rumbo. Luego de ensayar, de aprender a leer partitura, de horas de dedicación, recuerda su familia, vino un concierto de Navidad. En octubre pasado el joven llegó a integrar de lleno la Orquesta Infantil.

En medio de la entrevista, su hermana, Ana María, no guarda calificativos para reconocer en su hermano menor los logros que ha tenido: “Admiro su amor por la música, su perseverancia, su consagración y ya se ven los frutos”.

Al lado de todos estos niños y jóvenes hay un grupo de 400 artistas responsables de que este proyecto educativo en formación coral y sinfónica salga adelante. Entre ellas está por ejemplo Susana Villarraga, que tiene a cargo la formación del joven solista. Ella estudió en el conservatorio del Tolima, hizo su bachillerato musical en su tierra y hoy está en la Universidad Pedagógica.

Sandra Meluk, directora de la OFB, les dijo a los padres y asistentes a los conciertos de ayer –uno a las 11 de la mañana y el otro a las 3 de la tarde–, que ellos hacen parte de la familia de la Orquesta Filarmónica, y les agradeció por el compromiso de llevarlos a los ensayos, por traerlos a la presentación.

Estamos aportando a la calidad de vida de la educación de los niños... y este trabajo conjunto es el que nos permite formar nuevos niños y mejores ciudadanos en Bogotá”, dijo la directora al recordar que estas son actividades del día a día escolar.

Pero más allá de la emoción de ver a sus hijos en el escenario en el coro o interpretando un instrumento, lo que hay detrás de todo esto, como lo señala Guillermo Gaviria, asesor general de la Dirección de Fomento y Desarrollo de la OFB, es la formación en valores. La puntualidad, la disciplina, organización, trabajo en equipo, la pulcritud. “Por esto, hablamos de un proceso que trasciende al niño, porque él lleva estos valores a su casa y a su comunidad”, dijo el experto en su mensaje.

Los 1.200 estudiantes fueron seleccionados “por sus destacadas cualidades artísticas y se unieron para interpretar el lenguaje universal de la música con ensambles de vientos, bandas y orquestas filarmónicas, orquestas de cuerdas pulsadas y coros”, señala la OFB.

Para esta ocasión, los 100 niños que integran la Filarmónica Infantil, estuvieron bajo la batuta del director de orquesta estadounidense, David Mackenzie, profesor de la Universidad de Northern Colorado.

Mackenzie “se ha destacado por sus colaboraciones internacionales como director invitado en la Orquesta Sinfónica de Taegu en Corea del sur, Orquesta Sinfónica Nacional de Perú, Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, entre otras”, señala la comunicación oficial.

Estoy muy feliz de ver el nivel de formación y la musicalidad que tienen. Realmente es un milagro su preparación”, dice el director.

HUGO PARRA GÓMEZ
Periodista de EL TIEMPO
hugpar@eltiempo.com
@hugoparragomez​

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