Bogotá

Un brindis por la economía bogotana / Opinión

Bogotá tuvo el mejor desempeño entre el 2000 y el 2014 en el continente.

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15 de junio 2018 , 09:54 p.m.

Moisés Wasserman, en su columna de EL TIEMPO del 25 de mayo del 2018, recuerda el ejercicio mental propuesto por Johan Galtung de imaginar las noticias de un periódico que solo se publica cada 50 años: estas pasarían por alto los temas del día a día y se concentrarían en las grandes transformaciones. Parafraseando a Galtung, y proponiendo que fuese cada 20 años, en el periódico local tendríamos el siguiente titular: ‘Bogotá, la metrópolis de mejor desempeño económico en América’.

Esto no sería una exageración, pues de acuerdo con la iniciativa Global Metro Monitor del Brookings Institution, Bogotá tuvo el mejor desempeño entre el 2000 y el 2014 en el continente, con un crecimiento promedio anual del empleo de 4 por ciento y de 2,8 % en el ingreso por habitante. ¿Difícil de creer? Son más obvios los problemas de vivir en metrópolis tan grandes: trancones, inseguridad y contaminación, pero no podemos olvidar las cosas positivas. Las ciudades son fábricas de ideas y esto dinamiza la economía y la cultura, lo que se traduce en mayor riqueza y prosperidad.
A comienzos del nuevo siglo la situación económica en Bogotá no era la mejor. El desempleo venía subiendo y en tan solo seis años, 1994 a 2000, pasó de 4,9 a 20 % .

Desde entonces el aparato productivo bogotano se transformó y ahora es más complejo y diversificado. Más del 70 % de la banca, los seguros y las empresas que prestan servicios a otras empresas están concentrados en Bogotá, y nuevos sectores que aprovechan la revolución tecnológica, como las fintech o servicios asociados a la nube y el aprendizaje automático, florecen en la ciudad.

Ser la capital y aprovechar la relación que esto genera con el Estado ha ayudado, así como la densidad de la ciudad (en personas y empresas). Por todo esto el desempleo ha vuelto a un dígito.

Ahora bien, no todo es color de rosa. La calidad en el empleo y la distribución del ingreso son dos temas que se mantienen en niveles que no son aceptables. El éxito económico impulsó los precios de la vivienda, al expulsar a los más pobres a las afueras de la metrópoli, obligándolos a gastar más tiempo en desplazamientos y a perder calidad de vida.

En todo esto el papel histórico de las alcaldías ha tenido contrastes. Entre lo bueno se destacan las mejoras en educación, la disminución de la pobreza –logro compartido con el Gobierno Nacional– y la atracción de inversión.

Su papel para potenciar las aglomeraciones económicas, en políticas activas de mercado laboral y en apoyo al emprendimiento dejan mucho que desear. En su mejor momento la ciudad destinó el 0,7 por ciento del presupuesto para esto y hoy apenas el 0,3. Sin recursos la política pública se queda en discurso.

MANUEL RIAÑO S.
Economista urbano y gerente de negociatunegocio.com

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